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BUENAS MANERAS


Una antigua “amiga” tiene un blog sobre Protocolo. Es un blog que se caracteriza por tener muchas visitas. Su contenido, obviamente, es sobre temas relacionados con el ceremonial, la etiqueta y el protocolo. Lo visito de vez en cuando pero no es, ni mucho menos, de mis favoritos. Los temas que trata, generalmente, no me apasionan. Hay temas de protocolo que me parece estén anclados en épocas medievales.

Hace unos días me escribió un correo que me dejó estupefacto. Me culpaba de un comentario que alguien, de manera “anónima”, había dejado en su última entrada.
En dicho correo, tratándome de una manera descortés, acompañaba el texto de mi supuesta observación escrita (publicado más abajo). Las acusaciones las basaba en la forma de escribir y, además, esa mañana había visitado su sitio de Internet.

Me faltó tiempo para responderla, de manera -como suele ser habitual en mí- educada y responsable, intentando solucionar el entuerto. Agraviado y ofendido envíe mis razonamientos para que me descartará como supuesto agresor a sus manifestaciones. Minutos después, recibía otro correo suyo amparándose en el estilo literario de “mi” comentario en su blog. Respondí, apresuradamente, que había giros en el escrito que nunca utilizaría. Pero ella es bastante terca -además de no dar nunca su brazo a torcer – y no suele aceptar otras respuestas que sean contrarias, o diferentes, a las suyas. Todo lo basa en la intuición.

En uno de los correos cruzados y, una vez leído, calmadamente y en profundidad, el texto, le respondí que algunas de las cosas escritas por el (o la) anónimo (a) tenían parte de razón.

“Llegué a este blog por equivocación y aunque sé que no va a publicar este comentario, igual lo dejo. Hace mucho tiempo no leía tantos artículos cargados de críticas negativas y poca tolerancia. Luego de leerlos todos y sentir que he perdido veinte minutos de mi vida, quedo con estas inquietudes: ¿Qué tipo de estilo literario es este en el que alguien se limita a criticar, criticar y criticar?, ¿Qué tipo de persona es quien está convencida que si no es a su manera, no sirve?, ¿Cómo habrá sido la crianza de sus hijos? Pero bueno, tengo claro que cada persona es un mundo y si usted es feliz de esa manera, adelante; sin embargo, podría detenerse un momento y para pensar que todo no debe ser tan rígido, la vida tiene un millón de cosas más importantes y valiosas que el protocolo”

Nunca se publicó el comentario de “anónimo” y, estoy de acuerdo en que sus artículos están cargados de críticas negativas y poca tolerancia. Sin embargo, tengo que quitarme el sombrero (no estoy de acuerdo, por tanto, con la persona que escribió el texto) ante la excelente educación con la que ha formado a sus hijos, incluso en las peores condiciones económicas y ejerciendo de madre y padre a la vez. Tampoco estoy de acuerdo en qué haya cosas más importantes para ella que el protocolo.

Nunca escribí esa entrada a su blog. Nunca utilizaría “luego de leerlos”. Leer todo su blog supone mucho más de veinte minutos.

Comentarios

Fer ha dicho que…
Luis, la verdad, da risa!!! Ríete, que no es para otra cosa. La vida da todos los juegos.
Luis Lópec ha dicho que…
Eso haré, sallopilig. Gracias, otra vez.
Raquel ha dicho que…
Sé que hay que dejar de lado este tipo de historias, pero me molesta que sucedan una y otra vez. Todo el mundo se cree dueño de todo, y la gente que se olvida del respeto... bueno, qué te voy a decir si esta historia lo dice todo.
Anónimo ha dicho que…
Qué curioso...sin aparente prueba alguna, te acusaba de la autoría de un anónimo (quizás se dejó llevar por ciertos patrones de redacción). Lo más extraño es que la "Reina del Protocolo" te haya contestado de forma descortés...¿en casa de herrero, cuchillo de palo?

Saludos afectuosos, de corazón.

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