jueves, 29 de abril de 2010

MONTE VALONSADERO


Anoche pude contemplar la luna llena en su máximo esplendor. Disfrutaba de una cena en las afueras de Soria, en un paraje llamado Valonsadero, de 2.793 hectáreas de superficie de monte, praderas y vegas. Ahora permanece completamente verde y se puede disfrutar de su belleza sin aglomeraciones. Dentro de pocas semanas, con el buen tiempo, se irá llenando de gente que disfrutará del campo a escasos kilómetros de su casa. Realmente, es un lujo que ya quisieran muchas ciudades. Un terreno de grandes dimensiones que el municipio conserva prácticamente virgen, aunque han aprobado la instalación de una cárcel en sus inmediaciones. Los políticos, casi siempre, son los culpables de estropear algunos paraísos. No se puede luchar contra los “elementos”.
La cena fue en “La casa del guarda”. Calidad-precio, asegurados. Es un lugar muy popular con una carta discreta pero tradicional. Allí lo típico es comer un menú a base de huevos fritos, chorizo, chuletillas de cordero y lomo. Todo ello elaborado a la brasa. Nosotros nos decidimos por una ración de jamón, chuletillas con patatas y una ensalada a base de lechuga, tomate, espárragos, bonito, huevo cocido…, postres caseros y para beber “Añares” crianza. La cuenta, para tres personas, sesenta euros. En estos tiempos de crisis no está mal, ¿verdad? Los camareros veían en televisión los últimos minutos del partido de semifinales de la Liga de Campeones: Barcelona-Inter, al parecer muy disputados. Como pasa siempre, la televisión, la única nota discordante de la velada.

Cuando salimos del restaurante, rodeamos, por carretera, la parte oeste de Valonsadero. La luna llena lo iluminaba todo mientras conducía a muy poca velocidad. Una liebre atravesó presurosa la carretera. La música de jazz y nuestro estado de relajación eran excusas perfectas para abandonarme en pensamientos positivos. Por suerte, después de unas semanas algo estresadas, vuelvo al Mediterráneo. Pasaré unas jornadas muy relajadas y disfrutaré, como hago siempre, del mar y la tranquilidad de estas fechas en Levante, además de una cita con Sergio García, uno de los mejores golfistas, para intentar aprender algo más sobre ese técnico y exigente deporte. Un gin tonic en la Hormiga, escuchando jazz de vanguardia, despidió una jornada algo diferente a las anteriores. Cuando escribo esto es jueves. Casi, casi, el final de un dura semana con recompensa.

5 comentarios:

julia dijo...

Dicen que la luna y el sol son paraisos donde van los seres buenos para alumbrar a los que aqui quedamos.Me alegro de esa noche tan especial y que hayas tenido el privilegio de disfrutarla.Besos.

Luis Lópec dijo...

Siempre tan atenta. Gracias a tí, cielo.

Marino Baler dijo...

Que maravilla Valonsadero. La última vez que estuve también comí en la casa del guarda, huevos fritos, chorizo y patatas.
Me contaron lo de la cárcel pero no me lo podía creer. No sé donde irá pero, espero, que no la planten en medio de ese maravilloso prado.

Un saludo.

Anónimo dijo...

El nombre de ese lugar me suena y no sé por qué.

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

Eres de las veladas sin TV, a la manera clásica...como clásico y sencillo era el menú, sin grandes aspavientos. ¿Y ya viste a Sergio García?

Saludos afectuosos, de corazón.