miércoles, 7 de noviembre de 2007

MEMORIA HISTÓRICA





Tío Olegario era hermano de mi abuela materna. Durante la guerra civil española fue capitán de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y combatió contra los nacionales. He leído que en el año 1936 la CNT tenía en España dos millones de afiliados.Tío Olegario fue capturado y hecho prisionero por el bando contrario, permaneciendo en la cárcel de la calle Alta, en Santander, durante varios años. Afortunadamente no se le imputaron crímenes de guerra.
Durante los años que su hermano permaneció en la cárcel, mi abuela le llevaba, todos los días, la comida. Tenía que desplazarse desde Corbán hasta la calle Alta unos doce kilómetros, entre ida y vuelta, andando. En la sala de espera de la cárcel, donde se reunían los familiares, contaba que coincidía con un perro pastor alemán, ya no recuerdo su nombre. Ese perro también proporcionaba diariamente la comida a su dueño encarcelado. Mi abuela investigó sobre ese tema, le resultaba conmovedor. Un día siguió al perro y acabaron en la Estación del Ferrocarril. Una vez allí, el animal se subió a un vagón de un tren con destino a Torrelavega. Mi abuela preguntó a varios trabajadores de la Estación y todos conocían al famoso can. Al parecer, diariamente tomaba un tren en Torrelavega hasta Santander y luego realizaba el recorrido en sentido contrario. Todos los inspectores le conocían, sabían su ocupación y por eso le dejaban viajar gratis junto al resto de viajeros. Un buen día mi abuela le echó en falta. Por primera vez no había acudido a su cita diaria. Le informaron que el perro había muerto el día anterior.
Tío Olegario salió de la cárcel y tuvo que abandonar, por orden judicial o tal vez ministerial, su tierra. Se instaló en Palencia, conoció a una maravillosa mujer, se casó y pasó el resto de su vida en la ciudad castellana. Cuando yo era aún niño recuerdo que viajaba con mi abuela a visitarlo. La consigna que siempre recibía era que no hablara nunca de la guerra. Así que me sentaba frente a él, en la cocina de su casita, y escuchaba la radio, su pasatiempo favorito. Me quedaba mirándolo absorto como si se tratara de mi héroe favorito. La emisora siempre era la misma: Radio Paris Independiente. Yo no entendía nada de lo que decían pero permanecía ausente escudriñándolo. Los domingos por la mañana siempre veíamos juntos el concierto que daban por UHF. Era su respiro dominical.
Cuando Franco accedió al poder, casi todos los vecinos de mi abuela, en Corbán, desaparecían en camiones. Mis familiares nunca volvieron a verlos. Ella temía por su vida, al fin y al cabo era hermana de un traidor. Pasaban los meses y, afortunadamente, nadie se fijó en ellos. Mi abuela llevó una vida intensa de trabajo pero su humildad, su arrojo, su saber mirar al frente, su generosidad y un gran sentido común (y del humor) le sirvió para hacer más llevadera su vida y la de su familia. Ha sido una de las mujeres más importantes de mi vida. De ella aprendí a ser perseverante, a no olvidar de donde provengo, a ser tolerante, abierto, disciplinado y honrado.
Los políticos ahora nos hablan de la “memoria histórica”. Mi memoria histórica es la que he escrito y nadie puede dar marcha atrás. Nuestra memoria nos tiene que servir para seguir adelante por un camino más humano, más tolerante y más pacifico. Lo demás no es que sobre, incluso puede estar bien, el problema de fondo es que los votos mandan y para ese cometido suelen ser las intenciones. Soy ateo de la política.

2 comentarios:

Raquel dijo...

Esta historia es impresionante. Y también esto que dices de tí con tanta entereza y que lo escucho como verdad que no tiembla: "De ella aprendí a ser perseverante, a no olvidar de donde provengo, a ser tolerante, abierto, disciplinado y honrado".
Un abrazo

Luis López-Cortés Martínez dijo...

Al menos lo intento querida Raquel.