lunes, 21 de mayo de 2007

ALGO HUELE A PODRIDO





Este fin de semana algunos columnistas de los suplementos de diarios de tirada nacional han escrito sobre las elecciones. Javier Marías, otro decepcionado de la política, comentaba que ahora es cuando elegimos a las personas que darán los consiguientes permisos a los constructores, esa otra “carrera” inmobiliaria tan lucrativa, recordemos los casos Andratx, Marbella, Navalcarnero, Navas del Marqués y su ciudad del golf… y tantos y tantos casos de especulación y corrupción cometidos por las corporaciones.

Marías en su artículo semanal hace una recomendación importante: no debemos permitir que los demás elijan por nosotros. Dentro de lo supuestamente nocivo, perjudicial, debemos elegir la lista menos mala, nada de abstenciones. Obviamente estoy en contra de ese consejo, cuando lo malo es malo no debemos hacer ninguna conjetura y optar por abandonar ese juego, no puede haber vuelta de hoja. La lástima es que la mayoría de esas corporaciones (siempre hay excepciones), engordarán sus cuentas corrientes con sumas millonarias, unas veces por sueldos excesivos y no menos irrazonables dietas, y otras por “pelotazos” urbanísticos indeseables. Esperemos, que al menos, la fiscalía anticorrupción siga fijando su “mirada” en los ayuntamientos.


Kim Monzó, en su sección semanal, también ataca a los políticos y dice sentirse frustrado y engañado por ellos. Comenta que de optar por acercarse a las urnas, deberíamos colocarnos una pinza en la nariz, “algo huele a podrido”. El problema es que ahora las pinzas no son como las de antes, de madera, ahora son de plástico y de diversos colores. Entonces ¿de qué color me la pongo? Antiguamente el color rojo era claramente de izquierdas, color comunista, pero ahora los comunistas ya no son comunistas y se han pasado al color verde ecologista. El color azul, del bando nacional, se ha convertido en anaranjado, y el rojo lo comparten ahora socialistas y peperos ¿por error?. Todo es un verdadero lio, la verdad, y yo como la política solo la veo de un color: el negro, no creo que sea cuestión de hacer el cuadro llevando una pinza de ese sombrío y triste color. Por lo tanto mi opción, más clara y menos acertada, posiblemente, sea quedarme en casa y contemplar por la tele como todos los partidos han conseguido vencer. Eso es lo que pasa siempre. Espero que haya una abstención considerable para que todos esos políticos, que tienen una profesión tan bien remunerada, se pongan del color que han elegido como bandera de sus partidos: el rojo (convertido en mejilla colorada). A seguir bien y que los pisos sigan estando al alcance de unos pocos. Los políticos deberían de entrar en política con lo puesto y salir de la misma manera. ¡Ah!, y que entrasen de uno en uno y haciendo cola y ya de paso, decirles que iban a ganar 1 000 Euros. Ya veríamos quienes quedaban.


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1 comentario:

C.C.Buxter dijo...

Recuerda que todo podría ser peor: tú al menos no tienes que soportar además a los pueblerinos que le echan la culpa al Estado centralista y opresor hasta de que se les enfríe el café...

En fin, yo he votado siempre, aunque la mayoría de los casos lo he hecho en blanco. Hasta ahora, la única vez que voté en las locales lo hice al PSC; y digo hasta ahora porque no se volverá a repetir: tengo un amigo que trabaja en un periódico local y ni te cuento la de tejemanejes que hay en política... Ciertamente desolador: si eso pasa en una ciudad pequeña, ¿qué no pasará a nivel autonómico o nacional?

Lo dicho: voto en blanco a la vista.