sábado, 31 de marzo de 2007

CASUALIDADES


Rubén Juan Molina

Casualidad. (De casual).
f. Combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar. (RAE)


Hay casualidades en la vida que no se pueden olvidar. Cuando tenía doce o trece años, junto a unos amigos, jugábamos al fútbol dentro del Seminario de Corbán. El campo tenía muy poca hierba y tras una de las porterías había un gran muro que separaba esa zona del Seminario de la carretera. A mi me encantaba el fútbol, aunque nunca he sido un buen practicante. Siempre jugaba adelantado y, normalmente, tenía buena puntería y metía muchos goles. En una de esas fuertes patadas que pegas al balón para intentar marcar gol, el tiro me salió alto y traspasó el muro. Cuando eso ocurría, la persona que lo hacía tenía la obligación de ir corriendo a recoger el balón. Cuando era niño tan solo disponíamos, entre todos, de un balón, y por tanto el juego se detenía hasta el regreso del jugador portando la pelota.

El balón siempre lo encontrábamos entre el bar de Tucho y el bar de Paco, una distancia que no comprendía más de cincuenta metros. Sin embargo ese día el balón no aparecía. Pasaron diez largos minutos y no lo encontré. Cuando ocurría esto, el resto de los chicos salían del terreno de juego para ayudar a buscar. Pasó media hora y entre todos no pudimos encontrarlo. Miramos en lugares alejados pero no aparecía. Yo rezaba para que apareciese, de no hacerlo me tocaría pagar el balón “de reglamento” a su dueño, y por entonces suponía muchas pesetas. Pasó algo más de una hora y quedaban muy pocos sitios donde mirar. Había un coche aparcado y tenía la ventanilla abierta, se me ocurrió mirar en su interior y allí estaba el balón reposando en el asiento del copiloto.

El pasado miércoles viajé a Zamora para visitar a mi familia y darme una vuelta por la exposición de fotografía sobre la Semana Santa que todos los años se convoca a nivel nacional. Esta edición, bastante accidentada, el jurado eligió los primeros premios y menciones especiales, detectando que el primer premio correspondía a un autor que había incumplido las normas quedando, por tanto, vacante. Algo similar ocurrió con otra mención.
En la anterior edición tuve la suerte de alzarme con la primera mención especial y de seleccionarme las otras tres fotografías que presentaba, para la exposición. Este año repetí presentando tres fotos, de las que dos están expuestas. Me acerqué con mi acompañante a ver la selección. Durante la visita éramos seis personas : nosotros dos, un niño con su abuela y un matrimonio. Ya nos íbamos cuando me percaté que el niño y su abuela contemplaban una de mis fotos. En la foto aparece un niño en brazos de un cofrade el Domingo de Ramos. La abuela decía al niño: ¡qué guapo has salido! Me acerqué y pregunté si se trataba del niño de la foto, la señora me dijo que sí. Le respondí que yo era el autor de la foto. Nos dimos la mano autor y fotografiado.

Curiosamente había pasado un año desde la realización de la fotografía y Rubén Juan Molina, así se llama el niño, está muy cambiado, ahora tiene algo más de dos añitos y es muy gracioso, me quedé hablando un buen rato con su abuela y él no dejaba de hacer comentarios sobre cada foto expuesta, volviendo cada poco tiempo a contemplarse en su foto.

Me despedí emocionado al conocer al protagonista de mi foto y le prometí enviarle una copia a su domicilio, con toda seguridad la guardará como recuerdo de aquel gran día de su primera Procesión, quedando para mí otra maravillosa anécdota sobre la casualidad.

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