martes, 2 de marzo de 2010

EL DESVÁN DE LOS BELLOS RECUERDOS


En la frontera de los doce a los trece años decidí abandonar los juguetes que me habían acompañado durante mi infancia. Recuerdo muchos, en especial una gasolinera con aparcamiento incluido, de varios pisos, y algunos coches que se deslizaban por las rampas empinadas hasta llegar acelerados a la planta baja; los muñecos Epi y Blas; los también muñecos Cleo, Teté, Maripí,Pelusín, Coletitas y Cuquín; un fuerte con cowboys… pero sobre todo tengo en la memoria mi último juguete, un campo de hockey sobre hielo que me regalaron por aquellos Reyes mis tíos, Manolo y Carmina. Era similar a un futbolín. Consistía en un campo blanco y seis jugadores por cada equipo. Unos eran rojos y otros azules. Los jugadores de campo podían deslizarse por un carril de unos ocho centímetros y moverse trescientos sesenta grados intentando golpear con el stick una pequeña pastilla negra e introducirla en la portería contraria. Todo esto me vino a la cabeza mientras contemplaba la final olímpica de hockey el pasado domingo.

Aparte de juguetes, mi hermano y yo pasábamos las horas muertas con las chapas de los refrescos. Sólo nos servían las que no estaban dobladas o deformadas por el abridor. Teníamos de Coca-cola, pepsi, fanta, martíni, kas, mirinda, canada dry… Cada marca correspondía a un equipo que podía ser de fútbol o de ciclismo. Recortábamos, en redondo, con la medida justa, el cromo del jugador o ciclista, lo incrustábamos en el interior de la circunferencia de cada chapa y luego añadíamos, encima del cromo, un plástico transparente para preservar cada fotografía.
Si estábamos en la Calle Madrid, jugábamos con las chapas a fútbol, en una alfombra interminable que cubría todo el pasillo. Las porterías las confeccionábamos con cartulina y el balón era una ficha de parchís. Mis equipos preferidos siempre eran el Español o el Atlético de Madrid, mientras el favorito de mi hermano era el Real Madrid. Nos tirábamos horas allí agachados. Cuando pasábamos temporadas en casa de los abuelos, en Corbán, preferíamos, en el corral, marcar con tiza un recorrido sinuoso. Las etapas eran de unos cincuenta metros de longitud. Desplazábamos a nuestros ciclistas golpeando cada chapa con el dedo anular de la mano derecha. Había puertos de montaña, metas volantes… En una libreta anotábamos todas las incidencias y otorgábamos puntos a los primeros clasificados. Se establecían clasificaciones generales por puntos al finalizar cada etapa, de montaña, metas volantes y hasta teníamos un podium. Recuerdo algunos equipos: Karpy, Bic; así como algunos ciclistas (“corredores” los llamábamos): Ocaña, Piñeiro, Ventura Díaz, que era vecino en la “Ciudad Jardín” de mis tíos.

Era el año 68 y los cambios no sólo se producían en el interior de mi cuerpo, contemplaba en la única cadena de televisión, en blanco y negro, a estudiantes barbudos de Paris que se enfrentaban a multitud de policías impecablemente uniformados. Fuertes barricadas y humo por todos los lados. No entendía nada. Lo único que me importaba era que al día siguiente hiciera sol para ir a la playa. Más tarde, nos daríamos cuenta que las imágenes que entonces veíamos tendrían una importancia decisiva en el transcurso de nuestras vidas. Algo estaba cambiando en el mundo y en nuestro interior. Teníamos por delante muchos años para seguir inspeccionándolo todo, deseando que con prontitud el represivo blanco y negro que lo cubría todo se convirtiera definitivamente en un democrático y aperturista color. El erótico 69 estaba cambiándolo todo mientras nuestros juguetes se iban amontonando en el desván. En el desván de los bellos, y nunca desparecidos, recuerdos.


11 comentarios:

farregui dijo...

Si te digo lo verdad, desearía que el tan gracioso 2012 fuese una nueva
fecha marca de un cambio progresivo y continuo, y no de un final de
película. "Me entran ganas".

Saludos Luis.

La Rata Paleolítica dijo...

Que bonita entrada Luis; Desde las chapas-corredores (me acuerdo de las de kyns, una especie de kas extraño), las etapas de montaña (que imaginación), hasta la tv en blanco y negro con sus barbudos y policías enfrentados entre el humo.
Un abrazo.

