domingo, 2 de marzo de 2008

MOVIMIENTO SLOW


¿Realmente es necesario vivir tan acelerados? ¿disfrutamos lo suficiente de nosotros mismos y de nuestro alrededor? ¿Por qué nos hemos dejado seducir por otras culturas cuando vivimos en una que no tiene nada que envidiar? Ocupados en ganar dinero que nos asegure un futuro cada vez más incierto, nos hemos olvidado de disfrutar de lo cotidiano. ¿por qué no ir andando al trabajo si se encuentra cerca?, ¿por qué no levantarte diez minutos antes y darte un homenaje con un buen desayuno? o simplemente ¿por qué no dejar que sea la vida la que nos marque su propio ritmo?

El hombre siempre ha vivido condicionado por el paso del tiempo, pero muy especialmente a partir de la Revolución Industrial la idea de velocidad ha estado asociada con la de Progreso. Así por ejemplo, el Movimiento Futurista (a principios del XX) consideraba la velocidad como una muestra del triunfo del hombre sobre la naturaleza. Su frase “Un automóvil rugiente, que parece correr sobre la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia“ resume unos postulados que parecen no haber perdido actualidad.

El Movimiento Slow ("despacio", en inglés) nació en los años ochenta como reacción a un ritmo de vida trepidante. El estrés, considerado por muchos especialistas como la enfermedad del siglo XXI, y las costumbres estadounidenses de recurrir a la comida rápida, almorzar mientras se camina y pasar el domingo en un centro comercial, han terminado calando en nuestra cultura latina, tradicionalmente más sosegada. El Movimiento Slow recupera el placer de vivir sin prisas, disfrutando de la riqueza que supone la diversidad y de los pequeños placeres de la vida. Esa filosofía se ha trasladado al turismo con el llamado slow travel y la creación de slow cities.
Las ciudades que cuentan con este distintivo o el sello de calidad Cittá Slow ofrecen al habitante y al visitante una calidad de vida que se plasma en la abundancia de zonas peatonales y zonas verdes, el cuidado de la gastronomía y la cultura autóctona, y el esfuerzo por mantener un ambiente tranquilo y cálido, lo más libre posible de ruido y contaminación.
Para que un municipio sea slow city debe tener una población inferior a 50.000 habitantes, no ser capital y tener cerrado el casco antiguo al tráfico, además de cumplir otros requisitos de carácter legislativo, medioambiental, y turístico. La primera ciudad lenta fue la italiana Bra. En el año 2003, 30 ciudades europeas fueron declaradas slow cities y otras tantas lo habían solicitado. En España Pozo Alcón (Jaén, Nigüelas (Almería,) Mungia (País Vasco), Begur, Pals y Palafrugell (Cataluña) ya han logrado esa denominación y muchos otros municipios está gestionando su adhesión al movimiento.

6 comentarios:

Javi Llamazares dijo...

Muy interesante; a mí me encanta también el movimiento de la "slow food". ¿Están conectados?

Luis López-Cortés dijo...

Gracias Javi.
Las Slow Cities o Convivias, van más allá del Slow Food, y se han convertido en toda una filosofía de vida. Sus habitantes disfrutan de la naturaleza y valoran mucho pequeños placeres tales como comer, o dialogar o mejor aún hacer ambas cosas a la vez. En ellas no hay lugar para la prisa y se trata de fomentar la creación de una conciencia más humana.
Por supuesto que existe conexión.

onlymary dijo...

Lástima que un tema tan interesante sólo permita un minicomentario. Es el meollo de tantas cosas...
De todas formas, yo confío bastante más en el poder de cada uno, creo que es un trabajo diario personal, que todos podemos plantearnos, e intentar llevar a cabo.

La vida es sencilla, al final...

Un beso tranquilo de buenas noches.

Luis López-Cortés dijo...

¿Sencilla? No lo sé Only, depende de la persona y de su situación. Debería ser sencilla. Beso.

Irreverens dijo...

Hola Luis,

te devuelvo la visita y me encuentro con esta estupenda entrada.
Tengo 36 años y he trabajado en múltiples sitios (distintos oficios, distintas ciudades y distintos países).
Mi conclusión personal: nunca he estado tan bien como ahora. Gano menos que hace diez años pero vivo mejor y más tranquila.
De todos modos, creo que es porque nunca me tragué el cuento de que necesito una TV de plasma, el móvil de última generación y un coche megachulo para ser feliz.

En eso es lo que deberían trabajar las futuras generaciones. En mentalizarse de que la buena vida está en nosotros. Y mucho me temo que ahí hay mucho trabajo que hacer...
:(

Saludos

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

No es por contradecirles...pero creo que se puede caminar con un poco más de velocidad y disfrutar la perspectiva; claro, sin pasar a atropellar a los demás.

El tiempo tiene que ser un factor más de los que determina cómo vivir...no ha de ser "el" factor. De todos modos, muy interesante la iniciativa para proteger modos de vida bastante sosegados.

Saludos cordiales.