jueves, 17 de mayo de 2007

DRAMATISMO Y TERNURA




“Verano en Berlín” (Sommer Vorm Balkon) clausuró ayer el XII Ciclo de Cine organizado por la UNED de Soria. Una vez más quedó demostrado que el cine alemán tiene una salud envidiable (ya nos gustaría que ocurriese lo mismo con la decaída industria española). Fassbinder, Wenders, Volker Schlondorff y el propio Andreas Dreser (Director de Verano en Berlín (2005), Halbe Treppe (Grill Point) (2002) y Encuentros nocturnos (1999), son algunos de los nombres que hacen posible este resurgimiento del cine en el país europeo.

“Verano en Berlín” se alzó con el Premio del Jurado al Mejor Guión del Festival 2005 de San Sebastián. Trata de dos amigas treintañeras decepcionadas con sus respectivas vidas. Por las noches se reúnen en un pequeño balcón (de ahí el título original) de un antiguo edificio de Berlín Este, desde este pequeño paraíso nocturno van repasando sus vidas: proyectos, emociones, amores, trabajo, dificultades… e ingeriendo cantidad de alcohol.
Las dos protagonistas son muy diferentes. Katrin es más seria y retraída, piensa que es mala madre (divorciada), está en paro y busca desesperadamente trabajo, tiene problemas emocionales y es alcohólica. Sin embargo Niké es más extrovertida, alegre, vital. Trabaja cuidando ancianos a domicilio, generalmente personas solitarias, demostrando ser paciente, cariñosa y resuelta, uno de esos Ángeles que desarrollan una labor callada y tiernamente humanitaria.
Desde hace unos meses he vivido un capitulo familiar que me ha acercado algo más a estos trabajadores sociales que realizan, en tiempo record, el cuidado y aseo del anciano y la limpieza de su vivienda. Cuando este familiar iba degenerando a pasos agigantados solicitamos a los Servicios Sociales del Ayuntamiento un profesional de esas características. La mujer que realizó estas funciones con el familiar es entrañable, derrocha alegría y conectaba perfectamente con el enfermo. Su vida laboral discurre, al igual que la protagonista de “Verano en Berlín”, apresuradamente. Realizan su jornada marcada por el ritmo infernal del reloj, tienen que ir, de un domicilio a otro, de manera muy rápida. Deberían dedicar más tiempo a cada persona atendida, pero no pueden.
Tanto esta prestadora de servicios “real” como la actriz que interpreta a Niké realizan una labor cada vez más demandada por la sociedad. Europa envejece y habría que reconsiderar esta labor profesional de primera necesidad. Deberían tener un sueldo acorde a su prestación, dedicar el tiempo adecuado a cada domicilio, definir sus funciones de manera meticulosa.

Estamos inmersos en plena campaña electoral y, en los programas de los partidos, detecto siempre falta de nuevos proyectos para estas personas que tienen serios problemas para cubrir sus necesidades diarias y para sobrevivir, en muchas ocasiones.

El argumento de la película tiene fuerza narrativa y el tema está en boga, aunque la mayoría de las veces, por desgracia, la realidad supera la ficción. Finaliza con una frase que define a la perfección el carácter positivo de las dos protagonistas y a la que no tengo más remedio que unirme: LA VIDA SIGUE.

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