lunes, 19 de noviembre de 2007

LA INMIGRACIÓN


La inmigración se está convirtiendo en uno de los mayores problemas de la Unión Europea. Hace pocas fechas, en Italia, una mujer de 47 años, Giovanna Reggiani (esposa de un oficial naval), murió tras ser golpeada y violada por un rumano que le robó el bolso y la dejó tirada en el arcén. El joven rumano fue detenido, cerca del lugar de la agresión, en un barrio periférico de Roma. Otra rumana, que sorprendió al sospechoso manchado de sangre y hurgando en el bolso de la victima, avisó a la policía.
A las pocas horas de ser detenido el agresor, Walter Vectroni, alcalde de Roma, convocó una rueda de prensa y exigió mano dura contra la inmigración descontrolada.

Existe en Italia un dato que ha calado en la sociedad: el 75% de los detenidos es rumano. Desde la apertura de las fronteras este año a Bulgaria y Rumanía la inmigración de este último país se ha disparado, con 550.000 personas, son los extranjeros más numerosos en Italia.
La pasada semana el gobierno de Romano Prodi (ex titular de la Comisión Europea) envió al parlamento un paquete de legislación en materia de seguridad, incluyendo una medida de expulsión de inmigrantes. La medida se aplicó por decreto y se calcula que 300.000 rumanos son los catalogados de “peligrosos para la sociedad” y podrán ser expulsados.
Ciertamente me parece que con estas medidas pagaran justos por pecadores. No me entra en la cabeza que más de la mitad de los rumanos que viven en Italia sean considerados peligrosos para la sociedad.

Visité Rumania pocos años antes de que Ceaucescu fuera asesinado. Pude comprobar in situ que el régimen comunista hacía estragos en la población. Conviví con varias personas, tanto de la capital como de otras ciudades (Sibiu, Poiesti…), también con gentes de Transilvania y de los Cárpatos. No sé si por miedo a la situación política o por otras razones, me pareció un pueblo tan honrado como cualquier otro. Ahora, transcurridos más de veinte años, me impresiona que sean tan peligrosos (o, al menos, considerados así). Vivimos en una sociedad desenfrenada en la que cada vez existen más diferencias sociales. También entre los países miembros de la Unión Europea las diferencias son abismales. Legalmente todos somos iguales, podemos circular libremente y debemos buscarnos el sustento. Conocemos por datos oficiales que un alto porcentaje de rumanos es detenido. El problema de Italia (como el de España) es la falta de previsión sobre la inmigración. Hay que esperar a que se carguen a la esposa de un oficial (no de un obrero) para adoptar medidas drásticas. La inmigración discurre por un trágico camino y los gobiernos, antes de que sea demasiado tarde, tienen que marcar una línea política y social a seguir, para evitar que no sean ellos los realmente “peligrosos para la sociedad”.

8 comentarios:

C.C.Buxter dijo...

Dejando de lado la ironía de que Italia, exportadora mundial de la mafia, ahora clame contra la criminalidad extranjera... estamos ante un problema que no es únicamente italiano sino, al menos, europeo: la medida italiana no sólo ha sido acogida favorablemente allí, sino que también es bien vista en otros paises (entre los que se encuentra España).

La medida en cuestión (expulsión del extranjero que delinque) no es nueva en sí misma, sino en cuanto que se puede aplicar a ciudadanos de la Unión Europea, lo que supone una restricción a la libre circulación de personas. En España se puede expulsar (y de hecho se expulsa) a los extranjeros que son condenados a penas de prisión inferiores a seis años siempre que residan ilegalmente en España; con este criterio antes se podía expulsar a los rumanos que no tenían residencia legal, pero ahora no se podrá porque están amparados por el acuerdo Schengen.

Adoptar medidas que diferencian entre nacionales y extranjeros es un riesgo, aunque yo creo que en este caso no es tal: la medida no se aplica al extranjero, sino al extranjero que ha cometido un delito. De hecho, creo que si no se adoptan medidas de este tipo, restrictivas y justificadas, se corre el peligro de que aumente el apoyo a fuerzas políticas netamente xenófobas y autoritarias. Mi ciudad ha experimentado una gran llegada de inmigrantes en la última década y el racismo ha crecido no mucho, sino muchísimo, entre gente que en general se considera de izquierdas (de hecho, los únicos gobiernos que hemos tenido aquí han sido de IU y PSC).

