jueves, 5 de agosto de 2010

ES VERANO Y HACE CALOR


El otro día leí en algún sitio que la temperatura ideal para conciliar el sueño y que el descanso nocturno sea reparador ha de estar por debajo de los veintidós grados. Llevo un verano fatal en lo referente a dormir y sus consecuentes compensaciones. Las noches que he pasado en Peñíscola, casi un mes, han sido excesivamente calurosas. Hacía años que no eran tan húmedas. Los últimos días de mi estancia allí tenia ganas, algo bastante inusual, de regresar a Soria para poder descansar bien por las noches debido a su clima serrano. Sin embargo, la última quincena de julio (con sus correspondientes noches) fue la más ardiente de la temporada en la pequeña ciudad castellana. Lo mismo me pasó en Santander días más tarde. Y, aunque la temperatura era más templada, el calor metido en las casas era el responsable de que por la noche hiciera excesivo calor. No obstante, el mayor calor que he soportado en lo que va de verano fue el pasado lunes en Madrid. Salí de Soria con veinticuatro grados y llegué a Madrid con treinta y ocho. En los desplazamientos andando buscaba insistentemente la sombra. Aprovechaba los pocos bares abiertos para apaciguar la sed. Eran una especie de oasis en medio del desierto con poquitos parroquianos. Esa misma noche llegué a Soria y el termómetro marcaba quince grados a las once de la noche. Increíble.

Estamos en verano y es lo que hay (que diría mi buen amigo Ángel González). Sin embargo, otro de los problemas de la época estival son los ruidos. Por todas partes y a todas horas. Es horrible. Abres la ventana para que entre algo de aire en tu habitación y si es temprano, se oyen los ruidos de la televisión del vecino de enfrente que debe ser un poco sordo y tiene el volumen a la máxima potencia, con la ventana o el balcón abiertos de par en par. Si es madrugada, motores de coche o desaprensivos gritando o cantando en su regreso al hogar. ..

Recuerdo un verano en Grecia. Estábamos en Mykonos, alojados en una casita bastante alejada del puerto. Llegábamos muy cansados de Atenas, habíamos pateado, con altas temperaturas, toda la ciudad, todos los museos y todos los monumentos. Nuestra intención era recuperarnos en la isla. Esa misma mañana, serían las cinco o cinco y media, comenzó un concierto de animales. Primero el gallo, claro, es el encargado de despertar al resto de animales, incluidos los humanos; luego el asno tomó el relevo; más tarde vacas, caballos, ovejas, perros, gatos… se unieron a la “Fiesta de Pepito”. Esa misma mañana abandonamos la casita, bastante corriente por otro lado, y buscamos en el mismo pueblo un hotel mucho más integrado en el centro. Lo agradecimos, y a pesar de otros ruidos más propios de los humanos, pudimos descansar y disfrutar de la magnifica isla, de sus playas, su mediterránea comida, las fiestas y las indescriptibles puestas de sol.

Me gusta ir a contracorriente y suelo evitar el mes de agosto para desplazarme a otros lugares -aunque Francia es la excepción, siempre-. No soporto la masificación, las aglomeraciones ni las caravanas kilométricas de vehículos que escapan de algún lugar para desplazarse a otro donde encontrar mucha gente. El otro día, una compañera de trabajo me decía que odiaba el verano, qué cambiaria no tener vacaciones por no soportar el verano. Ciertamente respeto cualquier inclinación personal pero le respondí, a veces no puedo callarme, que no dijera eso en público ya que le tratarían de tonta. ¡Vamos! perder las vacaciones….

Por suerte, disfruto de vacaciones o días libres durante todas las estaciones del año. Prefiero el buen tiempo, el calor, el sol, disfrutar del mar… pero no cambiaría por nada perder mis vacaciones, son de las únicas cosas buenas que poseo y además, me vienen muy bien para desconectar de mis tareas laborales y lo mejor de todo: disfruto de lo lindo. No lo puedo remediar, la vida no es eterna y no conviene derrochar de cualquier manera el tiempo libre..

1 comentario:

Raquel dijo...

Uf! Después del calorazo que ha hecho en Salamanca, ahora en Palencia estamos muertos de frío por las noches. Pero sí, ese calor agobiante no deja dormir.
Un abrazo