lunes, 17 de mayo de 2010

BARZIN (y 2)

Musicalmente hablando, he vivido algunas noches mágicas en Zamora. Me viene a la memoria una actuación en directo de Dulce Pontes, en un entorno maravilloso, la reconvertida iglesia de El Convento, en Coreses; José Mercé en el nada glamouroso aparcamiento del “Ruta de la Plata”; Mafalda Arnauth y otras fadistas menos conocidas, en las instalaciones de la Fundación Afonso Henriques; noches de buen Jazz en la plaza de Viriato… El pasado sábado, por sorpresa, fue otra noche maravillosa. Pude ver en la Sala Berlín al cantautor canadiense Barzin, que finalizaba su gira europea con ese concierto. No las tenía todas conmigo puesto que las entradas que se ponían a la venta eran, tan sólo, 45. Dos horas antes de la actuación me pasé por el local y tuve la suerte de adquirir mi entrada.
Cuando lees algo sobre Barzin y su música siempre se repiten algunas palabras: melancólico, introspectivo, íntimo, minimalista. Todo ello es cierto, pero yo añadiría, además, que se trata de un músico tremendamente vitalista. En sus canciones habla de cosas cotidianas, que nos pueden pasar a cualquiera de nosotros, de melancolía, arropada, además de por la guitarra acústica y voz de Barzin, por vibráfono o acordeón, batería y guitarra eléctrica o slide. En ellas siempre habla de paisajes de la vida y del terreno, y, sobre todo, de amor.
Se le compara con grupos como Red House Painters, Low o Tram, pero yo creo que es diferente. Su sonido es más lánguido y reposado, tal y como demuestra en su primer disco, que tiene su propio nombre. En el segundo (y último, hasta la fecha) “Notes to an absent lover”, redondea devastadoramente sus nueve temas, habiéndole costado componerlo y publicarlo, nada menos que tres años de su vida.

Lo que si está claro es que su directo no deja indiferente a nadie. En su concierto hubo un silencio, por parte del público, sepulcral. Tras una hora de actuación y media más de propina, los pocos asistentes al espectáculo estábamos encantados con lo que habíamos escuchado. Un sonido tan íntimo y personal que incluso los camareros depositaban el hielo en los vasos de manera cuidadosa para no molestar. Por último, destacar el buen hacer y la profesionalidad de Sala Berlín que fue el detonante para que Barzin Hosseini y su grupo se encontraron -dieron muestras de ello- como en el salón de su casa; y yo, como si estuviera tocando el cielo con los dedos. Algo que pocas veces se puede conseguir y que siempre se agradece, máxime en estos tiempos de crisis, en todos los sentidos.


Al finalizar el concierto, me acerqué a Barzin para que me firmara sus dos discos. Le dije que era de Santander, ya que sabía que el día anterior habían actuado en “El café de las Artes” de la capital de Cantabria. Me preguntó qué hacía por Zamora y conversamos largo rato. Me dijo que estaba enamorado de España y que volverían al cabo de dos años. Viajaron de Toronto a Paris, donde actuaron y alquilaron una furgoneta para realizar su gira europea que les llevó a varias capitales italianas y francesas, para luego viajar por nuestro país. Al día siguiente, regresarían a Paris, y de allí a su tierra. En un momento de la conversación le dije que, a veces, su sonido me recordaba a South San Gabriel y la guitarra eléctrica a Richard Hawley. Me contestó que eran dos de sus artistas favoritos. Con esa complicidad, seguimos hablando más amistosamente. Cuando llegué a casa, no pude menos que escuchar sus discos y leer la dedicatoria de cada uno de ellos. Escribió lo siguíente: “So much love. Thank you, Luis” y “Thank you, Luis, for your support from the heart”. Y no digo nada más, escuchen su música y comprenderán lo que intento comunicarles sobre ese genial artista que es Barzin. Música para permanecer eternamente enamorado.

1 comentario:

Mariluz Arregui dijo...

Si me toca la lotería, te invito a ir a Toronto ( que conocí bien) a escucharle...
Qué te parece ? :)



Gracias por esta estupenda entrada, por este estupendo músico que nos das a conocer, y siempre, por compartirlo todo.


Un gran beso