martes, 30 de noviembre de 2010

OLORES, SABORES Y TIEMPO PERDIDO /y 2/.


« […] En cuanto reconocí el sabor del pedazo de magdalena mojado en tila que mi tía me daba (aunque todavía no había descubierto y tardaría mucho en averiguar el por qué ese recuerdo me daba tanta dicha), la vieja casa gris con fachada a la calle, donde estaba su cuarto, vino como una decoración de teatro a ajustarse al pabelloncito del jardín que detrás de la fábrica principal se había construido para mis padres, y en donde estaba ese truncado lienzo de casa que yo únicamente recordaba hasta entonces; y con la casa vino el pueblo, desde la hora matinal hasta la vespertina y en todo tiempo, la plaza, adonde me mandaban antes de almorzar, y las calles por donde iba a hacer recados, y los caminos que seguíamos cuando hacía buen tiempo. Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cacharro de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan empiezan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles, así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té […]»(Marcel Proust, En busca del tiempo perdido: Por el camino de Swann)

Cuando los de mi generación éramos todavía niños no teníamos prácticamente privilegios fuera de las comidas regladas. Descubrimos el tigretón cuando ya estábamos creciditos. Viviendo en la santanderina calle Madrid, al lado de mi casa se encontraba el Colegio Puente. Se accedía a él por un portal casi normal si no fuera por su anchura. Aprovechando dicha amplitud se había instalado allí un puesto de lo que ahora conocemos como “de chucherías”. Con una peseta me daban diez gominolas de menta con azúcar en polvo adherido. Desde entonces nunca he vuelto a comer gominolas tan exquisitas. Eran duras y con un sabor muy intenso. También compraba cromos de los futbolistas de equipos de primera división. Tuve varios álbumes sin completar, a todos ellos les faltaban tres o cuatro jugadores que coincidían siempre con los que les faltaban a mis amigos. Salvo las “tarrinas” de dos sabores (fresa y nata) de la marca Avidesa, que costaban 3,50 pesetas, no recuerdo en qué gastaba el poco dinero que disponía en esos años. Ya en el instituto, mis padres me daban un duro para el autobús de ida y vuelta. En invierno llovía casi todos los días y si me desplazaba andando al instituto, a tres o cuatro kilómetros de mi casa, llegaba completamente empapado. No obstante, prefería mojarme y atenuar el hambre que atacaba en los recreos, reservando el duro para comprarme un bollo de pan y dos banderillas “Toreras” para meterlas, sin palillo, entre el pan. Aunque parezca mentira, entonces me parecía un manjar, y lo más importante, me quitaba el hambre.

De aquella época los olores que recuerdo están relacionados con la comida. Muchas noches mis hermanos y yo cenábamos tortilla, nos encantaba. Solían cocinárnosla de manera individual y era una exquisitez. Después de hacer los deberes ese olor tan característico nos indicaba que llegaba la hora de meter algo al cuerpo. Otro olor que me acompañó en mi crecimiento fue el olor a madera de pino. Junto al instituto se amontonaban troncos inmensos de árbol que producían un perfume especial. Frente a estos troncos secos había una casita de madera que nos parecía de cuento. Allí vivía mi compañero López González, alias “Porki”. Provenía de Soria, una ciudad castellana que conocí con mis tíos Manolo y Carmina a los trece años. Realizamos el viaje en un SEAT 850 desde Santander hasta Tarragona. Tardamos varios días entre ir y volver ya que rodábamos 200 kilómetros diarios de media. Creo que era el único del instituto que conocía Soria y Numancia. López, sus padres y su hermano, vivían en la casita de madera construida con pinos de Soria y al lado se encontraba la serrería donde los troncos se convertían en tablones perfectos en cuanto a anchura y longitud. El olor de la madera recién serrada y el olor de los troncos secándose acompañaban todos mis recreos. Nos sentábamos a fumar en lo más alto de los troncos apilados y charlábamos sobre las chicas que nos gustaban. Cuando hacía sexto de bachillerato, con dieciséis años, estrenando el instituto mixto, qué avance por entonces, aprovechando los recovecos de los árboles apilados di mi primer beso a una chica que se llamaba Asun y qué ni siquiera sabía si me gustaba o no.

