miércoles, 26 de mayo de 2010

¿CLASES DE LITERATURA?


Hay veces que siento la tentación de anotar algo y no puedo debido a que estoy realizando alguna actividad incompatible con lo referente al complejo proceso de escribir. Me pasa muchas veces, sobre todo cuando estoy conduciendo y disfruto de un paisaje que reproduce, con total sencillez, una instantánea inesperada. Cuando conduzco, hago muchos kilómetros habitualmente, quisiera detenerme en varias ocasiones, durante el viaje, para admirar detenidamente lo que contemplo de manera pasajera, lo mismo que si estuvieran pasando rápidamente los fotogramas de una película de cine. También, en esos instantes, quisiera haber fotografiado lo que ya no está y acaba de suceder décimas de segundo antes.

Cuando estudiaba en Limpias, en los Padres Paúles, los viernes regresaba a mi casa, en Santander, en un tren que iba parando en todos los pueblos. Los lunes, tocaba madrugar para regresar en otro tren que llegaba a mi destino a la hora justa de comenzar las clases. Los paisajes que atravesaba eran bellísimos. Después, en los ocres y amarillentos matices de la perspectiva castellana, se han ido acentuando en mi recuerdo. Ver, en todo su esplendor, la ría de Limpias en su desembocadura en Colindres, atravesar el puente de hierro contemplando los barcos pesqueros y las verdes colinas de Rada , algo más allá las marismas de Santoña y la Playa Salvé, hacían que el viaje de ida se transformara en un retorno al paraíso. Sin embargo, las mañanas de los lunes se convertían en un desfallecimiento continuo; aunque llegando a Laredo, las luces del sol recién amanecido devolvían al entorno la estabilidad necesaria, y a mis ojos, abiertos por obligada necesidad de la novedosa claridad, la perspectiva del nuevo día y de una semana que iba a ser muy exigente en todos los aspectos. En esos viajes, me deleitaba mucho más de las vistas que en los apresurados viajes de mi presente más cercano.

Estando interno en Limpias no escribía. Esa pasión es relativamente cercana. Mi profesor de Literatura era el Padre Oliva. A veces nos leía en clase alguna columna deportiva del diario As. Siempre decía que el buen escritor puede estar en cualquier medio, incluso en los periódicos deportivos. Con la excusa de que para aprender Literatura hay que leer, nos conminó a llevar un libro cada alumno para formar una biblioteca. Nos pasábamos las tres horas semanales de esa asignatura leyendo. Por su parte, el Padre Oliva aprovechaba para leerse el As desde la portada a la última página. No recuerdo el libro que aporté a esa improvisada biblioteca (libroteca, que diría uno de mis alumnos discapacitados psíquicos) pero lo que recuerdo bien es que me costaba encontrar un libro apetecible de leer. Muchos de mis compañeros de aula pertenecían a la burguesía vizcaína y se caracterizaban por ser extremadamente de derechas. Sus libros siempre eran de seguidores del fascismo o de la “auténtica religión” cristiana. En sus títulos figuraban los nombres de Hitler, Franco, Mussolini o de algún santo o Papa.

Cuando abandoné los Paules, aproveché para leer libros de autores más progresistas y más actuales. Cuando me fui de allí, recobré la libertad contenida y disfruté del placer de la lectura (y años más tarde, de la escritura) sin olvidarme que existe una clase social que todavía se alimenta de épocas de barbarie que se deberían dejar de lado.

6 comentarios:

Mariluz Arregui dijo...

En tu entrada anterior estuve a punto de dejarte este lema que aparece en muchos blogs,: "Eres lo que escribes, eres como escribes", pero no lo hice.
Esta vez lo dejo aquí, porque es cierto,
y quizás por eso me gustan tanto tus escritos en la cresta..:).
Inlcuso en condiciones como las que viviste en aquel lugar, eres capaz de mirar más allá, eso es lo que cuenta. Pero tuviste suerte, porque al mismo tiempo te 'vacunaron' contra lo irracional ..de algunas 'lecturas'.
Podía haber sido peor, mira que si te llegas a contagiar...:))))

Un beso enorme,
sigue en la cresta, plis,
que te leemos :)

Luis Lópec dijo...

Algo me contagiaron, querida onlyetc, la repugnancia hacía los que se creen superiores por sólo tener más poder, más dinero, más tontería.
Me satisface que estés de acuerdo en que soy lo que escribo... eso pretendo.
Gracias por estar al otro lado estando en la cresta.

farregui dijo...

Ser racional y equilibrado, también contamina. Pero lo hace positivamente.

Contamina, contamina.

Marino Baler dijo...

Maravillosa descripción (como siempre). Me quedo con tu último párrafo. Si que hay clases sociales tendentes a una lectura, a unos ideales que creen superiores.
Me has hecho recordar cuando iba a E.G.B. Los niños captan lo que ven en casa e inocentemente (quiero creer) lo sueltan sin pensar. Siempre estaban los hijos de abogado, farmacéutico, maestro, ingeniero... que tenían cierto aire de superioridad. Recuerdo que una vez un compañero de clase me dijo que yo era pobre, que mis padres no tenían dinero, porque mi padre tenía un 124 y su padre un Renault 18 (esto sería en el año 81, yo tenía 7 años).
Otra cosa que recuerdo es que yo no quise tomar la comunión (y, de hecho, no la he tomado) y me preguntaban si de mayor sería rojo y quemaría iglesias.

En fin, esto de la "distinción de clases" es algo que ha perdurado siempre. Al ser adulto es posible que no te afecte tanto, o bien porque tienes más argumentos para contestar, o bien porque pasas de ciertas gilipolleces.

Un saludo.

Luis Lópec dijo...

Por supuesto que contamina, Fer. Gracias por tu comentario.

Luis Lópec dijo...

Marino, estarás de acuerdo conmigo que es mejor herencia una educación que un Renault 18. Saludos.