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LA FÁBULA DE LA RANA




Qué gusto que el sol entre por la ventana a esta hora temprana de la tarde. Después de 45 días prácticamente postrado en la habitación donde ahora me encuentro es una inyección de motivación. Hacía días que no entraba el sol como lo hace ahora. Es curioso lo que pueden cambiar las cosas en tan poco tiempo, de no poder moverme casi a estar pensando que dentro de tres días estaré viajando de nuevo. ¡Cómo echo en falta viajar, salir de este confinamiento! Sin duda aprovecharé el tiempo al máximo y saldré de una rutina que me tiene aburrido. Me parece que el tiempo cambia según las circunstancias en las que vives. Erick Fromm dijo que el sentido de la vida no es más que el acto de vivir en uno mismo. El propósito de la existencia es cómo experimentamos las horas, los días, los meses... y cambia tanto según las circunstancias que hay que saber aprovechar los buenos momentos, sacarles el máximo partido posible, y saber estar en los malos, teniendo siempre presente que saldremos de ellos (no hay mal que cien años dure). Hay una fábula que hace referencia a una rana que es introducida en un cazo de agua caliente y su reacción es dar un salto para huir despavorida. En un segundo intento, la pobre rana es introducida en una olla de agua fría que se calienta progresivamente. Aquí la rana no reacciona, se queda medio dormida y acaba muriendo cuando el agua entra en evolución. La moraleja es que debemos escapar de un salto gigante de todo lo negativo que nos asola para no dormirnos y acabar atontados en un futuro sin interés ni satisfacción personal.

El sol y la música, que suena de fondo, activan mi estado emocional y mi motivación, me siento bien acompañado. Poco a poco voy saliendo de ese pozo (lumbociática) que, aunque no se reconozca como enfermedad, te mantiene en un estado de dependencia y de dolor, prácticamente constante, que te deja psicológicamente algo tocado. Por tanto, saltaré con todas mis fuerzas hacia el exterior como hizo la rana de la fábula.

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