Luego cumplí más años, llegaron más besos y mi economía fue un poquito (sólo un poquito) más boyante. Eran tiempos de quedar con los amigos los fines de semana en la calle Vargas. Tiempos de “manchaos” (blanco y mistela) y tapas gratuitas de mejillón en “El Papi” y rabas (calamares) ardientes que había que comer muy rápido, quemándote el paladar, para que te diera tiempo a comer algunas antes que los demás dieran cuenta de ellas. No creo que haya cántabro que se precie de serlo que no recuerde el olor persistente del rebozado de las rabas dentro y fuera de los bares. Cada lugar marca sus olores y el mío siempre quedará impregnado de ese olor tan característico de mi tierra.

El tiempo perdido que queda marcado en el interior del cerebro y del corazón, tal vez también en el alma, siempre estará aderezado de olores, sabores y recuerdos que acontecieron casi sin darnos cuenta. Y, de alguna manera, ese tiempo, por esa razón tan poderosa, nunca se perderá, ya que forma (y formará siempre) parte de nuestros sentidos y de nuestros sentimientos, parte de nosotros mismos, de lo que ahora mismo somos y de lo que no podemos renegar.

domingo, 28 de noviembre de 2010

OLORES, SABORES Y TIEMPO PERDIDO- 1



“Pero cuando nada subsiste ya de un pasado antiguo, cuando han muerto los seres y se han derrumbado las cosas, solos, más frágiles, más vivos, más inmateriales, más persistentes y más fieles que nunca, el olor y el sabor perduran mucho más, y recuerdan, y aguardan, y esperan, sobre las ruinas de todo, y soportan sin doblegarse en su impalpable gotita el edificio enorme del recuerdo”. Marcel Proust. “A la Recherche du Temps Perdu”.

Leí a Proust en mi época de estudiante en Valladolid y, posteriormente, haciendo el servicio militar, obligatorio, en Ferrol, en la Base Naval de La Graña, casi en la desembocadura de la ría ferrolana. Tuve un gran apoyo en Antonio, un intelectual andaluz, concretamente de la Alpujarra granadina, que se pasaba el día leyendo. A pesar de muchos malos momentos, esa Base Naval estaba destinada a los marineros que tenían “punto rojo” (es decir, a todas las personas que de alguna manera consideraban inadaptados sociales),recuerdo con cariño algunas situaciones vividas allí. Se preguntarán qué hacía yo allí tratándose de una persona tan comprometida socialmente y con unos valores tan irrefutables (es broma). Resulta que me captaron para Cabo Monitor (los que enseñan a los reclutas nada más llegar), muy a mi pesar, y en el examen final, a base de tests, me pareció obligado marcar todas las respuestas confundidas. No coló, ellos sabían que había estudiado dos años Psicología y era a todas luces imposible errar de la manera que lo hice. Fui el último de mi promoción y como castigo me enviaron a La Graña. En ese examen me gané a pulso mi “punto rojo”. La Base estaba dividida en dos sollados corridos con alrededor de 150 marineros cada uno. En el “sollado 1” se encontraban los andaluces, en su mayoría por supuestos problemas con las drogas. En el “sollado 2” nos encontrábamos ciudadanos del resto del estado, aunque en número muy superior vascos y gallegos. Los gallegos eran gente de confianza, se ocupaban de los lugares estratégicos: cocina, despachos,oficinas y de toda la intendencia. Los vascos estaban allí por supuesta pertenencia a partidos abertzales. Como pueden apreciar se trataba de lo más florido de una sociedad tan polifacética como la nuestra. Estábamos en 1980 y la “mili” duraba nada menos que 18 largos meses. A pesar de tener la insignia de cabo, de ser educador, de recibir la mitad de mi nómina, de tener un Dyane 6 y de ser cántabro, mi adaptación a la nueva vida fue perfecta. Me hice amigo del cocinero, controlaba (era mi destino)la limpieza de la cantina, fumaba algún peta que otro con los “quillos”, sacaba trescuartos de segunda mano utilizados por los antiguos oficiales del Azor(barco de Franco)y los regalaba a mis amigos, e invitaba a cerveza y a comida a los qué, como Antonio (estaba allí por pertenencia al PCE), no tenían nada.

