lunes, 20 de agosto de 2007

CANTABRIA INFINITA





Llegué a Soria hace bastantes años, demasiados, diría yo. La primera toma de contacto fue en el centro de la ciudad. Pregunté por una dirección y la respuesta fue: ¿sabes dónde está el semáforo? Se me calló el alma a los pies.
Ya metido de lleno en el invierno (recuerdo un día que salí a la calle con -21 grados c.) unos amigos, estudiantes de medicina, me invitaron a “tomar algo” en su apartamento. El que preparaba mi bebida me preguntó ¿quieres hielo? Sí, por favor, respondí. Abrió la ventana y allí se encontraba depositada la cubitera.

En ese tiempo Soria era incluso más provinciana que lo que ahora es. Visitaba habitualmente el castizo Bar Lázaro , de los pocos que aún quedan de la época. Allí se toma un vinito dulce de Cariñena que quita el sentido, acompañado de un plato de cacahuetes salados o bacalao salado también (para hacer sed). Llamaba la atención su decoración, compuesta por calendarios de fondo blanco de los últimos quince o veinte años, con dibujos de estampas sorianas. Era curioso observar las tonalidades adquiridas en cada uno de ellos debido al paso del tiempo. A más edad más oscuro, más añejo, más mohoso. También había infinidad de recortes de periódico pegados a la pared. En esa exposición del tiempo vi por vez primera una foto de Esteban Vicente. El tratamiento de la noticia era que un soriano había construido una goleta con madera de pino de Vinuesa. Ciertamente, la goleta, aparecía en todo su esplendor, preciosa.

Años más tarde, de vacaciones en la mágica isla de Lanzarote, pude comprobar, en vivo, la majestuosidad del barco con todas sus velas desplegadas al fuerte viento canario.

Hace muy pocas fechas tuve el placer de saludar y conocer personalmente a Esteban. Mi hermano, colega y amigo del capitán soriano, concertó una cita para visitar el velero que ahora, por razones institucionales, se llama “Cantabria Infinita” (buffffffff). Tuve la oportunidad de recibir información de primera mano del armador. Esteban fue enumerando las distintas fases de construcción de la goleta, las calamidades pasadas durante varios años, la estancia en el refugio de Piqueras (entre Soria y La Rioja) primero y Lequeitio después.

La sueca Elina, su dulce contramaestre y compañera en el viaje de la vida, nos enseñó pausadamente todas las dependencias del barco. Más tarde nos despedimos. Precisamente partían, a las pocas horas, al puerto de Lequeitio con un grupo de animados aventureros. Y es que, al parecer, al cabo de los tiempos todo vuelve a su origen.


http://www.cantabriainfinitamar.es/index2.html

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