sábado, 12 de enero de 2008

NOCHEVIEJA, LA KALE BORROKA DE TODOS LOS AÑOS EN SANTANDER




Los hombres de la casa, como de costumbre, comenzaron el año fumándose un puro. En la casa donde celebraron la Nochevieja había niños y dormirían en la planta alta del edificio. De fumar en el salón principal el humo ascendería y contaminaría sus habitaciones. La noche no era especialmente fría pero sentado durante un periodo excesivamente largo, lo que dura prendido un habano, uno se quedaba helado -aunque por tradición todo se perdona-. Sentados en la calle, a la fresca de un día de invierno, los cuatro personajes, correctamente abrigados, parecían sacados de una partida de poker de cualquier lúgubre local, desvanecidos por esa inconfundible cortina de humo.

La conversación animada se mezclaba con pequeños sorbos a un chupito de ron, también caribeño, que a modo de maridaje convertía el momento en inusual. Al poco tiempo de encender los puros cubanos la mujer de uno de los fumadores se unió al grupo. Nadie dijo nada al respecto, se trataba de un miembro más de la familia, pero todos, para sus adentros, pensaron que sus diálogos quedarían bastante mermados, nada de conversaciones fuera de tono, nada de aportaciones recurrentes al género femenino ni chistes de risa fácil. Una mujer en el grupo convertía el momento en algo distinto. Hablaron sobre las estrellas que en ese instante cubrían su cielo -el cielo de invierno-, la constelación de Orión con sus cuatro estrellas más visibles: Betelgeuse, Rigel, Bellatrix y Saiph, Taurus con su estrella más brillante Aldebarán, el Cochero, los Gemelos…

Entre risas, saludos de otros miembros que bailaban al ritmo de Scissor Sisters en el salón, bocanadas de humo, recuerdos y algunas historias compartidas llegó el momento de apagar “las pavas” y bajar la basura, perfectamente seleccionada, a los contenedores relativamente cercanos.

El dueño de la casa, con dos grandes bolsas de residuos de la noche, fue el primero en salir. A escasos veinte metros otro de los participantes en la fumata le seguía con varias botellas vacías. En la puerta de entrada, mecanizada y abierta en esos momentos, permanecían tres individuos que de manera apresurada saludaron con un FELIZ AÑO NUEVO. En ese instante el buzón de correos explosionó a dos metros escasos de los que salían. Debido al ensordecedor estruendo todos los miembros de la familia y algunos vecinos salieron a la calle. A las dos personas que portaban la basura se unieron los otros dos fumadores para perseguir a los vándalos destructores. La mujer llamó a la policía. Los perseguidos desaparecieron en una amplia espesura –una de las pocas que todavía queda en la urbanización-. Cuando a los pocos minutos aparecieron los agentes todo había vuelto a la normalidad. Durante la carrera los destructores habían perdido sus explosivos. La policía informó que se trataba de petardos de amplio poder expansivo utilizados frecuentemente para la kale borroka.

Sólo quedaron dos muestras del desaparecido buzón metálico, la cerradura, que apareció a trescientos metros del lugar de la explosión y la puerta, que fue lanzada a unos ciento cincuenta metros. Afortunadamente no hubo que lamentar otras incidencias, aunque de haber sucedido diez segundos más tarde estaría ahora escribiendo sobre sucesos de otra dimensión. Como es lógico la animada fiesta finalizó antes de lo previsto, la pólvora cortó el buen rollito.

No entiendo como en Santander pueda conseguirse pirotecnia tan peligrosa, y lo que es peor, ser adquirida por menores de edad. Año tras año, en las navidades, se va multiplicando la pólvora con el correspondiente peligro para los que la explosionan y para los que, sin comerlo ni beberlo, pueden acabar en un hospital o en el cementerio. ¿Hasta cuando esa permisibilidad?

4 comentarios:

ANA DE LA ROBLA dijo...

Debo de ser una sádica, pero me encantaría que unos cuantos de esos que andan con los petarditos vieran esto:
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Besos.

Miguelo dijo...

si cuando cojen a uno le dieran una paliza se pensaria dos veces antes de jugar otra vez a guerrillero.

un saludo.

Luis López-Cortés dijo...

Ana, no estaría mal un buen cocidito con todas esas vísceras y esos huesucos, :-D
Recuerdo que mi hermano tenía una moto de gran cilindrada y cuando se iba de viaje le despedíamos toda la familia. Mi abuela siempre le decía: "si tienes un accidente coge todos los huesucos y los metes en la bolsa". ¿Sádica tú?, para nada.

Miguelo, prohibidas las palizas, todo se arregla a base de educación y buenas maneras. Aunque a veces... brggggggggggg.

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

Desde hace unos años atrás está prohibida en Chile la venta a público de fuegos artificiales; sólo se autoriza para espectáculos pirotécnicos debidamente normados.

El problema es que, por la Zona Franca del Norte del país, ingresa mucho producto proveniente de Oriente...y, como contrabando, siguen metiendo petardos y esas cosas. Un poco de rigurosidad en la aplicación de la ley no está de más.

Saludos cordiales.