viernes, 17 de octubre de 2008

PROHIBICIONES EN MADRID


“El hombre a menudo estaba allí, delante del Federal Hall, en la
esquina de Wall con Nassau. Enteco, con una sombra de barba gris, de
unos setenta años de edad, sudoroso de un modo llamativo, con una
camisa deshilachada y un traje un tanto raído por el uso excesivo, sostenía
un rótulo improvisado por encima de la cabeza, a veces durante
toda la tarde, bajando los brazos sólo el tiempo necesario para que la
sangre volviera a circular con normalidad. El cartelón tenía un metro de
largo por medio de alto, escrito a mano por ambos lados, con mensajes
de corte político”.

Así comienza la novela, de ambiente cinematográfico, “Jugadores” de Don Delillo. Siempre ha habido, en las grandes ciudades, personas publicitando infinidad de productos mediante rótulos, auque con tanto progreso prácticamente se ha perdido esta estampa. Si miras a tu alrededor todo es publicidad. Estamos invadidos por ella. Anuncios televisivos, paneles en las carreteras, carteles en las paradas de autobús, en las cabinas telefónicas, en las maquinas expendedoras… Hay fotografías de hombres y mujeres objeto anunciando “veteasaberqué” en paños menores. Al parecer todo sirve con tal de vender. Es el pago a la sociedad consumista, al capitalismo exigente.

Durante estos últimos días, la Alcaldía de Madrid ha saltado a la palestra, siendo noticia en todas las cadenas televisivas, emisoras de radio y prensa escrita. El tema de fondo: precisamente, la publicidad y la libertad de expresión. Primero surgió la polémica por la prohibición municipal de los hombres-anuncio que solemos encontrarnos por Callao, Preciados, Sol y todas las céntricas calles de Madrid, portando un rótulo a ambos lados de su cuerpo, a modo de sándwich, anunciando la compra de oro, principalmente, por parte de un comercio situado cerca del reclamo. "Ataca la dignidad de la persona", según la concejala Botella. Después, una de las noticias más sorprendentes y penosas de los últimos tiempos cinematográficos, la Empresa de Transporte de Madrid ha prohibido la colocación del cartel de la película «Diario de una Ninfómana» en sus marquesinas y autobuses por considerarlo «gratuitamente provocativa". El cartel muestra la foto de una mujer con una minúscula braguita calada y una de sus manos dentro de su, escasísima, ropa. Algunas personas, con rancias mentes, ven en estas noticias explotación y pornografía, respectivamente.

Me considero una persona liberal, de mente abierta, y, por eso, me asustan esas actitudes más genuinas de épocas anteriores. Si atacamos estas cosas -un cartel con una foto preciosa o un señor que puede ganarse el corrusco de pan con un anuncio colgado de su cuerpo- podemos dar marcha atrás en la lucha por el progreso de nuestras libertades. Considerando que hay más detractores que propicios a tales decisiones –todo resulta cuantificable en posibles votos- , confío que tan sólo se trate de una entelequia y pronto se pueda volver a la normalidad. Esperemos.

3 comentarios:

angela dijo...

Parece mentira que Gallardón tome una postura como esta, no le encuentro sentido a tal decisión, como muy bien dices forman parte del paisaje de las grandes ciudades ¿ qué me dices de los coches anuncio que están aparcados en las calles anunciándose su venta y dejando poco sitio para aparcar?....Yo censuró más esta última dejadez ....al fin y al cabo no se ganan la vida ni para ellos ni para sus hijos.Que tengas un buen fin de semana.Un saludo Angela

C.C.Buxter dijo...

Yo he repartido publicidad (eso sí, sin los cartelones encima) y hasta ahora no he sentido humillada mi dignidad como persona; aunque bien pensado, son muchas las personas que se sienten diariamente humilladas en su trabajo, aunque vayan con corbata y estén a resguardo del frío en una oficina...

No creo que den marcha atrás con esta prohibición, ya que se está extendiendo en casi todas las ciudades; ahora ha salido porque es en Madrid y, ya se sabe: "llueve en la Castellana, pues diluvia en toda España". En Barcelona ya hace un par de años que se ha restringido esta práctica, y en mi ciudad también está prohibida. Las razones que se alegan son que no es estética y que ensucia (aunque quienes ensucian son, más bien, los ciudadanos que tiran los papeles, no quienes los reparten). A esto añadiría yo que, ay, si repartes publicidad gratis por la calle, no tienes necesidad de alquilar espacios publicitarios de los que comentas, y hay menos dinero e impuestos para los beneficiarios...

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

Lo último que he visto en seres-propaganda es calzarse en la espalda una especie de caballete que sostiene un cartel...así, no tienen que alzarlo todo el tiempo. Y parece que el desafío es encontrar un nuevo nicho donde poner publicidad; nunca imaginé, por ejemplo, trenes completos del subterráneo auspiciados por una marca determinada.

Hace poco, dos municipios dirigidos por conservadores negaron los permisos de promoción de la teleserie colombiana "Sin Tetas No Hay Paraíso" en los paraderos de buses. Concuerdo contigo de que, quien quiera ver pornografía, la verá en cualquier lado donde su mente se lo indique.

Mal está en atacar al mensajero de las noticias...sean malas o buenas, no hay por qué matarle. Saludos afectuosos, de corazón.