Ir al contenido principal

LYON. “UN CERTAIN REGARD”-2






En Lyon abundan los inmigrantes. Hay, sobre todo, árabes, población negra y asiáticos. La convivencia está asegurada, es un ejemplo de armonía (o así lo parece). Estuve hospedado en un hotel de las afueras y tenía que utilizar cada día el transporte público. No es más caro que en España. Primero tomaba el tramway (tranvía) para retroceder dos estaciones, camino opuesto al centro, para luego, en metro, llegar a la catedral o a la plaza de Bellecoure. Al igual que en otras ciudades, Lyon también está repleta de cámaras que vigilan al ciudadano. Al lado de mi hotel está la colonia asiática. Uno de los días me acerqué a un hiper asiático, repleto de mercancía de ese continente. Pasé un buen rato viendo productos exóticos cuya existencia desconocía por completo. Compré dos botellas de agua. En la caja en la que guardé cola había, delante de mí, un chino con dos carritos repletos de compra, luego otra chica también asiática y antes que yo una mujer de raza negra. Cuando le tocaba pasar a la mujer negra, otro chico con un carro repleto, que acompañaba a la chica anterior a nosotros, llegó e intentó colocar su mercancía sobre la cinta de la caja. La mujer negra no se lo permitió. Tanto ella como yo llevábamos muy pocos productos y mucho tiempo esperando. Así que cobraron a la mujer y el cajero me hizo una seña para que colocara mis dos botellas de agua sobre la cinta. Cuando le dije qué le debía me contestó que ya lo había pagado la mujer anterior. Le agradecí la amabilidad ya que gracias a ella yo también había adelantado al chico que llegó tarde y quise pagarle mis dos botellas. No fue posible, estaba invitado.

Otra anécdota, con diferente cariz, me ocurrió esa misma tarde. Los billetes para los transportes públicos sólo pueden sacarse en una máquina destinada para ello. Solo admiten monedas o tarjetas de crédito. Ninguna de mis tres tarjetas eran admitidas, por lo tanto siempre tenía que llevar cambio en el bolsillo. Al dejar el funicular que baja de Notre Dame, en el barrio alto, me di cuenta que no tenía monedas para volver a mi hotel así que aprovechando que al lado de la estación había una oficina de información y venta de billetes, como nos íbamos a quedar a cenar por la parte vieja entré para que me cambiaran diez euros, a la hora de regreso estaría cerrada. Tendí a una de las chicas, que se encontraba en una ventanilla, un billete de diez euros para que me cambiara. Me contesto que sólo vendía billetes (que caducaban al cabo de una hora) pero que no podía darme cambio. Le expliqué mi problema pero me envío a una mesa que atendía su superiora. Le expliqué nuevamente mi situación y me dijo en castellano: “A un español no queremos cambiarle”. Exploté en cólera y le dije que esa contestación me la tomaba como exaltación de puro racismo y que la denunciaría por ello. Me dijo que no se trataba de racismo, comprobando que tocaba un aspecto que está perseguido en una sociedad, que hasta entonces, me había parecido un ejemplo de convivencia, como dije más arriba. No sirvió de nada. Me fui de allí con un cabreo que tardó varios minutos en desaparecer. En todos los sitios podemos encontrarnos situaciones favorables o desfavorables dependiendo de la persona con la que dés. Por suerte, sólo tengo dos anécdotas negativas de mi paso por Lyon y muchas más positivas del tipo a la ocurrida con la mujer negra de la cola del hipermercado. Otro día, comíamos en un “bouchon” de la calle principal, en la parte vieja. En una de esas mesas pegadas literalmente a la nuestra, una chica que acabó de comer nos pidió permiso para fumar. Estábamos en una terraza al aire libre. En España seria impensable esa situación. Los aseos de todos los restaurantes son mixtos. Coincidí, en la entrada del baño, con una cliente británica y, educadamente, la dejé usar el baño antes de hacerlo yo. Esperé, tranquilamente, a qué acabará de utilizarlo. Como tardaba, el jefe del “bouchon” que era árabe, cada vez que pasaba por allí golpeaba la puerta propinando a la británica insultos. Antes que saliera desaparecí no fuese a creer que era yo el impresentable que le metía prisa. Me fui de allí y prometí, a pesar de que comimos de maravilla, no volver nunca más.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Veo esos ejemplos de amabilidad con el extranjero y me pregunto si es que acá en Chile, donde nos preciamos de querer al amigo cuando es forastero, seremos capaces de hacer lo mismo.

