martes, 17 de abril de 2012

A MI ADMIRADO JAVIER MARÍAS.



El pasado domingo, Javier Marías escribía en LA ZONA FANTASMA, su columna de “El País Semanal”, sobre la ciudad de Soria, lugar en el que resido desde hace más de treinta y tres años.
El padre de Javier, Julián, filósofo y ensayista vallisoletano, discípulo de Ortega y Gasset, encarcelado y represaliado por ser republicano, era un enamorado de la ciudad castellana, pasando con su familia muchos veranos en Soria disfrutando de su clima y tranquilidad. Según la biografía oficial de Javier Marías, el amigo soriano de su familia, Heliodoro Carpintero, fue quien, en parte, le enseñó a escribir. Por lo visto, Javier lo hacía de derecha a izquierda y Heliodoro corrigió su defecto. Pues bien, hace doce años y tras más de veinte de no pisarla, decidió alquilar el piso de Heliodoro (ya fallecido), situado al comienzo del Paseo del Espolón, pasando allí temporadas y escribiendo parcialmente sus últimas cuatro novelas.
En su artículo carga tintas contra lo que ha sido el último lustro en Soria, vivido en propia carne, coincidiendo con la alcaldía de Carlos Martínez del PSOE. Básicamente, detalla lo ruidosa que se ha convertido una ciudad que, si bien antes era un lugar singular, decoroso y digno; una ciudad austera, tranquila y fría, ahora con su "valencianización" es un sitio vulgar como cualquier otro. Escribe sobre las largas y bulliciosas fiestas, las monótonas charangas, las carpas con sonidos estridentes, el mercado medieval y su excesiva duración, los ruidos que producen los dulzaineros, los ensayos de tambores y trompetas en Semana Santa, los bares y terrazas con música a tope y sin respetar horarios, los botellones en el parque de la Dehesa, el trenecito, el sistema de recogida de hojas a mil decibelios, el estrépito que produce en el suelo el juego de la tanguilla y, ahora, para más “inri”, la construcción de la disparatada obra del aparcamiento, justo al lado del parque. Para compensar, supongo, también arremete contra la poca importancia que dan las actuales autoridades a los poetas.
Todo ello para despedirse de Soria. ¡Aquí no hay quien viva! Su refugio soriano se ha convertido, por todo lo explicado y algo más, en un asedio, obligándole, con todo el dolor de su corazón, a abandonar la ciudad y su alquilado piso.
Como ustedes supondrán el tema ha calado hondo en la población soriana. La polémica ha surgido en las redes sociales y en distintos foros de Internet. Incluso, personalmente, he intervenido en Facebook dando mi opinión al respecto. Muchas personas, de dentro y fuera de Soria, han plasmado sus puntos de vista. Para muchos, con esas valoraciones de Javier, se pierde un lugar idílico. Otros, sin embargo, defienden sus costumbres. Muchos otros cuestionan la necesidad del nuevo aparcamiento subterráneo. Hay opiniones para todos los gustos.
Para mí, Javier Marías es uno de los autores literarios nacionales más importante de los últimos años. He leído casi todos sus libros y he aprendido mucho de él. Hasta hace poco más de un año era, junto a Manuel Vicent, uno de mis columnistas favoritos de la prensa española, sin embargo, no sé sí por mi culpa (todos vamos cambiando con el paso del tiempo) o por su manera de escribir tan cáustica y mordaz, me ha cansado. Ayer, comentando con un amigo su columna titulada "Cuando una ciudad se pierde", hablábamos que con los años nos hacemos raros, es inevitable. Aunque, desde mi punto de vista, respetando todas las opiniones e intereses en relación a su artículo, tengo que aportar algunas cosas.
Soria se diferencia poco de otras ciudades del panorama nacional. Somos un país ruidoso, poco respetuoso con los demás y bastante sucio. Todo se produce por nuestra educación. Cuando viajo a otros países situados más al norte que el nuestro en el continente lo constato. A diferencia nuestra se respetan los horarios, nadie está gritando por la calle a deshora, no alborotan, son mucho más limpios… Sin embargo aquí, los centros de las ciudades son lugares, sobre todo los fines de semana, donde es imposible descansar. Cuando estoy en Zamora vivo (igual que hacía Marías en Soria) en el centro y durante toda la noche pasa gente gritando, coches con la música a tope, motos que rompen la barrera del sonido, camiones de recogida de basura que hacen un ruido bestial… Creo que lo que pasa en Soria o en Zamora los fines de semana puede trasladarse a cualquier otro municipio. Sin embargo en Soria, en las ciudades pequeñas, como pasa en Gran Hermano, todo se magnifica. El hecho de vivir en el centro trae esas desagradables consecuencias, independientemente de la falta de civismo que por desgracia acompaña a la mayoría de los ciudadanos. Otro autor literario de prestigio también pasa periodos en Soria, en este caso en la provincia. Se trata de Fernando Sanchéz Dragó. Él no vive en el centro de ninguna ruidosa ciudad, vive en un pueblecito de muy pocos habitantes. Tiene varias casas. En una ha aparcado su inmensa biblioteca personal, en otra vive… nunca lo he oído quejarse del ruido.
Estoy de acuerdo con varias de las cosas que apunta en su artículo Javier. El aparcamiento subterráneo costará un dinero importante a las arcas municipales, las obras volverán locos a los vecinos durante unos años, sin lugar a dudas pasará factura a las especies naturales que allí habitan desde hace décadas… y, además, me parece innecesario. El trenecito, ruidoso para muchos vecinos de la ciudad, debería reservarse a épocas estivales y puentes diversos. Habría que controlar con mayor intensidad el horario de las terrazas de los bares, habría que respetar el alto volumen (también el horario) de los altavoces en las verbenas e intentar perturbar lo menos posible el sueño de los ciudadanos. Siempre me pareció una barbaridad asfaltar la Dehesa.
No me parece correcto aplicar toda la problemática que explica en los últimos cinco años. Considero que, a excepción de la construcción del parking, "la escandalera" a la que se refiere, se viene dando, por desgracia, desde hace algunos años más que el último lustro coincidente con la alcaldía del PSOE.
Lamento que el señor Marías nos abandone pero entiendo su actitud. Él puede decidir su nuevo refugio cuando, desgraciadamente, muchos ciudadanos no tienen ni donde caerse muertos. Seguiré leyendo sus libros, seguiré recomendando a otras personas los que considere interesantes, al igual que él hacía con nuestra ciudad para que los forasteros la visitaran, y, sobre todo, desearé que todo ello sirva para que escriba cosas más bellas y deje de ser el cascarrabias que acompaña sus últimos textos. Salud y suerte para cumplir, Javier. En Soria siempre le recordaremos, no le quepa la menor duda.  



