domingo, 23 de agosto de 2009

DÍAS FAMILIARES A AGRADABLE TEMPERATURA



Cuando he estado varios días con la familia, la despedida es amarga. Se me hace un nudo en la garganta y desaparezco lo antes posible para intentar evitar que se note mi desolación. Entonces es cuando hago un breve análisis de ese tiempo pasado y, siempre, han quedado deberes por hacer. Me gustaría retomar esos días para intentar aprovechar el tiempo al máximo. Aunque, lo cierto es que he estado un par de días con problemas estomacales y ese imprevisto ha cambiado algunos de mis objetivos previstos para mi estancia en Cantabria.
Hoy, sábado, acabo de llegar a Soria para pasar, por motivos profesionales, cuatro días y luego continuar mis vacaciones hasta el veintiuno de septiembre. Por tanto, el tiempo corre a mi favor. Al pasar por Reinosa, el tráfico en dirección contraria, por la autovia, era muy fluido. Nunca antes había visto en dirección a Santander tantos vehículos. Con la finalización del último tramo de autovia, Valladolid está a poco más de dos horas, Palencia a menos de dos y Burgos a hora y media. Se nota que mucha gente viaja para pasar un día de playa y regresar a última hora a su destino. Acabo de ver el telediario y ha salido la primera playa del Sardinero a rebosar. Hace un día estupendo. Desgraciadamente, durante la semana que he estado allí he visto muy poco el sol.
Ahora estoy, de nuevo, inmerso en un calor desacostumbrado en Soria –al menos, tanto tiempo persistente-. Recuerdo que en el viaje de ida a Santander, desde Zamora, salí con treinta y nueve grados. Tan sólo bajó el mercurio, escasos tres grados, a mi paso por Aguilar. En Reinosa, la temperatura ya era de veintidós grados. Al llegar a Santander, veinticuatro. Con quince grados de diferencia, entre origen y destino del viaje, tuve que ponerme un jersey al pisar tierra. Mi familia, con muy poca ropa encima, no daba crédito. Al día siguiente, ya estaba aclimatado y disfrutaba de la benévola temperatura. Hacía varias semanas que no dormía tan bien. Esa primera noche descansé bendiciendo la agradable jornada nocturna -habitual en el Cantábrico, por otra parte-. Repentinamente, me di cuenta que de nuevo me encontraba en casa.

1 comentario:

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

No hay caso...no importa la cantidad de dìas de asueto que tengamos, siempre habràn temas pendientes sin resolver.

Los cambios de temperatura no son menores...y claro, quizàs tu familia no haya entendido el por què llevabas jersey si saber que venìas de la canìcula aùn màs alta. Pero al menos estabas en casa...motivo de relajo.

Saludos afectuosos, de corazòn.