domingo, 2 de diciembre de 2012

UN DICIEMBRE MÁS


Diciembre es el mes que marca la Navidad. El mes consumista por antonomasia. Obviamente, estoy en contra de todo eso, de los adornos navideños en las ciudades, de las luces… sin embargo, en mi familia siempre ha sido una época especial, la más especial, diría yo. Nos juntábamos todos los seres queridos durante días y noches, jugando a cualquier cosa, comiendo  las mejores viandas y bebiendo los mejores licores, vinos y cocteles elaborados. Todo lo mejor, aderezado con  el calor de la familia. Ahora, cuando faltan algunos miembros,  es cuando más se saborean aquellos momentos que nunca volverán.
 Esperando la Navidad, sin paga extra, por primera vez, y con muchos menos alicientes que en épocas pasadas, miro de reojo el derroche de algunos ayuntamientos qué, por cierto, tienen deudas millonarias e intento anotar, como dijo un maestro religioso  de Katmandú, cada noche cinco pequeños actos agradables sucedidos durante el día, cosas insignificantes, alegrías ínfimas que en la época en que vivimos logran hacernos felices.  Hoy, acabando la jornada de descanso, cualquier cosa puede ser agradable, pero destacaré primero la visión de Peñíscola en web cam con un sol y un mar especiales; luego, el sol de mi realidad soriana que me ha alegrado el día; un intercambio de correos con personas queridas; un brindis con cava que me ha acercado al Mediterráneo  y la vitalidad de mi cuerpo, tan lesionado a veces.
Esperaré la Navidad para acercarme a aquellos tiempos descritos, que nunca volverán, anotando pequeños detalles que me hacen feliz. Mientras tanto, anhelaré salir de mi pequeña burbuja soriana para respirar y sentir un mar lejano que siento cada más más cercano. Sin embargo, la Navidad de mis sueños sigue estando muy lejos.