Ahora, ya en 2010, treinta años más tarde, acabo de leer con mucho gusto y cierta sorpresa, el escrito de Proust que inicia mi entrada. Lo he leído en un blog amigo, en un blog lleno de buenas melodías y mejores, si cabe, notas literarias. El blog de Ritmo Rancio, unos jóvenes que se divierten haciendo lo que más les gusta: disfrutar con la música y escribir bellos relatos, como el último, sobre aquellos olores y sabores que se han perdido o que por alguna casualidad vuelven para rememorar aquellos recuerdos. La niñez, siempre la niñez… y la “magdalena”. El tiempo perdido hallado en los olores. Ritmo Rancio habla de dos cosas que le recuerdan a su padre, el olor de la colonia Añeja y el sabor del “Orange Crush”. Del Orange conozco sólo los anuncios, en el norte nunca llegó a comercializarse. Recuerdo, sin embargo, el sabor de una gaseosa que se llamaba Santa Marta, también de naranja. Sobre olores, recuerdo el aroma que tenía la mesita del dormitorio de mi abuelo al abrir el cajón. Allí guardaba sus puros de las bodas, que nunca fumaba. No lo olvidaré. Cuando mi abuelo dormía la siesta resoplaba mucho y mi hermano y yo, aguantándonos la risa, metíamos en su boca una cucharada de cola-cao y se formaba lo que denominábamos “el volcán”, imagínenselo, las sábanas se embadurnaban de cacao y la cara de mi abuelo se convertía en color chocolate ¡terrible! Cuando mi abuelo despertaba empezaba a jurar, sacaba su “cincho” (cinturón) del pantalón y con él en mano, a modo de látigo, nos buscaba sin encontrarnos. El pobre nunca llegó a tocarnos, era un santo.

...CONTINUARÁ

viernes, 26 de noviembre de 2010

SANTANDER CON LLUVIA


Había dormido fatal la noche anterior. Regresaba de pasar unos días en Santander con motivo de una celebración familiar y esa misma noche tuvimos una cena que se alargó demasiado en el tiempo. Casi todos los asistentes trabajábamos a la mañana siguiente, y por mi parte, además, tenía que trasladarme a Soria, pero cualquier “esfuerzo” significaba poco ya que conmemorábamos un día muy especial en familia, uno de esos días que queda marcado para la posteridad. Tuvimos que cortarnos con el vino, con los licores… pero eso sirvió para que estuviéramos más receptivos. Mereció la pena, por tanto, acostarse tarde y dormir muy poco, insuficientes horas, a todas luces, para afrontar la dura jornada que me esperaba (que nos esperaba) cuatro o cinco horas después.

Los días que permanecí en mi tierra se caracterizaron por la persistente lluvia. No es que me impidiera realizar una vida distinta a la que hubiera hecho con mejor tiempo, el único problema era que tenía un encargo fotográfico que no pude realizar condicionado por ello. Lo dejo aparcado, por tanto, para días navideños.
Desayunando, con el Diario Montañés abierto, constataba que había alerta naranja para Cantabria debido a la posibilidad de nieve por encima de los 500 metros de altitud. Estoy acostumbrado a la nieve, a conducir en las peores condiciones, a poner y quitar esas milagrosas “cadenas” de tela, pero mi cuerpo no se encontraba, ni mucho menos, al cien por cien. Curiosamente, cuando metí los bultos en el maletero de mi automóvil, había dejado de llover. Milagro, pensé. Así que me acomodé en el asiento, sintonicé Radio 3, me puse el cinturón mientras disfrutaba con los movimientos de los dos patitos a los que acoso constantemente y miré, por último, el reducto familiar que abandonaba.

En el transcurso del viaje, a la altura de Pesquera, el paisaje era mágico, entraba la luz por un costado del verde valle mientras se levantaban perezosamente esas nubes que se van creando de la humedad calentada por el sol. Al fondo, los tres macizos de los Picos de Europa podían estudiarse a fondo, nevados como en los mejores días de invierno. En esos vistazos certeros, los que sólo puedes observar de soslayo mientras conduces, descubrí, una vez más, la belleza de mi tierra. Disfruté de la armonía que producen los colores (blanco, verde, azul), los pueblucos perdidos en los valles, la niebla mágica que va envolviéndolo todo. Me sentí privilegiado con esa despedida otoño-invernal acompañándola de melodías muy íntimas. En ese preciso momento, disfruté de el mundo que entonces abandonaba pero que, afortunadamente, volveré a disfrutar pasado un mes. A la altura de la valla que indicaba que me encontraba en Castilla la niebla se volvió constante dibujando en el paisaje una visión casi lúgubre. Por desgracia, no pude parar para inmortalizar esa apariencia con mi cámara. A las tres horas y cuarto, sólo con nieve en las cumbres, llegué a Soria, algo más fría que la dejé, con esa soledad que me produce regresar a mi, obligado, mundo laboral.

