Agotando los últimos momentos del invierno y concluido prácticamente el fin de semana regresaba por la misma carretera y pude contemplar, en las mismas montañas del viaje de ida, las nieves que cubrían sus cimas. Me esperaba otra intensa semana laboral pero a las pocas horas de llegar a mi destino entraría la primavera, algo vital para disfrutar de la naturaleza, de la luz, del color de los campos. Había paseado por las Dunas de Liencres, disfruté de buen tiempo y cuando concluyera la semana que tenía por delante viajaría al Mediterráneo. Intentaba animarme con esos pensamientos tan positivos pero no lo lograba. Desde la parte trasera del coche me vino un aroma que pronto despejó mi estado de ánimo. El olor procedía de unos percebes, pescados durante esa misma mañana cerca de mi domicilio familiar, que me hicieron recordar que nada más llegar a mi casa irían a la cazuela. Sin siquiera cambiarme de ropa procedí a cocerlos. Es sencillo pero hay que tener muy claro el tiempo de cocción. Una vez que el agua hierve se vierten los percebes añadiendo un puñado y medio de sal. Cuando vuelve a hervir se reza un Padrenuestro despacio. El momento Padrenuestro fue total. No lo había rezado desde la época de mi niñez y he de manifestar públicamente que lo he olvidado. Sin embargo, con buen concepto, improvise la última parte de la oración. Toda la representación de espaldas a los percebes y con los brazos en alto. Cuando vertí el agua hirviendo por el fregadero estaba nervioso aunque los percebes tenían un aspecto espectacular. Puse encima una servilleta limpia para dejarlos enfriar, abrí una botella de Alvariño y manteniendo todavía el calor me di un homenaje memorable. “Gracias a dios” estaban en su punto de cocción y de sal. El invierno estaba a punto de finalizar comiendo mi manjar favorito y, lo mejor de todo, esta misma tarde me espera otro platito de percebes bendecidos. Comienza bien la primavera. Que siga así.
lunes, 21 de marzo de 2011
FIN DE SEMANA LUNÁTICO
Agotando los últimos momentos del invierno y concluido prácticamente el fin de semana regresaba por la misma carretera y pude contemplar, en las mismas montañas del viaje de ida, las nieves que cubrían sus cimas. Me esperaba otra intensa semana laboral pero a las pocas horas de llegar a mi destino entraría la primavera, algo vital para disfrutar de la naturaleza, de la luz, del color de los campos. Había paseado por las Dunas de Liencres, disfruté de buen tiempo y cuando concluyera la semana que tenía por delante viajaría al Mediterráneo. Intentaba animarme con esos pensamientos tan positivos pero no lo lograba. Desde la parte trasera del coche me vino un aroma que pronto despejó mi estado de ánimo. El olor procedía de unos percebes, pescados durante esa misma mañana cerca de mi domicilio familiar, que me hicieron recordar que nada más llegar a mi casa irían a la cazuela. Sin siquiera cambiarme de ropa procedí a cocerlos. Es sencillo pero hay que tener muy claro el tiempo de cocción. Una vez que el agua hierve se vierten los percebes añadiendo un puñado y medio de sal. Cuando vuelve a hervir se reza un Padrenuestro despacio. El momento Padrenuestro fue total. No lo había rezado desde la época de mi niñez y he de manifestar públicamente que lo he olvidado. Sin embargo, con buen concepto, improvise la última parte de la oración. Toda la representación de espaldas a los percebes y con los brazos en alto. Cuando vertí el agua hirviendo por el fregadero estaba nervioso aunque los percebes tenían un aspecto espectacular. Puse encima una servilleta limpia para dejarlos enfriar, abrí una botella de Alvariño y manteniendo todavía el calor me di un homenaje memorable. “Gracias a dios” estaban en su punto de cocción y de sal. El invierno estaba a punto de finalizar comiendo mi manjar favorito y, lo mejor de todo, esta misma tarde me espera otro platito de percebes bendecidos. Comienza bien la primavera. Que siga así.
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