miércoles, 25 de abril de 2007

PREGUNTAS MALINTENCIONADAS



Recorría solitariamente la ciudad y decidí hacer un pequeño receso y al mismo tiempo tomarme una cerveza. Serían las diez de la noche y entré en un bar de Jazz para, además, escuchar buena música. En el local tan solo había dos personas, el camarero y un cliente. Me senté en un taburete moviendo mi cuerpo relajadamente con los compases de una música de saxo muy tranquila, entreteniéndome mirando los adornos del local mientras una maquinita reclamaba mi atención mediante destellos luminosos. La televisión bombardeaba noticias con un volumen adecuado que dejaba escuchar la música de fondo. El otro cliente preguntó al camarero como le había ido su chequeo médico, discerniendo que se trataba de un parroquiano. Con pocas ganas le contestó que tenía el colesterol disparado y que estaba haciendo una dieta especial. –Vaya, se acabaron entonces los chupitos, los callos y los lobos* ¿no?, añadió el cliente. –pues sí, contestó el camarero. Pasó un rato y el cliente volvió a la carga preguntando por algún familiar del barman ingresado en el hospital. Contestó que mal, no evolucionaba tan bien como deseaba. -Entonces se acabaron las fiestas de verano en su casa ¿no es así?, golpeó de nuevo el cliente. -Pues sí, farfulló el camarero. -Y de aquel golpe que recibiste de tu caída en moto, ¿Cómo te va? Ante esta pregunta el camarero abandonó la barra y se sentó de espaldas a nosotros comenzando a jugar en una máquina.

Apuré mi cerveza pensando lo que tienen que aguantar las personas que trabajan cara al público, me parecía increíble que en tan pocos minutos le hubiese endosado esa batería de preguntas malintencionadas, con el consabido resultado negativo de respuesta.

Al poco rato me levanté de la silla para irme, lancé una mirada acusadora al otro cliente y al pasar por detrás del camarero le acaricié la espalda al tiempo que me despedía con un: “que tengas feliz noche”. Parece que la palabra “feliz” hizo que abandonara por unos segundos su distracción, obsequiándome con una cariñosa sonrisa.

*-”Lobo” es un bar de Zamora especializado en pinchos morunos, posiblemente los más sabrosos que he probado.

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