sábado, 20 de noviembre de 2010

VARSOVIA


Estaba en Varsovia acompañado de dos amigos. Era domingo. Después de visitar un conocido parque de la ciudad, muy animado -los parques siempre son más entretenidos los domingos-, comimos en un restaurante concurrido por gente joven. Creo que entramos allí precisamente por eso, habíamos tenido demasiados problemas con el inglés, muy poca gente lo hablaba y la poca que lo hacía tenía excesivos problemas para comunicarse (conviene señalar ahora, antes de emitir conclusiones equivocadas, que uno de mis acompañantes era, y sigue siendo, profesor de inglés de una escuela oficial de idiomas en la entonces España del señor Ánsar) y, con toda probabilidad, rodeados de jóvenes (y jóvenas, Aído dixit) sería más sencillo entendernos. Se trataba de un restaurante antiguo tuneado para tiempos más modernos. Los platos se exhibían en una barra tras un hilarante cristal. Quisimos conocer los ingredientes pero las dos chicas que se encontraban al otro lado del mostrador no entendieron nada. Nosotros menos, claro, Así qué, manos a la obra: revisión visual de lo que comía el personal y, numerando con los dedos: uno de esos, dos de los otros y tres pastelitos polacos. Pagando y a degustar el producto.
Saliendo del restaurante, fotografié una gran avenida. A la derecha, un edificio político parecido al Kremlin moscovita. Luego, chupito en el hotel, de multinacional francesa, de de uno de los mejores vodkas del mundo y jacuzzi post-comunista.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

"LASCIA CH´IO PIANGA". RENÉE FLEMING




La soprano estadounidense, neoyorquina para más señas, Renée Fleming, interpreta el aria de Händel "Lascia ch'io pianga"
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Lascia ch'io pianga.
Lascia ch'io pianga mia cruda sorte,
E che sospiri la libertà!
E che sospiri, e che sospiri la libertà!
Lascia ch'io pianga mia cruda sorte,
E che sospiri la libertà!
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Déjame llorar.
Déjame lamentarme de mi cruel destino
¡Y que suspire la libertad!
¡Y que suspire, y que suspire la libertad!
Déjame lamentarme de mi cruel destino
¡Y que suspire la libertad!
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Georg Friederich Händel (nacido en Sajonia en 1685, el mismo año que J.S. Bach y Scarlatti) compuso la ópera Rinaldo en 1711 y la estrenó en Inglaterra, donde tuvo tanto exito que le nombraron "maestro de orquesta" de la Royal Academic of Music. Se quedó a vivir allí y compuso algunas de sus mejores obras, incluso compuso su celebre himno nacional "God save the Queen".

Cuando se estreno Rinaldo no se cantó este aria, pues fue compuesta veinte años después (1731) para una segunda versión.

De Renée Fleming, uno de los timbres más bellos de mujer que he escuchado, escribiré en una próxima entrada, dentro de la etiqueta "Personajes".

martes, 16 de noviembre de 2010

EL VERANO DE KIKUJIRO


Hace unos días, un blog amigo colocaba en su entrada un tema musical de una película que no me había gustado, tal vez por eso tampoco el tema musical que acompañaba el texto. Tras escuchar él, para mí, anodino tema, me vino a la cabeza “Summer” de la película El verano de Kikujiro, dirigida por Takeshi Kitano en el 98. Tan tierna y poética cómo su música. Ni pizca de comparación "pour dieu".

