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CONTRASTES


Soy nómada. No puedo evitarlo. Hoy estoy aquí y mañana acullá (palabra pelín cursi, ¿verdad?). Ha sido así durante toda mi vida. Mi maleta no descansa. Está de acá para allá sin poder reposar (por cierto, he de comprarme una nueva, está para el arrastre –nunca mejor dicho-). Viajar tiene cosas buenas y otras no tan buenas. Es como todo. Hace unos días, hablando con un compañero de trabajo, se refería a los contrastes en los viajes (emprendes el viaje desde una ciudad que no tiene nada que ver con la que te espera). A la mañana siguiente, ahora tan lejana, viajaría a Levante. Lo que supondría perder de vista, por unos días, Soria. En la alta ciudad castellana la vida es apacible, cómoda, segura… pero todo el mundo se conoce y no puedes preservar la intimidad que desearías. Conviene, por tanto, perderla de vista unos días y aprovechar a hacer lo que habitualmente no puedes o no te dejan hacer.

Cuando llego a Levante siempre me impresiona la luz. Sorolla, el gran maestro, supo reflejarla a la perfección en su obra. Los atardeceres son mágicos –la hora bruja-. Siempre los espero con el deseo de quien recibe el mejor regalo. También son espectaculares los amaneceres pero su contemplación me resulta dificultosa, más que nada por el horario, suele ser el momento más placentero para disfrutar de la cama.
También cambia el olor. Soria huele a madera y Levante huele a una diversidad de esencias que en algunos casos no resulta fácil adivinar. Lo que si es apreciable es que su aderezo principal es el aroma a mar (a salitre, a humedad).
Además de colores y aspectos olfativos, otro de los contrastes entre Castilla y Levante son sus gentes. En Castilla la población está muy envejecida, en cambio en Levante es joven. Eso también me llama la atención. Lo oscuro de las vestimentas invernales sorianas se permutan por ropajes de colores divertidos, vivos, joviales. Obviamente, Levante –y cualquier lugar turístico- es más cosmopolita. Se mezclan idiomas y razas sin más preocupación que el compartir tiempo libre, sol y playa. Cuando paseo por Benicarló me llama la atención la saturación de población inmigrante, sobre todo de ciudadanos árabes. Y, aunque en Soria hay, como en todas las ciudades y pueblos de España, gran porcentaje de inmigrantes, en la costa este número se multiplica por diez.
Después de estas pinceladas ataco, por fin, el contraste principal entre la tierra soriana y la levantina. Se trata del clima, claro. Durante el largo y frío invierno soriano tienes que llevar encima más capas (de ropa) que las cebollas. Pero ese dicho ya ha perdido sentido. Por fortuna, la confección de la prendas de vestir ha cambiado. Con las nuevas fibras la ropa ya no pesa y, además, no necesitas llevar encima muchas prendas de abrigo. Un simple forro polar puede ser suficiente para pasear por el campo en pleno invierno. Pero a mi me gusta el calor. También tengo que añadir que no podría vivir sin el invierno, sin la nieve, sin las sensaciones añadidas que supone la vuelta al caldeado hogar. Cuando regreso a Levante abandono todo el ropaje que puedo y disfruto de la libertad que supone la sensación de ir casi desnudo. Pasear olvidando las gélidas jornadas invernales te hace disfrutar mucho más de la templanza eternamente primaveral del Mediterráneo.

Hay muchos otros contrastes, muchas otras situaciones que te hacen recordar lo que has dejado por momentos. En mi vida de viajero he aprendido que cualquier lugar es bueno si te encuentras bien allí. Cualquier momento puede resultar maravilloso si estás a gusto. No sirven recetas. Encuentras tu lugar si estás bien contigo mismo. Todos los lugares tienen su personalidad, sus peculiaridades. Sólo hay que saber encontrar su punto. Pero, por último, soy de los que no puedo vivir sin el mar cerca de mí. El mar es el gran contraste, mi sueño diferenciador, mi guía.

Comentarios

maria gemma ha dicho que…
De tu articulo, me he quedado con la frase que uno encuentra su lugar si esta bien consigo mismo...
Viajar tiene mas cosas buenas que malas... uno siempre aprende.

Un abrazo
www.juliaherrera.es ha dicho que…
La maleta se guarda en el armario que sólo se abre para... ir de vacaciones.

En ocasiones las conversaciones con el alma nos dicen, si la maleta, debe de estar en "ese" u en otro armario.

Cariños para la maleta
CANTACLARO ha dicho que…
Qué bella forma de decirno que te acomodas muy fácilmente. Con la forma adorable de mirar el entorno con esa misma lo describes.

Abrazos,

Ana Lucía
http://naturalezaycaminodelmedio.blogspot.com/

.
Anónimo ha dicho que…
Quizás yo sería más nómada si tuviese los recursos o las agallas suficientes...de todos modos, no es que me incomode instalarme en un lugar por largo tiempo.

Ahora bien, ciertamente es necesario el contraste con mundos desconocidos para apreciar lo que tienes en casa, por mucho que tenga eso de "pueblo chico, infierno grande".

Ahora, quizás, me sería más fácil emigrar...necesito estar conectado y no me refiero a Internet, sino que a los medios y a lo que pasa en el Mundo; leer la prensa, cuando menos.

Saludos afectuosos, de corazón.

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