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DE COMILLAS A LA HABANA, PASANDO POR PECHÓN.



Partimos de Comillas. Es impresionante como ha crecido. En la parte alta, en el barrio Rovacías , se ha formado una urbanización de gran tamaño. Hasta hay un hotel con campo de golf enclavado entre formaciones montañosas. No me cabe duda que muchas de las bolas jugadas acabaran en la parte más baja de esos constantes montículos. Por la tarde, con severos problemas para aparcar, nos acercamos al Palacio de Sobrellano para visitar la exposición de Enrique Gran, pero debido al excesivo tiempo dedicado al aparcamiento llegamos cuando faltaban pocos minutos para cerrar.

Para acceder desde Unquera hasta el pueblecito de Pechón pasamos por Tina Menor. Llovía ¿cómo no? pero pudimos disfrutar de la belleza de las marismas y de ese color verde del mar tan infrecuente por el Cantábrico. Me sorprendieron las numerosas edificaciones de Pechón, aunque es algo cada vez más corriente en los pueblos del litoral montañés. Al atardecer, fotografiamos la playa. La marea estaba bajando y cada vez quedaba más arena al descubierto lo que nos proporcionaba más campo de acción. Nos fuimos cuando ya no llovía y la noche estaba al caer. No obstante, pasamos precipitadamente por el Parque Natural de Oyambre. Mis amigos lo visitarían otro de los días de su estancia en Cantabria. Anteriormente estuvimos, también de paso, en San Vicente de la Barquera. La vista desde el puente (el mismo que intentábamos pasar sin respirar cuando éramos niños. De hacerlo se cumpliría nuestro deseo) ya no es la misma. Se ha perdido, con tanta nueva construcción, aquella panorámica de un pueblo pesquero con personalidad y de abarcables dimensiones.
La jornada, repleta de belleza, finalizó con mis seres queridos, sentados al borde del jardín, como en tantos momentos juntos, hablando de Cuba (mi hermano y mi cuñada acaban de regresar de un viaje por la isla). Todos compartimos pasión por esa joya caribeña, así que estuvimos visitando y repasando, desde el recuerdo, bellos rincones de La Habana, Santiago, Puerto Padre –tan querido para mí-, Holguín, Matanzas, Cayo Largo, Trinidad… Aunque ellos, en su estancia en La Habana, tuvieron la suerte de alojarse en el Hotel Nacional, en el Vedado, uno de los lugares emblemáticos de la “revolución” y ver la actuación de “Buena Vista Social Club”.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Creo que áàs de una vez te lo he dicho...cuando las palabras pueden trasladarme hacia los lugares o las situaciones que describen, estoy frente a un texto de gran valor. Y es lo que me ha acontecido con esta crónica.

¿Será posible revertir la vista hasta los tiempos de antaño? Difícil pero, cuando menos, hay que tratar de contaminar visualmente lo menos posible y eso es algo que sí se puede hacer.

¿Y cuántos de los de Buena Vista Social Club siguen vivos? (ya perdí la cuenta). Saludos afectuosos, de corazón.

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