lunes, 8 de junio de 2009

"SÓLO SOY UNA CHICA FRENTE A UN CHICO INTENTANDO QUE LA QUIERA"


Recorría la llanura desértica de Aragón, en dirección a Castilla, instalado en un autobús. Estaba concluyendo las últimas horas de una intensa semana de trabajo con un grupo de discapacitados y me encontraba en ese estado que produce el cansancio acumulado junto al reencuentro de la ansiada libertad. Intentaba dormir pero era imposible hacerlo en el reducido espacio de un asiento. El conductor puso una película y, al menos, no estaba a un volumen brutal. Enseguida reconocí la sintonía. Se trataba de Notting Hill. Abandoné las preocupaciones y mi mente voló a ese barrio londinense mientras continuaba sonando la música. Notting Hill es uno de los barrios (junto a Camden Town) que más me gusta de Londres. Tiene una elegancia adulterada. ¿He dicho “elegancia adulterada”? Dios mío. Cuando lo construyeron era un barrio obrero pero con el paso de los años se fue reconvirtiendo a otro de clase media-alta. Sin duda, gracias a su situación. Antes de finalizar los créditos de presentación de la película, recordé cuatro detalles de Notting Hill. Portobello y un pub precioso situado en un corner; un tipo al que le preguntamos algo y llevaba el mismo modelo de zapatos que los míos (por cierto españoles); la librería (el edificio) donde se grabó la película y una tienda de vino con casi todas las denominaciones de origen españoles. Curiosamente, a pesar de no cultivarlos, los ingleses son grandes conocedores del vino.

Comenzó la película y, como siempre, quedé cautivado con la interpretación de su protagonista femenina. Julia Roberts borda su papel. Ya sé que la peli es muy románticona y un poco cursi a veces, pero la seguí como si fuese la primera vez que la veía. Cuando los amantes son de distintas clases sociales siempre ocurre algo que da juego. No soy de los que pienso que los blancos han de casarse con blancos, los príncipes con princesas y los pobres con pobres, pero considero qué, generalmente, el amor se produce entre personas del mismo barrio, la misma universidad y es difícil hacerlo en estratos sociales diferentes. A un burgués no suele interesarle un obrero ni a un licenciado un analfabeto.

El final de la película es lo que menos me gusta. Se trata de una escena cotidiana (hombre lee en un banco de su burguesa finca particular. La cabeza de la mujer reposa en sus rodillas. Una pareja de felices niños, muy pijitos, corretea a su alrededor).
La Roberts está inmensa cuando se planta delante de él, en la librería de su propiedad, y le dice: "sólo soy una chica frente a un chico intentandoque la quiera" . En la escena se rompen las ataduras sociales y…empieza el amor de verdad.
Cuando finalizó la película estaba llegando a mi ciudad. Había quedado atrapado en la fingida historia cinematográfica y lo agradecí. Desentumecí los músculos, me asomé a la ventana y comprendí que en pocos minutos retomaría mi quebrada libertad. Sonreí pensando en el baño espumoso que tomaría nada más llegar a casa escuchando a mi querida Diana Krall. Igual que la película, todo había, por tanto, terminado.

1 comentario:

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

¿Me creerás si te digo que jamás he visto Notting Hill? (a lo más, los créditos finales con ese cover que Elvis Costello hace de Charles Aznavour). Era en los tiempos en que Hugh Grant aparecía en toda película romántica y, la verdad, me tenía un poco enfadado.

Ahora, si alguna vez voy a Londres...claro que me gustaría pasar por allá, pero tengo otras prioridades como Abbey Road.

Antes de despedirme, agradecerte por estar dentro de los Colaboradores de Campaña y de los Asesores de Campaña del pasado mes de Mayo. Saludos afectuosos, de corazón.