martes, 1 de abril de 2008

SÉPTIMO ARTE




Si usted no es hombre suponga que lo es en las siguientes dos horas. Debe recuperar el pasado, volver veinte años atrás. Se encuentra en un país lejano, con otra cultura, otras necesidades. Se trata de India. Por moda o por razones de índole personal se encuentra allí. Tiene poco más de veinte años, es europeo, alto, distinguido, bello. Por motivos desconocidos su trato preferente es con otros occidentales. Allí conoce mucha gente; personas que se encuentran de paso, de vacaciones, aficionados a la droga, religiosos… Se pasa el día bebiendo y “fumando”, hay que vivir el presente, el futuro no existe. En esa tesitura se producen muchas relaciones sexuales esporádicas y usted es consciente, al cabo de tantos años, que las ha tenido.

Todos se han ido y usted sigue viviendo en India. Ha pasado el tiempo y nunca ha encontrado el momento de regresar al mundo occidental de donde procede. Con los años se ha ido amoldando a esa situación y se ha sentido cómodo, en paz consigo mismo, sosegado. Ha encontrado trabajo en una ONG que dispone de un orfanato, un comedor, ayuda a los niños necesitados. Es usted el encargado de la financiación pero todo está a un paso del abismo, a punto de desaparecer. La última posibilidad de mantener a los niños necesitados se basa en una donación que desea realizar un magnate de los negocios de su país de origen. Para ello tiene que emprender viaje y entrevistarse con él en su patria.
Una vez allí coincide con una mujer con quién tuvo relaciones en su primera época en India. Por una de esas casualidades de la vida, en ese momento, se entera de que ha tenido una hija con ella. Tiene ya veinte años. Es todo una mujer.

Usted sabe ahora que ella es su hija, admira sus facciones, estudia su cuerpo, busca similitudes. Se pasa las noches sin dormir pensando en ella. Sin embargo ella todavía no sabe que esa persona que tiene delante es su padre natural. Convence a su madre para que le diga que es su padre. Al día siguiente se presenta ante usted y la admiración es reciproca. No sabe como reaccionar, no sabe como actuar, la situación es nueva para usted. Es una circunstancia excepcional. No se atreve a besarla, únicamente acaricia su cara, quiere conocer su tacto, desea comprobar cuanto antes que existe química, que es piel de su piel. Se sienta frente a usted y exclusivamente se contemplan. Luego ella se va.
Al día siguiente comen juntos y ella lleva consigo un álbum de fotos que recoge momentos de su vida: bebé, niña, colegio, vacaciones, seres queridos… Usted sigue buscando lazos de unión y los encuentra fácilmente. Todo lleva un ritmo vertiginoso. Lo importante es que existe conexión, vinculación, algo se convulsiona en su interior. La sangre corre agitada por las venas y el pulso se dispara. Todo fluye con naturalidad, ambos se encuentran y comienzan a conocerse. Usted quiere regresar a India pero ese lazo (y alguno otro más) le obliga a quedarse. Ha nacido algo nuevo en su corazón y parece parte integrante de usted mismo. Ahora lo único que desea es estar al lado de su hija, recuperar el tiempo perdido lejos de ella. Su vida cambia por completo irrumpiendo una pasión inenarrable, esa pasión que sólo conocen los padres. Y usted se ha convertido para el resto de su vida en eso: en padre, siempre será su padre y ella su hija. Algo más importante que todo lo que ha ocurrido hasta ahora en su vida. Lo único que desea ahora es vivir, dejar que los días pasen lo más naturalmente posible… y a su lado.

3 comentarios:

Andrea dijo...

MARAVILLOSO!!!

DESEO QUE TENGAS UN FANTÁSTICO ABRIL.

UN GRAN ABRAZO.

SUAVE CARICIA dijo...

reencuentros creo que no siempre son todo lo deseado y esperado

dejo suaves caricias

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

De alguna manera, al leerte me hago a la idea de la imagen que describes. Tiene un aire a Flores Rotas, pero con menos intriga.

Saludos cordiales.