sábado, 18 de agosto de 2007

GUSTAVO MARTÍN GARZO


“El reino de la literatura es el reino de aquellas preguntas que no se han respondido todavía porque no admiten cualquier respuesta”.
GUSTAVO MARTÍN GARZO

Hace pocas fechas visité un Instituto de Enseñanza Secundaria en Santander, cerca de El Sardinero. Lo que más me llamó la atención fue su biblioteca, bastante numerosa en cuánto a número de libros y muy acogedora. Estuve viendo murales y varias fotos. En una de ellas estaba Gustavo Martín Garzo junto a mi cuñado (director del centro) y varios alumnos. Había participado en una conferencia meses atrás. Al parecer encantó a los alumnos con sus hitorias. No me extraña.

Gustavo fue mi profesor de Psicología Evolutiva en Valladolid durante dos cursos. Le recuerdo con perilla, abrigo oscuro y vestuario clásico masculino. Parecía frágil, cariñoso, educado, metódico y muy amable. Aunque su característica más peculiar era la timidez (supongo que seguirá siendo tímido a pesar de la fama). En sus clases siempre me colocaba en primera fila, lo más cerca posible de él. Hablaba muy bajo y con voz uniforme. Al parecer fui buen alumno (o él buen profesor), en su asignatura siempre conseguí la calificación de sobresaliente.

El Premio Nacional de Narrativa por su novela “El lenguaje de las fuentes” nos insistía una y otra vez para que denomináramos al C.I. cociente intelectual. Era moda entonces, y ahora también, llamar al C.I. coeficiente intelectual y eso a Gustavo le sentaba fatal.
Siempre nos explicaba que el cociente intelectual (abreviado C.I. o I.Q. en inglés) es el resultado que se obtiene dividiendo una cantidad por otra. Se trata de obtener un número que resulta de la realización de un test para medir las habilidades cognitivas de una persona (inteligencia), en relación a su grupo de edad. (Relación existente entre la edad mental y la edad real de una persona). El C.I. medio de cada grupo de edad es 100. De esa manera una persona que con un C.I. de 110 está por encima de la media. Los tests se diseñan de tal manera que la distribución de los resultados sea aproximadamente la distribución normal o gaussiana, es decir, que siguen la curva normal.

Años más tarde, Gustavo se hizo famoso con tres novelas. Luego recibió el Premio Nacional de Narrativa y después, en 1999, obtuvo el Premio Nadal por “Historias de Marta y Fernando”.Es un defensor de los cuentos de hadas. Le gusta el boxeo, el cine y “glotonear”. “El alimento es la manera de incorporar el mundo a ti mismo”.

En 1974, pocos años antes de impartir clases, se casó con la poeta Esperanza Ortega, que es la persona central de su vida y su mejor colaboradora.
En casi todas sus obras aparece el mundo rural como un mito repleto de magia.

Sus libros más famosos: Tres cuentos de hadas, Los amores imprudentes, La soñadora, El hilo azul, El valle de los gigantes, El pozo del alma, El pequeño heredero, La vida nueva y La princesa manca, entre otros.

He leído casi toda su obra, sus publicaciones y artículos de prensa (los hay muy buenos sobre la infancia, los discapacitados, la pobreza, la naturaleza…). He enviado correos a su editor para que felicite en mi nombre a Gustavo por su narrativa y su éxito –insistiendo que soy ex alumno suyo-, pero nunca he conseguido entrar en contacto con él. ¿La fama?

Seguiré insistiendo. No admito el silencio por respuesta.

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