Jesús.

Mariluz Arregui dijo...

Qué genial entrada...:) Para empezar, la familia Telerín !
Y el resto no tiene desperdicio..es como si viera a mis hermanos mayores :) Eso sí, se nota que éráis chicos: esa parafernalia de poner metas volantes, anotar incidencias y tal..sólo la hacen los chicos ! Qué riiiisa...
A nosotras ni se nos ocurrían esas cosas...jaja ( otras sí).

Felicidades por este escrito, y el ahhh honey honey es perfecto !
Desde lueeo, bellos recuerdos.
Gracias por compartirlo

Ah, y uno d emis hermanos nos hacía 'tragar' a los demás, en la tele en b/N, el Tour..con Ocaña ( me lo has hecho recordar), hasta que se dió la castaña...


Un beso,:)

Raquel dijo...

¿Todavía guardas la libreta donde íbais anontando los resultados?

PEGASA dijo...

Joooo que bonito. Y lo bien que lo pasabamos toda la tardes jugando en la calle. Ya me gustaría que mis sobrinos pudieran jugar en la calle. Como van cambiando las cosas..

Besitos

Marino Baler dijo...

Me ha encantado esta entrada tan emotiva. He recordado juguetes de mi infancia como un tren eléctrico, un cinexin y un exin castillos... A saber donde estarán. Yo no tengo hermanos, solamente una hermana, por eso mis juegos de chapas y canicas tenían que ser con mis amigos.
Esta entrada, para cualquiera que tenga menos de veinte años, le será inconcebible. A la familia Telerín ya no la recuerdo, era muy, muy pequeño, soy más de Casimiro. En cuanto a Epi y Blas... Tengo dos peluches en la habitación en casa de mis padres, son mis preferidos.

Un saludo.

Rufi García Nadal dijo...

Amigo Luis, tu en Santander y yo en Cartagena, Norte y Sureste,nuestras vidas eran idem que idem.
Que ilusión ver a Cleo con Cuquín.
Eran mis idolos y los pinté, porque para mi en esa época la pintura era un juego que me gustaba jugar, fijate seguimos siendo niños porque me gusta seguir jugando.......
Abrazos.

RITMO RANCIO dijo...

¡Qué buenos recuerdos!

Por cierto, las "chapas" las escogíamos planas para luego pegar las camisetas (papel con los colores ad hoc del equipo).
el "balón" un dado de madera redondeado del uso, las "porterías" con palitos de los que venian en las cajas de zapatos y las "mallas" de las mallas de las naranjas...

Horas y horas de goze absoluto...

Un abrazo
Quino

Luis Lópec dijo...

Saludos, Fer y que el 2012 sea, como dices, marca de cambio.
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Jesús, gracias por tu fidelidad. No conocí las chapas de Kyns, lástima.
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Mariluz, éramos chico, claro, las chicas en sa época eráis insoportables, no servíais para nada, jajajaja. Ahora, sin embargo, soís indispensables.
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Raquel, por desgracia no guarda nada de aquella época, sólo recuerdos.
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Pegasa, desgraciadamente los niños ahora no tienen tanta creatividad. Las máquinas han cambiado su vida.
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Marino, cuida a Epi y a Blas...qué no me enteré yo¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
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Rufi, tan lejos pero tan cerca en experiencias, ¿verdad? Saludos.

Fernando dijo...

Un desván entrañable y muy bien adecentado. Y geniales las puntualizaciones sobre el lenguaje (como lo de "corredores").
¿Quién nos iba a decir que hoy compartiríamos esos recuerdos con estos artefactos a distancia... y que el día de mañana les parecerán primitivos a nuestros nietos?
Un saludo.

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

No soy de tener muchos recuerdos de infancia...más bien de mi adolescencia, pero es más que nada por descuido en mis primeros años.

Quizás dónde estará Pepe, mi muñeco de infancia hecho de tejido. Y recuerdo esa especie de "futbolín" de hockey sobre hielo...lo quería tener en su tiempo.

¿Jugar con las chapas en vez de las figuritas de los álbumes? Pues era todo en trabajo que se dieron. Y lo del ciclismo...yo hacía algo parecido, pero a solas y con los dados.

Y sobre los cambios...bueno, ya era tiempo de protestas nacionales que anunciarían el triunfo de la oposición a Pinochet y la vuelta a la Democracia. Saludos afectuosos, de corazón.