martes, 12 de enero de 2010

PERSONAS QUE HAN MARCADO TU VIDA


La vida me ha convertido en nómada. Ser viajero tiene ventajas e inconvenientes. Nunca se puede conseguir todo y hay veces que en ese ir y venir pierdes importantes conexiones, o más bien, desaprovechas oportunidades de estar junto a los tuyos. Hoy te despides de amigos y familiares para regresar, semanas o meses después, en otro contexto que ha disipado el significado de aquel momento ya lejano. Uno se acostumbra a perder la ruta del día a día de los seres más queridos y, créanme, es doloroso. No poder estar con ellos en momentos críticos de la vida es tormentoso, pero el dolor siempre puede combatirse, somos humanos consecuentes con nuestros actos, o al menos, eso intentamos. Somos más fuertes de lo que pensamos en circunstancias extremas. En realidad, la vida es eso, vamos adhiriendo capas a nuestro organismo, fabricadas de experiencias positivas y negativas. Coexistimos con ellas creando una personalidad diferenciada, confeccionada con esos instantes necesarios que nos hacen consecuentes de lo que somos y hacía donde intentamos ir.

En este viaje que es la vida tuve la fortuna de que se cruzara en mi camino, hace ya algunos años, Gustavo Martín Garzo, escritor galardonado con el Premio Nacional de Literatura -entre otros reconocimientos-, que fue mi profesor de Psicología durante mis años de estudiante en Valladolid. Es posible que él fuera, de alguna manera, culpable de algunos de mis descubrimientos sobre el ser humano. Desde aquella época no he vuelto a verlo, aunque si he tenido la suerte de leer todos sus libros y muchas de sus colaboraciones en la sección Opinión, del diario El País, algunos domingos. Gustavo tiene la costumbre de escribir en positivo. Trata sus relatos como si de cuentos se tratara y, de esa manera, se va descubriendo el niño que permanece en él. Su última colaboración, precisamente, ha sido sobre el mundo infantil, sobre las ilusiones de los niños. Dice que “Es inevitable, siempre nos vamos tras los que tienen historias que contar. Eso es el amor, encontrarnos con alguien y sentir que guarda una historia que debemos escuchar.” “¿Acaso no es eso un juguete: un objeto que pertenece por igual al mundo de la realidad y el de los sueños?"

Perdí la ruta de Gustavo hace años pero no olvido sus enseñanzas. Mi personalidad ha cambiado mucho desde entonces. Ahora soy más maduro aunque, por suerte, sigo conservando facetas de mi niñez. Considero que es necesario resguárdate en ocasiones en ese niño que todavía está dentro de ti. Y, fíjense, muchos de mis sueños trascurren en ese lugar idílico que fue mi infancia. Ser nómada no significa, ni mucho menos, olvidarte de tu pasado, de lo que dejaste un buen día. Ser nómada también es mantener en el recuerdo historias de otro tiempo y personas que, de una u otra manera, han marcado tu vida.

3 comentarios:

farregui dijo...

Son importantes, suelen ser un empujón positivo, un modo de coger fuerza y crecer.

Me quedo con tu visión, y con la forma de desarrollarla, tan clara.

Saluts.

Marino Baler dijo...

Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor. No lo sé. En mi caso son un referente que no me importaría volver a vivir.

Un saludo.

La Rata Paleolítica dijo...

El continuo despedirse, y claro,el continuo reencontrarse. Cuando uno elije su vida con plena conciencia de ello, sigue resultando doloroso, especialmente en según que circunstancias, pero es parte de la vida que uno eligió y es consecuente con ello. Las cosas positivas que salen de esa vida son suficientes como para nivelar con creces esa balanza; De otra forma, mejor dejar el "nomadismo", siempre y cuando uno pueda elegir.
Personas que van y vienen, nuevas personas que llegan, tocan y se quedan, otras que se van, probablemente para siempre, personas que han estado siempre y siguen y seguirán estando, reencuentros aquí y allá, que se disfrutan como si fuera el último, o el primero.
Hasta que un día, uno se decida por la mecedora, en alguna parte, en algún lugar.
Bonita entrada Luis.
Abrazos.

Jesús.