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KASPAR HAUSER


Hace algunos años un grupo de colegas organizamos un Congreso Nacional relacionado con los discapacitados. Durante la rueda de prensa de presentación del evento hice una declaración de la que, justo al día siguiente, me arrepentí profundamente. Todavía no conocía bien el tratamiento de algunas noticias por parte de los profesionales de la información (o al menos de algunos). En ese momento me di cuenta, en carne propia, que buscan el sensacionalismo más despiadado aunque tengan que pisotear lo más sagrado del individuo: su dignidad.

En esa reunión con los profesionales del periodismo informamos de las ponencias a tratar, los oradores participantes, las actividades paralelas y complementarias…, pero ellos (o al menos algunos) buscaban carnaza. En el turno de preguntas hubo una sobre los tipos de usuarios de los centros especiales. Respondí que en algunas ocasiones nos llegan en situaciones límite. Puse el ejemplo de una niña que había ingresado recientemente en mi centro. Sus padres se dedicaban a pastorear y en invierno emigraban a tierras más cálidas con el ganado, la trashumancia. Solían estar fuera de casa entre tres y cinco meses cada temporada. La niña permanecía todo ese tiempo en un corral junto a otros animales. Dormía y comía con ellos. Una vecina se encargaba de alimentarla periódicamente. Cuando, por suerte, ingresó, se desplazaba a cuatro patas, no utilizaba cubiertos para comer, no sabía vestirse y hacía sus necesidades fisiológicas en el lugar más inesperado.

Al día siguiente compré el periódico para leer la noticia sobre el Congreso. Comprobé que la portada incluía el siguiente titular: NUEVO CASO “KASPAR HAUSER” EN NUESTRA PROVINCIA. En su interior desarrollaba la noticia que el día anterior les había comentado, por cierto bastante desatinada, desvirtuada y disparatada. Terminaba con una breve reseña indicando que se celebraba un Congreso en la ciudad. Tomé precauciones para solventar posibles repercusiones aunque el dato periodístico, afortunadamente, quedó en mera anécdota.

Ayer volví a ver “El enigma de Gaspar Hauser” (1974) en un ciclo de cine sobre el director Werner Herzog, encuadrado en la generación del Nuevo Cine Alemán (Peter Fleischmann, Win Wenders, Rainer W. Fassbinder, Peter Lilienthal, Reinhard Hauff, Schroeter, W. Petersen, Margarethe Von Trotta…) que eclosionó en los años 60 y en la década posterior se convirtió en el cine europeo más interesante desde la “Nouvelle Vague”.
Trata de la marginación, de la comunicación (incomunicación), de lo diferente, de no encajar en las etiquetas impuestas por la sociedad. El protagonista (Bruno S.) ha vivido parte de su vida en cautividad sin más contacto con el mundo exterior que el que tenía con su carcelero. No ha conocido a ningún otro ser humano. Cuando el expósito recibe los apoyos, básicos, necesarios es capaz de hablar, escribir, comer, aprender protocolos sociales e incluso tocar el piano. A la pregunta sobre los sueños que tenía en cautividad responde que no existían. Rechazado por todos, sentencia que “los hombres son como lobos”, llegando a decir que estaba mejor en el sótano. La película nos habla sobre el fracaso y sobre la imposibilidad de comunicación entre el inocente y la sociedad. El argumento de de ficción, pero se basa en hechos reales de la vida de Bruno S.

La comunicación es la base de todo, la que facilita la integración. Si falta comunicación los pilares donde se apoya lo social se desmoronan y aparece el abandono. La marginación se hace patente cuando no se encaja y en esa terrible situación el discriminado prefiere desaparecer o volver al cuarto oscuro. Es difícil llegar al interior de cada persona, todos guardamos nuestra intimidad en una pequeña caja fuerte. Hay matices que nunca conoceremos sobre los demás. El inconveniente es retroceder, volver atrás si lo conocido no ha merecido la pena. El final de Gaspar invita a la reflexión.
Kaspar Hauser se refiere en etología a experimentos con animales jóvenes que son criados sin poder aprender de los adultos. De esa manera podemos distinguir entre comportamientos aprendidos y comportamientos instintivos. Kaspar Hauser además es un síndrome que se produce cuando los niños crecen durante mucho tiempo sin afecto paternal o incluso contacto con otras personas.

Desgraciadamente cada vez existen más K. H. en nuestra sociedad, personas que están a nuestro lado y que necesitan atención y protección. Para la mayoría es difícil aceptarlas, son diferentes, no son determinantes para la evolución; sin embargo tienen nuestras mismas necesidades y los mismos derechos y obligaciones. Ayudémosles a hacer su vida más fácil, o, simplemente, no les pongamos la zancadilla, bastante tienen ya.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
El enigma de Hauser tuvo que chiflar a un director como Herzog, algo desequilibrado en sí mismo y afecto a las historias con un pie fuera del mundo racional: me estoy acordando en particular de Corazón de Cristal. Sus problemas personales quedaron bien a la vista en el tortuoso rodaje de esa otra curiosidad que es Aguirre o la Cólera de Dios, en que casi llega a las manos con el otro loco en liza, Klaus Kinski...
Un abrazo.
Luis Lópec ha dicho que…
Todos estamos un poquito chiflados ¿no? Mejor así :-)))))
Aguirre con el tiempo me ha decepcionado un poco. Kinski genial.
Raquel ha dicho que…
Me gusta bastante Herzog.

El problema de esos muchos K.H. es además que se vive con demasiada prisa y sin tiempo para entregar a los otros.
Un abrazo
Anónimo ha dicho que…
Al final, siempre queda lo que está impreso en los periódicos o cómo queda editado en la radio o televisión; para algunos les leva toda una vida tratar de aprenderlo (sin éxito).

Desconocía la denominación de estos casos...aunque han existido algunos en Chile que llaman la atención de modo algo exagerado; cierto que es algo serio, pero como para catalogarlo de tragedia es mucho.

Pero en el punto de fondo de lo que planteas, es cierto que hay barreras idiomáticas y hasta culturales que impiden algo fluído...pero cuando está la disposición de comunicarse, siempre se halla la forma. Lo importante es tenerla.

Saludos cordiales.

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