miércoles, 23 de julio de 2008

DIARIO DE UN FIBER (1)



Me gusta llegar pronto a Benicàssim para aparcar con comodidad y tomarme un café con hielo en algún bar del centro. Era domingo y el día era especialmente caluroso con un alto índice de humedad en el ambiente. El desplazamiento duró una hora. Lo hice muy despacio. La carretera general que atraviesa la costa levantina es una de las más peligrosas del país. Escuché en la radio que habían explosionado en mi tierra, Cantabria, cuatro artefactos. Concretamente en las playas “La Salvé” de Laredo y en la del “Ris” de Noja. La banda ETA reanudaba la campaña de verano. Justamente el año anterior, por estas mismas fechas, en la carretera por la que ahora circulaba hubo un gran dispositivo policial debido a la explosión de una bomba en el municipio castellonense de “Coves de Vinromá”. Hice la mitad del recorrido detrás de un Mercedes descapotable de color negro. El tipo que lo conducía mantenía un parecido colosal con Flavio Briatore. A su lado, una cabellera dorada de mujer era sacudida constantemente por un viento incesante. Me entretuve a ratos con la danza de su cabello que encadenaba bellos dibujos en el aire. Al llegar al desvio hacía Benicàssim, por la costa, el Mercedes dio también el intermitente. Pasamos por “Les Caletes”, urbanización en la que veraneaban los Aznar, y pronto llegamos al centro del pueblo. Flavio y su rubia siguieron hacía el FIB. Con seguridad iban también al concierto.
Atravesar la calle principal del pueblo y el camino que lleva al FIB a las seis de la tarde, algo más de dos kilómetros, es tarea espinosa. Cerca de 40 grados, humedad alta y el sol justo encima de tu cogote hacen que llegues sudoroso al punto de entrada. Aunque siempre te queda la “satisfacción” de pensar “peor lo pasan los británicos”, tan poco acostumbrados a los húmedos calores mediterráneos, que jadeantes y sudorosos arrastran sus cuerpos hasta la puerta principal.
Una vez dentro siempre te sorprende alguna innovación en relación al año anterior. Pocos metros después de atravesar el riguroso control, una máquina, similar a las que lavan los coches –un tren de lavado-, va atrayendo a las personas que acaban de ingresarr en el recinto. Entras y te topas con un pulverizador que te empapa, luego te secan una especie de toallas amarillas que van dando vueltas, el siguiente espacio está atiborrado de pompas y, por último, un secador intenta eliminar el agua que te empapa. La idea me parece espectacular. Cuando lavo mi auto en uno de esos artilugios siempre me atrae la idea de exportarlo a los seres humanos. Pero, vaya, se me adelantaron.
La segunda novedad es una discoteca silenciosa. Ves a la gente danzar y no distingues melodía alguna. Cada uno la lleva incorporada. Unos auriculares te dan la opción de conectarte a dos canales. Luego cada uno danza a su manera sin tener que molestar a nadie con los altos sonidos que desprenden los altavoces. Debería exportarse a algunos lugares que hacen del ruido su bandera y que incomodan constantemente a los más tranquilos.
La deshidratación es evidente y por ello conviene acercarse a alguna de las barras que ofrecen una cerveza conocida. En esta edición no hay colas. Supuestamente la crisis y el alto precio (la caña ya cuesta dos euros cincuenta) son los culpables de que los FIBERS no se acerquen por allí. Cuando abandono el recinto evidencio una de las principales razones. Los grupos comparten, en la plaza exterior, neveras repletas de bebidas. Siempre hay alguien vigilándola mientras el resto del grupo disfruta de los conciertos. Cuando acaba un concierto toda la peña se desplaza a la nevera, calma su sed, y van rotando de vigilante. Sin duda es una excelente manera de ahorrar. Las arcas del FIB habrán notado la estrategia.

1 comentario:

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

Uh...yo también me topé con la noticia de los artefactos explosivos detonados por ETA (que a estas alturas parecen pataleos desesperados).

Soluciones prácticas para los días de calor, por lo que veo. Lo de la discoteca silenciosa...sí, perfecto para evitar la contaminación acústica, pero elimina de cuajo el sentimiento colectivo ante una misma melodía.

Saludos afectuosos, de corazón.