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DICHOSO CORONAVIRUS




Foto: J. Sánchez (El País)

Pensaba hoy, mientras leía el periódico, que todas las noticias que recibimos confluyen en un tema único: la pandemia. Esa tragedia que nos azota desde hace ya muchos meses no deja de destrozar lo que ahora llaman “zona de confort” en la que estábamos instalados. Poníamos el piloto automático sin asumir demasiados riesgos y estábamos acomodados en un bienestar que la pandemia se ha cargado. Vivíamos con una seguridad que, por desgracia, ha dejado de pertenecernos.
Y, volviendo a la prensa, y relacionándolo con lo anteriormente escrito, leo hoy que la mitad de los españoles ha perdido ingresos por el virus. El 15% ha perdido temporalmente el trabajo y casi el 12% lo ha perdido definitivamente. También, el 61% de la población se siente pesimista y desanimada. Con estos datos no es para menos. Se vuelve a hablar que el confinamiento total puede mejorar sensiblemente los datos sobre el Covid y se buscan culpables, llevándose casi todas las papeletas los políticos, sean del color que sean. Han perdido toda credibilidad (hasta que lleguen las elecciones, claro).
Sin embargo, yo no creo mucho en los datos, somos un país en el que la picaresca es una de nuestras señas de identidad. Nuestra personalidad (tal vez por la educación recibida), en general, suele ser la culpable de que engañemos en las encuestas, en los datos que facilitamos, por todo ello no suelo creerme lo relativo a porcentajes en ningún ámbito o contexto informativo.
En estos meses de tanta necesidad, leo en un periódico local de Soria algo referente a “los sin techo”. Y sigo con datos que de nuevo me producen indignación y compasión, el 20% son mujeres y más del 15% jóvenes menores de 25 años. La pobreza nos invade y, aunque muchos vivan en una burbuja dando la espalda a la realidad, vamos directos a un inminente futuro devastador. Sin embargo, los dos “sin techo” entrevistados por el rotativo no son dignos de tal apelativo, aunque ambos viven en la indigencia, pidiendo en la calle, uno de ellos vive en un piso que le cuesta 300 euros al mes, más los gastos derivados de una vivienda, y el otro, admite que tiene una ayuda del Ayuntamiento que le paga una habitación.
Todo ello me advierte que no todo lo que parece una obviedad tiene que ser cierto. A veces, la realidad que intentan hacernos ver puede ser un engaño. Cada vez, tal vez sea por la edad, me doy más cuenta de ello.

Comentarios

Leo ha dicho que…
Vamos escribiendo a todo gas. Intentamos explicar que la realidad es diferente a lo que vemos de cerca. Hoy, escuchaba que existen distintos tipos de humanos, siendo nosotros los que tenemos que luchar por un mundo más humano ante la deshumanidad. Así que, no nos queda otra que luchar.
Por cierto, terminé uno de los libros que has escrito "Rollos del coronavirus". No tengo nada que decir porque lo que siento lo dicen tus pensamientos.
Luis Lópec ha dicho que…
Malos tiempos, sí. Besos

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