El caso de los rumanos, por lo demás, es curioso, porque se refiere a los rumanos de etnia gitana, que no son considerados como compatriotas por muchos rumanos. Sin ir más lejos, el marido de una prima mía es rumano y no los considera como tal.

u dijo...

yo soy pro inmigracion total
mexcla mexcla!

u minúscula dijo...

yo soy muy pro inmigración

Sir John More dijo...

Me encantaría viajar a Rumanía, y todos los que me hablaron de ese país me dijeron que está lleno de buena gente. Además, el pueblo rumano parece ser, por tradición, un pueblo rendido y melancólico, y por ello también pacífico y adorable. Pero no hay que olvidar que en estos tiempos que corren gran parte de los delincuentes del país (cuya proporción no sea mayor que la de los delincuentes de cualquier país) estén buscando negocio fuera del mismo; y tampoco hay que olvidar que dos asesinos en una población emigrante de cientos de miles pueden espolear la imaginación malnacida de muchos racistas. De todos modos, estoy contigo en que hay que tomar medidas, y en que esas medidas no pueden suponer la expulsión de los inmigrantes, primero por humanidad y por fraternidad, pero también por puro interés de nuestras sociedades: necesitamos a los inmigrantes. No sé cuándo nos vamos a dar cuenta.

Un abrazo y gracias por el texto.

Luis López-Cortés Martínez dijo...

Amigo c.c. buxter: el caso es que se trata a todos por igual, todos son rumanos (gitanos y no gitanos). Estoy de acuerdo con la expulsión de los que han cometido delito, pero ¿no te parece un número desorbitado 300.000?.

Querida U.: Creo que la inmigración total traería consecuencias negativas irreversibles.

Sir: Hablaré más adelante de mi experiencia en Rumanía. Gracias a ti por la lectura. Saludos.

ANA DE LA ROBLA dijo...

Problema peliagudo. En la inmigración, como en tantos otros temas, pagan justos por pecadores.

Bien apunta C.C.Buxter que, por un lado, es peligroso establecer una legislación discriminatoria españoles/no españoles, pero al tiempo algo hay que hacer con las personas que vienen a España estrictamente a delinquir -como es el caso de las bandas de rumanos organizadas-. Si a unos padres se les exige vida, ingresos y características intachables para adoptar, no me parece mal que se exija lo mismo a quienes entran a vivir en nuestro país. Con lo malo de casa hay que aguantarse porque no queda más remedio, pero de ahí a favorecer la importación de delincuentes creo que hay un paso gordo. Por supuesto, hay rumanos encantadores y honrados; sólo faltaba. Rumanos y de todos los países. Pero otros no lo son.

El tema de la extranjería es muy delicado y hay que conocerlo bien. Yo, por motivos de trabajo, lo conozco mejor que otros, y eso de que ¡vivan los inmigrantes! hay que cogerlo con pinzas. Muchos de ellos, según salen de su país, rompen su pasaporte. Así, al carecer de identidad, el estado receptor no sabe de su historial ni tampoco puede deportarlos de vuelta. También están los empresarios que los importan para explotarlos y machacar los salarios de los nacionales. Detrás de la inmigración se oculta mucha porquería, y la realidad evidencia cada vez con más notoriedad que el romanticismo en materia de inmigrantes no es buen consejero.

Un fuerte abrazo.

Luis López-Cortés Martínez dijo...

Querida Ana: Todos los problemas son peliagudos. Tus consejos son para quitarse el sombrero, se nota que dominas el tema. Creo que, finalmente, adoptaré un rumano (bueno). ¿Bueno?.
Besito.

Raquel dijo...

Es un problema que apenas si acaba de empezar. Dentro de unos años nos vamos a dar cuenta de que las medidas que tú crees que hay que empezar a diseñar ahora, realmente van a ser más que necesarias.
Un abrazo