11 comentarios:

Anónimo dijo...

Pero bueno! El problema d siempre en España. A una subjetividad (Marias) opongo otra subjetividad (la mia). A la objetivizción de un hecho (molestias en Soria) se relativiza diciendo que bien, tiene razón pero que pasa en más sitios. O que, el tiene más casas en donde elegir. Otros no!!! Marias habla claro.

Luis Lópec dijo...

Subjetivación relativizada ¿????????

Mariluz Arregui dijo...

He releído la columna de Marías otra vez más, y me ratifico en la primera impresión que tuve cuando lo leí a través de tu anterior entrada:
me parece, a pesar de todos los detalles que da, un artículo 'nebuloso', diría yo...
Tengo la sensación de que el desencanto que transmite y la sensación amarga que parece tener, oculta en realidad alguna otra razón que no nos deja ver.
A mí, particularmente, no me aportan demasiado los artículos que sólo parecen 'dibujar' aspectos negativos, aislados, sin matizar, que no ayudan a construir, sino a 'derrumbar' ,sin más explicación...

Por eso mismo, tu reflexión sobre su columna es aún más válida : muestras seimpre la otra cara, la que reflexiona y no se conforma con una lectura superficial. Aportas, y respetas, además. Casi nada:)
Felicidades


Un beso


PD; ya puedo comentar como 'mí misma'. La culpa no era de Blogger, sino mía.Mis despistes con las contraseñas..jajaj

Luis Lópec dijo...

Mismamente tú, despistaduca.
Gracias por ¿valorarme? así, sin siquiera relativizar lo subjetivo de lo cuantificable metódicamente. W. Allen me ha escritoooooooooooooo. Biennnnnnnnnnnnnnnnnnn. Eso sí, como anónimo, claro!!!!!!!!!!!!!!
Gracias, otra vez...

Mariluz Arregui dijo...

De nada:)

Y saludos para el anónimo:)

Marino Baler dijo...

Bufff, pues muy mal me lo pintas (o me lo pinta Marías).
Para mí Soria es la ciudad idílica para vivir, donde espero, en algún futuro pasar largas temporadas (si llego a cobrar la jubilación, porque tal y como están las cosas...).
Me gusta escribir de las ciudades que conozco y visito o que visito por primera vez... pero de Soria se me hace difícil; es algo así como desnudar demasiado mis sentimientos y no sé si encontraría las palabras adecuadas de lo que siento cuando paseo por sus calles, miro, observo, visito... Es complicado describir sentimientos con palabras.

Coincido con los comentarios, ¿acaso hay que demonizar a Soria?

En fin, dicen que de bien nacidos es ser agradecido y no creo que sea esa la actitud. De todas formas me parece que Marías anda un poco lento de "reflejos", ¿cinco años ha tardado en darse cuenta?

Un saludo.

Luis Lópec dijo...

Marino, todo un privilegio recibir de nuevo tus comentarios en mi humilde blog. No te preocupes, Soria sigue siendo, más o menos, a pesar de los comentarios del concejal de cultura, lo mismo, Saludos. TE ESPERO.

Anónimo dijo...

Me parece que la actitud del señor Marias recuerda un poco a la del noble que va a la finca y utiliza el derecho de pernada...
Siento no estar de acuerdo con Marias, ha utilizado un medio público para desahogarse de un problema personal con el señor del bar de abajo...

Luis Lópec dijo...

En ningún momento habla del bar de abajo, anónimo.

José del Rincón dijo...

Muy bueno el artículo, Luis.

Un saludo.

Luis Lópec dijo...

Gracias, Pocho. Te saludaré la próxima vez que te vea en Mercadona- E. Saavedra :-)))))