miércoles, 21 de abril de 2010

LA ERUPCIÓN DEL VOLCÁN EYJAFJÁLLA Y SUS CONSECUENCIAS


La cifra de cerca de cuatro millones y medio de parados en España da mucho que pensar. Cada uno lo llevará a su terreno, dependiendo de la congregación a la que pertenezca. El que sea de derechas echará la culpa de esos males al partido de centroderecha gobernante; los sindicatos, íntimos amiguitos del gobierno, a la patronal; los parados, a los inmigrantes; los no parados, a la falta de contrataciones; los verdes (con perdón), a las condiciones medioambientales… Todo es un lío cuando a un grupo importante de compatriotas les falta, a diario, las lentejas o el cocidito. Y, justamente, es cuando muchos impresentables sacan provecho de la situación.

Pero, lo queramos o no, vivimos en un país en el que de las circunstancias adversas siempre ha habido individuos que han sabido hacer el agosto, burlando la endeble cadena que marcan las leyes o, simplemente, la permisibilidad reconocida. Desde tiempos pretéritos -sólo se necesita leer a los clásicos-, hemos tenido ejemplos de personajes que han sabido, en circunstancias negativas socialmente, eludir la ley. El último ejemplo se ha producido con motivo de la erupción de ese volcán islandés casi innombrable. En los aeropuertos nacionales, muchos conductores sin licencia , se anunciaban para desplazar a otras ciudades europeas a los viajeros aéreos perdidos en cualquier lugar de nuestra genuina geografía. Por el “módico” precio de poco más de un euro acercaban a los posibles clientes a su punto de destino. Y, claro, cómo pasa siempre, los profesionales con licencia, que todo hay que decirlo, se pasan con sus abusivas cuotas, clamaron al cielo; es decir, a los sindicatos, políticos, gobernantes y, sobre todo, a los medios informativos que son el gran poder en la sombra.

Mientras todo esto pasa, los inmigrantes, siguen ocupando, precariamente, esos puestos de trabajo que en tiempos de vacas gordas no quisimos y ahora, en muchos casos, necesitamos. Pasa siempre, cuando hay abundancia no nos damos cuenta de lo que sucederá en tiempos futuros. En épocas de crisis es cuando hacemos un análisis necesario y preciso de lo actual. Construimos un mundo basado en la seguridad y pequeñas imprecisiones, casi siempre causas naturales, pueden convertir en un desastre incontrolable lo que deseamos, por todos los medios, fiscalizar.

Esperemos que todo vuelva a la normalidad, si es que puede llamarse “normalidad” a un mundo que manipulan los políticos y grandes empresarios, importándoles tan sólo que su patrimonio no padezca los apuros que nos supone la crisis a ti o a mí. No olvides que en eso nos distinguimos.

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