domingo, 17 de junio de 2007

SIETE BAÑOS


Conservo una tradición familiar que me viene de mi abuela paterna, la única abuela que he conocido y a la que adoraba, la cumplo todos los años. Además de sencilla de cumplir me es muy grata de realizar por mi comunión con el mar. Para anteriores generaciones de la zona de influencia de la isla de la Virgen del Mar, Peñacastillo y San Román de la Llanilla, en las afueras de Santander por su lado occidental, existía una manera de evitar resfriados, gripes y otros virus de ese ámbito, durante el invierno. Consistía en darse siete baños en el mar(*); o bien un número superior siempre que fuese impar.
Como comentaba anteriormente, para mi es fácil de cumplir, me paso parte del verano holgazaneando en compañía del mar, e incluso el resto de los meses también me baño de manera habitual. Sin ir más lejos hace escasos días he estado remoloneando una semana en el Mediterráneo y me he humedecido los siete días. Cuando hago las cuentas sobre los baños realizados siempre tengo presente a mi amada abuela Carmen.
Falleció a los ochenta y seis años y hasta sus últimos días cumplió su compromiso con el furioso Cantábrico. Recuerdo que teníamos que trasladarla, desde su casa, en coche hasta la playa de la Virgen del Mar, apenas un kilómetro de distancia entre ambas. Una vez allí se quitaba la ropa y se quedaba con su bañador negro. Había que agarrarla de las dos manos y juntos nos hundíamos mediante pequeñas flexiones hasta que el agua nos llegaba al cuello. No importaba que hiciera frío (buenas son mis paisanucas), que lloviera a mares, tenía que darse, por encima de todo, los siete baños una vez que se había decidido a hacerlo.
No creo mucho en esta receta, soy un pupas, pero año tras año deseo imitar a “Buelita” y conservar una tradición que, con total seguridad, se perderá conmigo.

(*) Puedes darte diariamente los baños que desees pero solo se computará como uno diario.

1 comentario:

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Un método muy curioso, pero ¿puedes garantizar la eficacia?
Porque, a los que somos frioleros, en invierno hasta el Mediterráneo nos impone. Admiro tu arrojo, la verdad. Y el de la Buelita, por descontado.
Ahora, que lo del número mágico me ha dejado estupefacto. Lo de siete o más, lo comprendo: tratamiento de larga duración, correcto. Pero lo de que sea cifra impar ya no alcanzo a verle la ciencia.
Ahora que, si cura, allá penas...
Saludos (y salud)