viernes, 3 de julio de 2009

UN DÍA ESPECIAL EN BARCELONA


Carretear Barcelona acompañado de dos bellas mujeres de la talla humana de Julia Herrera y de su hija Eli no ocurre todos los días. Hasta el insoportable calor húmedo se soporta de buena gana. No es para menos. Las horas pasan sin darte cuenta y las conversaciones van enlazándose de manera natural. La belleza del Barrio Gótico se acrecienta y disfrutas del paseo preocupándote tan sólo de respirar, oler, hablar, andar. Se entremezclan, de manera ejemplar, el castellano y el catalán. Algunas risas, fotos, proyectos, recuerdos, aderezan la mañana. Tomamos un café en una terraza de un patio cargado de historia y me dejo colocar un turbante al puro estilo moruno. Más risas, más fotos. Ineludiblemente, el tiempo va pasando (no así el calor). Eli nos lleva al, recientemente reformado, Mercado de Santa Catarina, cerca de la Catedral. Antes, una “presunta” periodista del Periódico de Cataluña, aborda a Julia Herrera. Hacen un reportaje sobre el abanico. En una de las semanas más calurosas de los últimos cinco años (siempre me toca), el abanico resucita en manos de los turistas y de los residentes. Julia acepta el reto de dejarse entrevistar y posar, con el abanico que lleva entre manos, para una foto que documentará el artículo (que aparece, ocupando una página, al día siguiente). Y, aprovecha, claro, para venderse a ella misma. Creativa cultural, escritora, presidenta de la asociación artística “Ocre y oro”. Se queda un buen rato con la “presunta” periodista que al día siguiente, obviamente, abandona su “presuntez”. El reportero gráfico, sofocado, soporta estoicamente la que está cayendo a las dos de la tarde. Entramos al restaurante “Cuines de Santa Catarina” y está prácticamente lleno su amplio e informal comedor. Eli habla con la responsable y, enseguida, compartimos una de esas mesas grandes, del tipo a las de los mesones, con una familia estadounidense. Bebemos vino (no tanto como pretende el camarero). Compartimos nuestros platos y, en los postres, Eli adopta, repentinamente, el papel de sensata brujita. Nos ponemos serios por momentos. Caminamos hasta el Port Olimpic por calles en obras. Llegamos con dificultad y tomamos una copa con unos amigos. Finalmente llega la despedida y las dos mujeres desaparecen en las largas calles que conducen a su casa. Es por la tarde y ha remitido un poco el calor veraniego. Me introduzco en una furgoneta y todo cambia repentinamente. Los bellos momentos, junto a ellas, quedan grabados en mi disco duro. Intento descubrirlas por alguna calle pero, físicamente, ya no están. Gracias por compartir un ratito de vuestro tiempo conmigo.

5 comentarios:

http://ocreyoro.blogspot.com dijo...

Estamos muy guapos...!!!

Moro que eres un moro, ahí nos tienes a las dos... pobres...!!!!

Por cierto en Alhambra, está el clavel, ve y mira!

Only dijo...

Luis, me empiezo a preocupar...
empezaste por un catálogo encima de la azotea, y ahora ya te pones turbantes...::))))
Es inevitable preguntr cuál puede ser el siguiente paso..jajaja
Veremos, veremos,



Qué dulce Julita...
preciosa imagen.


Un besazo para los dos

Elizabeth Sandoval dijo...

Bien Luis...

Quiero darte las gracias por compartir con nosotras un "tan caluroso día".

Fue un honor conocerte, un honor conversar contigo...

Espero que el autógrafo que ha quedado pendiente me lo extiendas en Soria. Conozco un bar muy interesante allí..."Bar Nizza", ¿no?

Un caluroso (jejeje) abrazo

Elizabeth Sandoval (o como tu me llamas, Eli)

http://nochesdealhambra.blogspot.com dijo...

Only corazón... espero que pronto nos encontremos en una expo buen hermosa en donde disfrutemos de lo lindo. Ahora, como verás, ya no llevo guantes de Sol.

Besos

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

En buena compañía, todo es soportable...absolutamente todo.

Me ha llamado la atención lo del turbante moro...¿alguna razón en particular para semejante postura? ¿Y por qué esa desconfianza con los que ejercen el periodismo?

De todos modos, los momentos inolvidables quedan bien guardados y refrendados. Saludos afectuosos, de corazón.