sábado, 8 de mayo de 2010

JACQUES



Desde hace unos meses tengo un nuevo amigo. Se llama Jacques y es francés. Coincidimos en una cena, a base de productos zamoranos, en Peñíscola, y conocedores los anfitriones de mi "adoctrinamiento" en la lengua de Voltaire y Charles Baudelaire, compartí cubierto junto al francés. Hablamos de muchas cosas interesantes y, cuando conocí su afición a la navegación la conversación fluyo más vehemente, mucho más apasionada. Jacques está jubilado. Es ingeniero, ha sido rector en una importante Universidad francesa y todo un manitas para el “bricolage”. Vive en la parte más alta de Peñíscola, y desde allí, tiene la suerte de divisar muchas millas de su querido Mediterráneo, desde el Delta del Ebro hasta las Islas Columbretes. Es del sur de Francia, de Narbonne concretamente, aunque ha vivido algunos años en el Magreb. Un buen día, deslumbrado por los colores azules del mar y por las tonalidades levantinas, decidió dejarlo todo y venirse, junto a su mujer, su hija y su Westie, a la Ciudad en el Mar. Compró en Cannes un barco de 11 metros, fabricado en 1960, de madera caoba, y lo atracó a escasos kilómetros de su vivienda. Hoy he tenido la suerte de conocer el barco, toda una reliquia. Me lo enseñó cómo quien realiza una ofrenda. En este momento está reparándolo. Ha cambiado el motor, la electricidad, una vela y varios mecanismos ya caducados. Lo fabricaron en Sete, justo donde desemboca el Canal du Midi, y ha tenido dos dueños antes de ser de su propiedad. Durante la mañana de hoy tuve el placer de disfrutar de su compañía, de un sol todavía pertinente y de un limpio y azulado mar. Ha sido un placer deleitarme con tantas enseñanzas y curiosidades que espero pronto vuelvan a repetirse. Justo ahora que el verano está a punto de llegar.

2 comentarios:

julia dijo...

M e encanta lo que escribes y me gusta todo lo que aprendes y vives.Tu vida hace soñar en las cosas maravillosas que existen.Gracias por ello.Besos.

RITMO RANCIO dijo...

Hola Luís:

Pues nos das envidia con este artículo (envia sana o insana, según se mire)
La envidia de navegar, esa experiencia fantástica, que bien sabemos los que nacimos en el Mediterráneo.

Un abrazo