viernes, 8 de octubre de 2010

NO HAY QUE TOMARSE A SÍ MISMO DEMASIADO EN SERIO.

Peñíscola. Foto: Luis López.

Desde hace casi dos años vengo colaborando en la publicación de Peñíscola Mandarina News. Todos sus números puden visitarse en la web:

http://www.mandarinaclub.net/noticias.shtml

Adelanto en primicia para mis lectores de "Escritos..." el próximo artículo. Espero que os guste.



NO HAY QUE TOMARSE A SÍ MISMO DEMASIADO EN SERIO.

Hace unos días, desde Mandarina, me recordaban que los escritos de los colaboradores en Mandarina News había que enviarlos cuanto antes para que el número de noviembre- diciembre viera la luz en la fecha convenida. Agradecí la voz cálida y amiga procedente del Mediterráneo. El día anterior había hablado también con dos amigos de Peñíscola. Me encontraba en Soria, tierra de poetas y, repentinamente, el frío había hecho presencia en la ciudad numantina. Ambos amigos me daban envidia sana (¿hay envidias sanas?) en referencia al tiempo. Uno de ellos estaba en mangas de camisa jugando al golf en San Jordi y el otro bañándose en la playa norte peñíscolana. Pero volviendo a la llamada telefónica desde Mandarina. Me alegró. Sin embargo, no tenía a las musas, esas diosas inspiradoras, a mi lado. Rememoré, en ese momento, uno de los fragmentos de un verso de Machado en su destierro de Colliure: “El triste mar arrulla una ilusión amarga con sus olas grises” Para todo hay que estar inspirado y yo no lo estaba en absoluto. Recordé aquel número de El Jueves, correspondiente a un 28 de diciembre, en el que se veía en la portada un tren que entraba en un túnel. El resto de las páginas estaban en negro, no contenían nada. De alguna manera, así me encontraba yo sin tratarse del día de los inocentes.

Podía escribir sobre temas recurrentes en torno a un viaje y deseando la inspiración de las musas griegas más famosas: Calíope, Clío, Erato, Euterpe, Melpómene, Polimnia, Terpsícore, Talía y Urania. Estudié todos los atardeceres vividos en las islas del Egeo, Mikonos y Santorini; también las puestas de sol en la desembocadura del río Pas, en mi tierra Cántabra. Sin embargo, nada me parecía adecuado para esa ardua tarea de escribir una columna para MN. ¿Qué pensará de mí la nueva directora de la publicación? Es posible que si se pone en su sitio me mande a freír alcachofas benicarlandas. No obstante, confío que me dé una oportunidad más, prometo intentar hacerlo mejor. Mientras estoy en esa encrucijada, haré honor al gran Harpo Marx, que decía lo siguiente, con toda la razón de su parte: "Mientras no haya una tragedia, no hay que tomarse a sí mismo demasiado en serio".

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