lunes, 15 de noviembre de 2010

DIEZ AÑOS NO SON NADA


El tiempo pasa inexorablemente. Esta mañana, cuando iba en el coche a trabajar escuché en la radio un disco que cumplía su décimo aniversario. Se había grabado, por tanto, en el año 2000, el año que yo denomino de los engaños, ya que la Nochevieja en la que se cumplía el 2000 nos la metieron como la del cambio de milenio. Luego llegaron las nuevas monedas de euro, no había que preocuparse, ningún producto cambiaría de precio. Incluso hubo gente, demasiada, que se creyó el cuento. ¡Vaya atraco! Lo mismo pasa con los políticos, prometen cosas imposibles y el pueblo, los votantes, siguen tragándoselo sin contemplaciones. Pero bueno, voy al grano. El caso es que estamos a punto de agotar el año 2010. Se van a cumplir diez años desde aquel primer cambio de milenio en el año 2000 (luego, al entrar el 2001 hubo un segundo cambio de milenio ¡faltaría plus! hay que hacer caja de lo que sea) y parece que fue ayer, al menos para mí. Ceo que ha sido la década que más rápido ha pasado en mi vida. Sin embargo, he disfrutado de muchas cosas, de manera distinta a otras décadas pero intensamente. Considero que hay que aprovechar al máximo las oportunidades que nos da la vida, con los años nos volvemos menos activos, nos volvemos más cómodos, las jornadas laborales se nos hacen eternas… Sin embargo no debemos detenernos, tenemos que mantenernos activos y seguir persiguiendo objetivos, metas, sueños, ideales, para intentar continuar siendo jóvenes. No podemos abandonarnos ahora. Queda mucho porvenir pero que no nos vendan la moto, ya nos han vendido muchas.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Luis García-Berlanga (1921- 2010)


Luis García-Berlanga Martí (Valencia, 12 de junio de 1921- Madrid, 13 de noviembre de 2010)[1] fue un director y guionista de cine español.

Su cine se caracteriza por su mordaz ironía y sus ácidas sátiras sobre diferentes situaciones sociales y políticas. En la etapa de la dictadura franquista despuntó su habilidad para burlar la censura de la época con situaciones y diálogos no excesivamente explícitos pero de inteligente contra-lectura y consiguió llevar a cabo proyectos tan atrevidos como Los jueves, milagro.

En 1986 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes y en 1993 el Goya al mejor director por Todos a la cárcel. Su película Plácido fue nominada para el Óscar a la mejor película de habla no inglesa en 1961. Ha recibido la Medalla de Oro de las Bellas Artes en 1981, el Premio Nacional de Cinematografía en 1980 y la orden italiana de Commendatore. Obtuvo premios y galardones internacionales en los más importantes festivales (como Cannes, Venecia, Montreal y Berlín). En el Festival de Karlovy Vary fue elegido como uno de los diez cineastas más relevantes del mundo. Además, poseía un incontable número de reconocimientos nacionales.

(Tomado de WIKIPEDIA)
FELIZ FIN DE SEMANA

jueves, 11 de noviembre de 2010

EL NUEVO ANTHONY HOPKINS (Antes "boxeador")




El sábado tenía pensado ir a ver las grullas, los mirlos y otras aves anátidas y treparriscos a la laguna aragonesa de Gallocanta, pero he decidido, por razones de enfermedad, no ir. Dejo pendiente hasta última hora, eso sí, mi participación en un maratón fotográfico que va a celebrarse el próximo domingo en Zaragoza. La caída que comenté en este espacio ayer, así como una tos seca que no me deja dormir, son las causas de esa decisión.
Es curioso, cuando estaba adquiriendo la forma física perdida en los meses veraniegos llega esta adversidad totalmente inesperada, así qué, durante el fin de semana, una vez canceladas todas mis citas, lo dedicaré a descansar e intentar recuperarme.

Muchas veces, cuando salgo de casa para ir al trabajo, en estos inestables días de frío y lluvia, pienso en lo feliz que sería en mi calentito hogar viendo por los cristales del salón los campos otoñales y los árboles sacudidos por el intenso viento. Me desquitaré, por tanto, de ese pensamiento que se volverá realidad durante el fin de semana. Lo ven ustedes, no hay mal que por bien no venga. Me levantaré todo lo tarde que pueda, aunque no soy de quedarme mucho tiempo en la cama una vez despierto. Me ocuparé de las noticias en los diarios de Internet; revisaré los blogs de mis amigos y si se da la circunstancia publicaré algún comentario personal; leeré el libro que tengo entre manos sobre música; ordenaré alguna de mis fotos; buscaré mis libros de inglés para retomar su estudio; veré alguna película; escucharé música; prepararé alguna comidilla y…lo que vaya surgiendo. Aunque no en estas circunstancias, me gusta pasar algún día encerrado en casa. Son muchas jornadas las que paso conduciendo al cabo del año y cuando, casi siempre por agotamiento, me decido a pasar algún fin de semana en casa lo disfruto intensamente.

