miércoles, 23 de abril de 2008

PANTALÓN DESCOSIDO


Fui al cine con dos amigas. A la salida hablamos de los pormenores del film coincidiendo en que había sido una película sensacional. Llovía y acompañé a una de ellas a su casa. Al subirse al coche se escuchó un ruido junto a un grito de mi acompañante. Al momento supe que había reventado su pantalón. Durante esa tarde pude comprobar que le quedaba excesivamente ajustado. Tras el rubor inicial ambos estallamos en una sonora carcajada. En el trayecto hasta su casa estuvimos analizando la manera de salir del auto y llegar desde allí hasta su portal. Nos extrañó cruzarnos con varios vehículos policiales, algo insólito en la tranquila ciudad castellana. Tanto despliegue, por un momento, me recordó a la pesadilla que tuvimos que pasar cuando en la cárcel de Soria estaban recluidos numerosos miembros de ETA. Nos enteraríamos de lo ocurrido a la mañana siguiente. Su única obsesión era que no nos parara la policía y nos hiciera bajar del coche. Le ofrecí mi chaqueta para tapar sus partes blandas pero no aceptó. Se quitó su jersey cubriéndose con él su trasero. Al parecer el roto (o el descosido) era inmenso, ocupaba toda la línea divisoria de las nalgas. No me pareció oportuno ver la táctica que utilizó al apearse, pero luego, cuando se desplazaba hacía el portal comprobé que se movía con soltura. La anécdota, sin duda, servirá para hacer unas risas en la siguiente cita.
Por la mañana desperté con la noticia de que ETA había colocado un artefacto explosivo en Bilbao. Algún dispositivo estaría previsto por lo que pudimos comprobar la noche anterior.

1 comentario:

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

Es que cuando se rasga el pantalón, lo hace en el momento menos oportuno y hay que inventar tácticas inverosímiles para que pase lo más desapercibido posible.

Saludos cordiales.