Pero lo que te tocó con una inmigrante fue todo lo contrario a lo de la funcionaria de transportes. Pero claro...si se hace el balance, mejor quedarnos con lo positivo y pensar que esa desafortunada declaración no es más que una excepción que confirma la regla.

Saludos afectuosos, de corazón.
Raquel ha dicho que…
Gracias por compartir estos preciosos paseos, momentos deliciosos y anécdotas sin desperdicio alguno.
Un abrazo

Entradas populares de este blog

Castilla la Vieja, León, Vascongadas, Murcia y Castilla la Nueva

La lectura de un libro me ha trasladado a la época que me tocó vivir en tiempos del dictador Franco. Todo ha surgido cuando se describía, en un capitulo de la novela, un mantel de plástico decorado con el mapa de España de entonces. ¡Qué recuerdos! La geografía de España durante esos años era algo distinta a cómo es ahora. La actual Castilla y León estaba dividida es dos regiones; por un lado, Burgos, Soria, Segovia y Ávila, acompañadas por las actuales autonomías de Cantabria y La Rioja (esta división se denominaba Castilla la Vieja), y por otro lado estaba León. Esta región la componían León, Zamora, Salamanca, Valladolid y Palencia. Castilla la Nueva estaba formada por las provincias de Toledo, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y la actual Comunidad de Madrid. Murcia era Albacete y la provincia de Murcia. El País Vasco se denominaba Vascongadas. El resto de las comunidades autónomas tenían la misma distribución que en la actualidad. Recuerdo que contando 14 o 15 años teníamos, en mi

SEMANA FATÍDICA PARA EL CINE

Semana fatídica para el mundo del cine. Ingmar Berg man , director sueco, falleció ayer a los 89 años de edad. Autor de clásicos del cine como "El séptimo sello " o "Fanny y Alexander ", se encontraba retirado en su casa de la isla del Mar Báltico desde hace años. Bergman llegó a firmar más de 40 películas, entre ellas "Fresas salvajes " (1957), "Gritos y susurros " (1972), "Escenas de la vida conyugal " (1974) o "Sonata de otoño " (1978). Su obra más conocida es, sin duda, "El séptimo sello", de 1957, cumbre del cine protagonizada por Max Von Sidow, entre otros. Bergman abordó, con una visión casi siempre trágica, las relaciones entre hombres y mujeres, la muerte, la existencia de Dios o el sentido de la vida. Buena culpa de ello tuvo su educación religiosa y severa, elegida para él por su padre, pastor protestante. Hoy, un día después de la muerte de Bergman, nos ha dejado otro maestro del cine, Michelangelo Anton

Chlöe's Clue - Carmín y Rubor

Tras dos discos a sus espaldas repletos de historias, llantos y celebraciones aderezadas con apasionados ritmos de baile y de belleza, Raquel vuelve con un nuevo trabajo en el que se aprecia un cambio en su libro de estilo que ahora abraza sin corsés y con total admiración la música latina, donde el Tango, la Bossanova o el Bolero, se presentan con una mezcla natural y abrazada sin excesos, con una gran dosis de valentía y respeto, que acompaña y complementa su acuñado sonido. Su firma ya es una de las más personales en el panorama musical de nuestro país, por su originalidad, por la pasión de sus composiciones y por la falta de necesidad de contextualizar su música en ningún estilo que esté marcando tendencia en la música de nuestro entorno más cercano, porque su libertad compositiva y el arte que lleva dentro, no necesita anclajes, solo dosis elevadas de creatividad y de expresión visceral, desde su más pura esencia. Por ello su tercer disco viene con algunos cambios respecto a traba