Para finalizar, anotar algo que me ronda por la cabeza. Hace unas semanas escribía sobre un encuentro en un bar de Soria con una persona que comentaba que parecía un boxeador, ¡por dios! Pues bien, ahora otra persona, que pensaba era amiga, me decía el otro día en un correo electrónico que le recordaba a Anthony Hopkins. Resulta que he publicado una foto actual como imagen de un conocido portal para subir fotografías y comentarlas y, según ella, tengo cierto parecido con el anciano actor. ¡Qué horror! la gente se ha vuelto loca o qué. ¿Todos tenemos que tener parecido con algún famoso? Desde ese día esta persona que me escribe habitualmente, se despide de mí con un ¡hasta luego, Hannibal Lecter !. Increíble lo que da de sí el género humano.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

POR MOMENTOS FUI INVISIBLE


Ciudad de Soria. Martes, 9 de noviembre de 2010, nueve de la noche. Calle Eduardo Saavedra (une la salida hacía Madrid con la estación de autobuses).
Acabo de llegar de comprar del hipermercado y no encuentro aparcamiento en los alrededores de mi portal. Como llueve intensamente y hay un vendaval importante, decido aparcar mi coche en la plaza de garaje que se encuentra a escasos trescientos metros de mi casa. Desde allí, traslado dos bolsas atiborradas de productos. Cuando llego a mi casa me doy cuenta que no he subido una bolsa de refrigeración con alimentos congelados así que vuelvo al coche. Nada más salir del portal empiezo a correr para atravesar lo más rápidamente posible el trayecto que separa mi portal de la plaza de garaje. Avanzo velozmente debido a que tengo el fuerte viento a favor. Antes de doblar la calle resbalo y caigo precipitadamente de espaldas. En esos escasos segundos hasta llegar al suelo tengo los suficientes reflejos como para aterrizar con la parte alta de los glúteos y la zona lumbar de mi espalda y colocar el codo izquierdo en el suelo para amortiguar la caída. Gracias a ello mi cabeza no golpea en el suelo. Una vez recibido el fuerte impacto no puedo coordinar los movimientos para levantarme. Permanezco en el húmedo suelo alrededor de dos minutos, que se me hacen eternos, observando si hay alguien alrededor para que me pueda ayudar. No veo a ninguna persona pero a escasos doce metros de donde me encuentro desplomado, a mi derecha, se alinean dos filas de vehículos (unos veinte) esperando que se ponga el semáforo en verde. Frente a mí, a unos dieciocho metros de distancia, otra fila de coches, cerca de diez, hacen lo propio en el semáforo correspondiente a la otra dirección de la calzada. Me parece increíble que nadie haya podido verme o que cualquiera de los ocupantes de los vehículos me haya visto tirado en el suelo y no me ayude. Después de los interminables dos minutos puedo reincorporarme y me quedo sentado otros dos o tres minutos con todo el cuerpo empapado de lluvia. Miro de reojo a los coches que pasan a mi lado y pienso lo terriblemente crueles que podemos llegar a ser los humanos. Una vez puesto en pie, sin ninguna ayuda, percibo mi codo derecho ensangrantado y dolores en la espalda menores a los que esperaba.
Soria, martes 9 de noviembre, nueve de la noche. Llovía, hacía viento y por momentos fui invisible.

martes, 9 de noviembre de 2010

RIBERA NAVARRA

La ribera navarra, la que atraviesa el Ebro, es una delicia en otoño. Los árboles, con varias de sus hojas ya perdidas, se visten de colores ocres, pardos, rojizos.

Por el puente con farolas “tridentes” atraviesa un caballo coincidiendo con la despedida del sol. La tenue luz crepuscular acaricia el paisaje volviéndolo nebuloso.
En la antigua judería de Tudela, los niños árabes, rumanos, sudamericanos, corretean y gritan. No hay descanso, la vida sigue su rumbo por ese tumultuoso espacio de calles estrechas y largas, laberinto conocido.
Hay palacios derrumbándose, pintadas surrealistas, marcas del tiempo en los edificios. Parece un barrio de cualquier ciudad abandonada que lucha por sobrevivir y le cuesta más de la cuenta.

Las mañanas de domingo, los bares permanecen repletos de parroquianos degustando exquisitos y variados pinchos y excelente vino de la tierra.

