lunes, 12 de noviembre de 2007

CUMPLEAÑOS




Desde la fecha de mi cumpleaños llevo celebrándolo cinco veces. Ya parece una justificación para hacer algo distinto. Lo curioso son los regalos que he recibido. Entre mis amigos y familiares corre el bulo de que entiendo de vino, esa ha de ser la causa para que todo el mundo me obsequie con botellitas. El primer regalo llegó dos días antes proveniente de Colombia, aunque enviado desde los Pirineos. Llegó perfectamente embalado y contenía tres cosas, un sobrecito con una nota, una rosa seca de color amarillo y una botella de Rioja reserva. Dos días más tarde de recibirlo -la fecha concreta de mi cumpleaños- lo celebré con una pareja de amigos zaragozanos de setenta años. Tomamos café, pastelitos, dulces, bombones y una copa de champán (que ellos me habían regalado junto a otra botella de vino de su tierra: Somontano) teniendo como fondo una espléndida bahía que se contemplaba desde su casa. Luego echamos una partida de cartas de un juego muy divertido que me enseñaron. Por supuesto gané yo.
Días más tarde, con los años cumpliditos, salimos a cenar dos parejas, a un asador. Obviamente la excusa era celebrar mi cumpleaños. No contentos con esto, al día siguiente vinieron a comer las mismas personas, a mi casa. ¿Mi regalo?- piensen un poco-. Correcto, dos botellas de vino Viña Tondonia (uno de mis favoritos).
Una semana después de esta celebración, en mi casa familiar de Santander me prepararon una fiesta sorpresa: “celebración de mi cumple”. Ciertamente es una satisfacción tener a todos tus seres queridos juntos reunidos a la mesa, máxime si se trata de compartir percebes de mi zona, almejas, pulpo, cigalitas…
Anoche, después de regresar a casa de una fiesta de cumpleaños de la hija de unos compañeros, me reuní a cenar con tres amigos. Teníamos que celebrar mi cumpleaños. Joder, si ya ha pasado casi un mes. Qué manía. Lo pasamos excepcional. Hablamos de música, comida, Chávez y con el pretexto del vino que estábamos bebiendo -Dehesa La Granja-, uno de ellos nos habló de su amigo Alejandro Fernández, dueño de las Bodegas Pesquera. Acabamos con un cava riojano, me entregaron mis regalos: una moleskine, un mueblecito para almacenar Cd,s y ¡sorpresa! una botella de un rico caldo reserva de Rioja.
A última hora debíamos estar muy “moscos” (en Soria se denomina así a los borrachos) ya que acabamos cantando el Himno Valenciano. (Hay una máxima entre los deportistas: cuidaros seis días a la semana y el último desmadraros)
Esta mañana me he levantado con un leve dolor de cabeza. Espero que sea la última celebración hasta mi próximo cumpleaños, ¡menos mal que sólo cumplo una vez al año! Mientras tanto beberé algo de vino que tengo almacenado. Pero sólo un poquito y una vez a la semana.

2 comentarios:

Raquel dijo...

Rica la celebración y hermoso el gusto de todos por querer celebrar al cumpleañero.
Felicidades!

C.C.Buxter dijo...

Menos mal que no celebras los "no cumpleaños", si no ibas a acabar con peor fama que el pobre José I, alias el rey de copas.