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PROVOCACIÓN


La urbanización en la que vivo consta de dos bloques gemelos separados por una amplia plataforma. Para acceder a ella hay que subir unas escaleras precedidas por un cartel azulón que anuncia que se trata de una propiedad privada.

El otro día una pandilla de muchachos y muchachas (como gusta decir a los políticos) estaban jugando al fútbol en la plataforma. Cosa, como otras muchas, que está prohibida. Pero el principal problema era que lo hacían de manera contundente, a lo bestia. Uno de sus pelotazos impactó contra el cristal de una vecina del segundo piso. Otro vecino al cruzarse con ellos les advirtió, mediante la indicación de una señal que revela mediante un dibujo la prohibición expresa, que dejaran de hacerlo. Uno de los jugadores, el líder, comenzó a insultar al señor, de edad avanzada, al tiempo que le acompañaba hacía las escaleras que dan acceso al exterior. Yo estaba asomado a la terraza y esta situación me enardeció. Un grito sonoro salió de mi garganta exigiéndoles que depusieran su actitud. El gallito comenzó a insultarme al tiempo que me invitaba a bajar a su lado. Varios vecinos permanecían asomados a sus ventanas en silencio. Todo el grupo empezó a silbarme y a insultarme. Eran siete. Dos chicas, de mi urbanización, y cinco chicos que llevan tiempo asediándolas. Ni corto ni perezoso me planté a su lado en pocos segundos. Me sentí rodeado por el grupo (todos menores de edad) y una vez frente al líder le informé: ya estoy a tu lado, ¿ahora qué pasa? Colocó su cara junto a la mía y me dijo: tienes que pegarme aquí. Le participé que estaba en contra de cualquier tipo de violencia y que sabía que no debía (ni quería) pegarle. Entonces me apuntó que de hacerlo podía considerarme muerto. Uno de ellos, el más bajito, me conminó a golpearle. Por suerte estaba tranquilo, desgraciadamente mi vida profesional me depara en ocasiones puntuales momentos de gran crispación, habitualmente sé controlarme. Les participé que se encontraban en una propiedad privada y que hicieran el favor de abandonarla. El fanfarrón seguía con ganas de “bulla” pero en ningún momento entré en su juego. Le gané la batalla. Les di la espalda y me dirigí a mi portal, nadie dijo nada y cuando me asomé de nuevo a mi terraza, por suerte, ya habían desaparecido.

Ese mismo grupo durante el verano ya ha protagonizado incidentes desagradables en la piscina y el conserje en varias ocasiones les ha llamado la atención. Pero como suele ser habitual nadie entra en acción, nadie quiere problemas.
Ciertamente las nuevas generaciones saben que la ley les ampara y, desgraciadamente, algunos lo utilizan a su favor. Soy consciente de que ante la provocación a la que me vi sometido cualquier otra persona, tal vez, hubiese tomado el fácil camino de la violencia. Si soy sincero se hubieran merecido una bofetada.
Ante estas incitaciones mis preguntas son las siguientes: ¿Cómo solucionan en otros países de nuestro entorno estas situaciones? ¿Dónde están los padres? ¿Qué tipo de educación para la vida estamos implantando?

No se puede evaluar a la juventud por el mismo rasero pero ante situaciones como la descrita (y otras mucho peores) necesitamos conocer el camino a seguir. Lógicamente la violencia siempre hay que desecharla pero precisamos medidas urgentes para salvaguardar nuestros derechos. La educación es la principal herencia que debemos dejar a las generaciones que nos preceden. Algo falla y tenemos el deber de remediarlo.

Comentarios

Javier Menéndez Llamazares ha dicho que…
Se me ponen los pelos de punta sólo de imaginar la situación; menuda sangre fría que tienes.
Esperemos que a los chavales no les dé por volver, porque, como bien apuntas, se saben "intocables". Estoy contigo en que algo habría que cambiar, pero me temo que somos presas de nuestro propio "progresismo". Víctimas de la buena fe, que ya es triste.
Un abrazo.
Anónimo ha dicho que…
Luis, esos jóvenes y “jovenas” no tienen idea de lo que es un bofetón/bofetona, y posiblemente no aprendan nunca, aunque la “unidad familiar” sea progenitorA+progenitorB, ó progenitorB+progenitorB, o lo que sea… ( me sigues?? jaja..lenguaje moderno). Simplemente,es que no tienen padres.
(He tenido experiencia en que me quisieran transformar en “madre”, de alumnos.)
Pero sí que me parece importante no traspasar ese límite del bofetón, cuando no se es su padre. Enhorabuena.

Un beso,
me alegro de volver a verte.
Anónimo ha dicho que…
Presas de nuestro porpio progresismo... Como bien dice Javier, esa es una de las causas esenciales. Y no parece que caminemos hacia algo mejor. Se avecinan tiempos duros. Un beso.
Raquel ha dicho que…
Digo lo mismo que Javier, impresionante la sangre fría. Es terrible la agresividad que late en ellos, la necesidad de no respetar...¿por qué será?
Mucho que hacer aún
Un besote
C.C.Buxter ha dicho que…
Mejor no pensar qué pasa en otros paises... porque nos daríamos cuenta de que están peor que nosotros; y eso es lo que nos espera en no poco tiempo...

Qué hacer en situaciones como estas es complicado, porque es uno de esos casos en los que el violento se impone. Es como amonestar al vecino que hace demasiado ruido: cuando a una persona no le importa perjudicar a los demás, más ruido hará si encima se le recrimina. A mi entender, la única forma eficaz es la actuación conjunta: si cuando los niñatos (y niñatas) te insultaron los demás vecinos hubiesen bajado contigo a hacerles frente, quizá no se hubiesen mostrado tan "valientes".
C.C.Buxter ha dicho que…
Por cierto, se me olvidaba: aunque tu localizador me ubica en Rubí, lo cierto es que yo vivo en Santa Coloma de Gramenet. "Orgullo colomense" :-)
Anónimo ha dicho que…
Es problema de muchas sociedades la actitud desafiante de la juventud...es normal que lo sean a determinada edad, pero no por ello hay que darles la venia en no respetar las normativas.

No hay que entrar en el juego de ellos, sino que en las reglas de la sociedad. Hace un par de semanas, un trío de jóvenes subió al bus sin pagar el importe; denuncié la situación a viva voz al chofer y éste se detuvo unas cuadras más allá al lado de una patrulla policial, donde los oficiales hicieron descender a los infractores. ¡Ese es el camino a seguir!

Admiro la sangre fría que tuviste...si este grupo de cuando en cuando hace desórdenes, ¿es posible documentarlos filmándoles para hacer la denuncia respectiva? La ley ampara del abuso hacia ellos, no de darles carta blanca con las normas.

Acá en Chile, desde hace un año rige la Ley de Responsabilidad Penal Juvenil, donde toda persona entre 14 y 18 años es procesada de encontrarse presunciones fundadas de un delito cometido. Han habido problemas de infraestructura, ciertamente...pero ha servido como disuasivo.

Y hay un problema extensivo a muchas sociedades...los padres dicen que la educación de sus hijos es en la Escuela y se desentienden del tema. Grave irresponsabilidad.

Saludos cordiales.

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