Todo parece tranquilo, las calles, el río, las personas, su coqueta plaza. El otoño lleva tiempo instalado en la ribera Navarra y parece que le sienta bien. Disfrutemos de su belleza.

domingo, 7 de noviembre de 2010

SORIA NO SE CONFORMA



ESTA CASA SE SOLIDARIZA CON LOS QUE CLAMAN POR EL FUTURO DE SORIA


SIN MOLESKINE


Aunque poseo una memoria selectiva importante, hay veces que no recuerdo aspectos o noticias cotidianas que desearía mantener. Suele pasarme cuando me pongo a escribir. Soy bastante obstinado, me gusta hacerlo en periodos no excesivamente largos. Hoy quiero escribir sobre algo que he escuchado en la radio durante un viaje a una Comunidad Autónoma vecina. Aunque, sinceramente, he tardado más de lo habitual en recordarlo. Incluso voy a pedir a quien se proponga hacerme un regalo, una Moleskine italiana para escribir esas notas de bolsillo de las que más tarde (o más temprano) quieres echar mano.

Lo cierto es qué durante el viaje fui escuchando, como suele ser habitual, Radio 3 y dialogaban sobre las abejas, un programa de visitas guiadas a un centro apícola. Turismo con abejas y todos los campos que implica, desde la investigación en temas relacionados a la biología de los insectos y el mejoramiento genético, hasta la ingeniería aplicada al procesamiento de miel. Decían que el turismo apícola lo estaban implantando en la Comunidad de Madrid sobre propuestas ya existentes en Chile y Argentina. Fue un programa muy ameno, sobre todo cuando se refirieron a la organización social de las abejas que posee una estructura de roles: la reina, las obreras y los zánganos.
Aunque las abejas tienen una reina, ella no ejerce ninguna autoridad, porque en la colmena nadie ejerce el mando sobre otros. Es el colectivo el que permite el beneficio mutuo al estar conexionado. Las abejas obreras especializadas como nodrizas son las que, administrando un tipo de alimentación, determinan quién será la reina, zánganos u obreras. Sin embargo, esta aparente posición de poder de las abejas nodrizas, a diferencias de los humanos, está absolutamente exenta de cualquier arbitrariedad. Sólo las guía el sentido de cooperación para el interés general.
La reina, a diferencia del resto de abejas que viven alrededor de 40 días, puede llegar hasta los 6 años de vida. Se cría en una celda real. La larva de la reina queda rodeada de jalea real que producen las obreras. Esa alimentación, muy nutritiva, permitirá que nazca una abeja reina.
La reina se dedica exclusivamente a poner huevos alcanzando sobre los 2.500 al día dependiendo del clima y la edad de la reina. De los huevos nacen la mayoría de las abejas obreras y son éstas las que se encargan de alimentar, proteger y limpiar a la reina formando una corte de honor a su alrededor.

Tras esa amena conversación sobre las abejas, cerca ya de mi destino al lado del Ebro, con motivo de la celebración del Festival Internacional de Cine Documental de Guía de Isora, el locutor del programa entrevistó a la cineasta Araceli Santana. 'Blattángelus', la película que ha presentado la directora mexicana, aborda la discriminación hacia las personas homosexuales en México a través de la figura de Jorge Gabriel Sosa Morato, fundador de la Iglesia de la Reconciliación, pionera en dicho país latinoamericano en unir en matrimonio a parejas del mismo sexo.
El largometraje ha acompañado durante tres años al líder religioso Jorge Sosa —fallecido en noviembre de 2009—, para mostrar su actividad eclesial y divulgativa. El argumento recorre el proceso personal del sacerdote que, educado en el catolicismo tradicional, evoluciona hasta fundar una nueva Iglesia, "una religión de vanguardia, que no sólo acepta a la comunidad homosexual, sino que acepta a cualquiera que quiera acercarse", según explicó la directora.

Tras parar un ratito en Cintruénigo, llegamos a Tudela, pero de eso hablaré en otra ocasión. Por suerte, y todavía sin Moleskine, he podido acordarme, más o menos, de lo que quería escribir.

viernes, 5 de noviembre de 2010

YO NO TE ESPERO



El taxi más caro del mundo circulará este fin de semana por Santiago de Compostela y Barcelona. Se llama papamóvil, y cada hora de trayecto con ocupante divino sale por 800.000 euros de nada. O lo que es lo mismo: 13.333 euros por cada minuto que pase Benedicto XVI en España. Aunque el problema no es el precio, sino quién paga la mayor parte de esta abultada factura. Los papamóvil –han traído dos– llegaron la semana pasada a bordo de un avión Hércules del Ejército español. Es decir, fue el dinero de todos los contribuyentes el que también cubrió el traslado del vehículo privado de este señor, don Joseph Ratzinger, cuyas próximas visitas pastorales costarán a las menguadas arcas públicas 29,8 millones de euros.

"El gasto en dinero público y la tarifa por horas las ha calculado la organización Europa Laica: tres millones de euros en Santiago, 1,8 millones en Barcelona y 25 millones el año próximo en Madrid. No sabemos si estas cuentas se quedan cortas o se pasan porque, inexplicablemente, no está del todo claro el dinero público empleado. El coste de las visitas no aparece detallado, sino que se reparte en varias partidas para que abulte menos –como el traslado de los papamóvil, que paga Defensa–.

Sabemos que Benedicto XVI viene a predicar su testamento. Sabemos también que la visita es religiosa, y no como jefe del Estado teocrático del Vaticano. Sabemos que esta gira está bendecida por cada ayuntamiento y autonomía implicados, y también por el Gobierno, esos rojazos comecuras que llevan meses pactando cada detalle con Roma y Rouco Varela. Sabemos que incluso hay descuentos fiscales para las empresas que financien estas misas –dinero que dejará de cobrar Hacienda–. Pero es un misterio lo que nos cuestan los viajes del Papa a este estado aconfesional llamado España".
Publicado por escolar.net

miércoles, 3 de noviembre de 2010

CLUB DE GOLF TRASOTO (El Maderal -Zamora)


Algunas veces me preguntan si el golf sigue siendo elitista. Mi respuesta siempre es “depende”. Suelo jugar en un campo de la Comunidad Valenciana que es excesivamente caro, allí practica un porcentaje muy alto de jugadores extranjeros y se nota. Ese campo lo considero muy elitista. Sin embargo, el otro día, aprovechando mi estancia en Zamora, me acerqué a jugar a un campo rústico en el municipio de El Maderal. Hace unos meses me puse en contacto con ellos, mediante correo electrónico, y su Secretario me contestó, rápidamente, con ese lenguaje tan educado que se conserva, afortunadamente, en los pueblos. Con mucho gusto me invitaba a conocer el campo de golf del municipio del que se sentían muy orgullosos. Una vez realizada la visita no me extraña que se sientan tan satisfechos. Vecinos del pueblo, con Mundo y Diego a la cabeza (también, Carlos, Alejandro, Vicente, Trini, Cesáreo, Juan, Emilio, Luís, Gascón, Marcos…), de manera altruista, con paciencia y mucha dedicación, han sido los artífices de ese sueño. A pesar de la falta de presupuesto, miman el campo como si se tratara de un hijo. Anteriormente a mi visita estuve indagando en Internet viendo fotos y videos del campo de golf, aunque, para mi sorpresa, en vivo gana bastante más. Los “green” mantienen una hierba cuidadísima con riego automático (han colocado 1.500 metros de tubería con sus correspondientes zanjas y casi un centenar de difusores de agua) y los “tee” tienen una alfombra verde de nylon que hacen más cómoda la salida en cada hoyo. En madera, han incorporado la información del campo y de cada hoyo, toda una obra maestra.
Jugando allí por primera vez me sentí como en familia. Parecía que conocía a mis compañeros Trini, Mundo y Diego desde hacía mucho tiempo. Durante el recorrido me fueron informando de cómo han ido transformando el terreno vecinal en campo de golf. Toda una maravillosa experiencia.
Sin lugar a dudas me haré socio del Club Trasoto, creo que merecen que el número de socios crezca y obtener algún dinerillo que será destinado, sin duda, al mantenimiento y mejora del campo. Ojala que mis amigos de El Maderal reciban todas las subvenciones y el reconocimiento institucional que merecen. El deporte del golf, como pueden comprobar, en algunas ocasiones es así de popular. Enhorabuena, campeones.

lunes, 1 de noviembre de 2010

AHORA, "SÍ"


Hace unos días comenté en mi blog una reseña sobre la novela "Sí" de mi admirado Thomas Bernhard. Hoy, José Ángel Barrueco, hace la profesional. Merece la pena, como lo son todas sus críticas literarias. Ademas, tiene a bien -un honor- hacer mención de mi entrada sobre Bernhard. Emocionante también su trato de paisano. Es la segunda vez que, por medio de alguién de la tierra, tengo el orgullo de recibir el "título" de zamorano, del que me siento orgulloso.
Gracias por todo, paisano.