viernes, 27 de abril de 2007

INTEGRISMO CRISTIANO


Nunca voy a misa, gracias a Dios, pero el otro día, por razones familiares, no tuve más remedio que acercarme a la Iglesia. Desde mi última visita las cosas han cambiado poco, lo mismo que la religión católica que parece que ha quedado aparcada en la época medieval.

Asistí al Santo Oficio de la Misa (¿está bien así?) en la Parroquia a la que pertenecen mis suegros, no viene a cuento su nombre. El sacerdote (qué horror por error había puesto sacerdota) que celebraba la Eucaristía (no hay que confundir con “que cara está la vida”) es el párroco, es decir el cura que tiene esa feligresía. Dicho párroco, no hace mucho, enviaba correspondencia a mis suegros. En esas misivas se refería a qué hacía muchas semanas que no les veía por la Iglesia, y que como bien sabían era precepto, y en el supuesto de no cumplir con la Eucaristía (no confundir con…) cometían pecado.

Pues bien, siguiendo con la misa, cuando el sacerdote llegó a la Homilía, esos razonamientos sacados de los padres y doctores de la Iglesia Católica, nos dió un mitin, (aprovechando que hablaba de que nosotros no mandamos en la vida, Dios es el que tiene el poder) haciendo referencia al aborto y a la homosexualidad. No daba crédito, aunque cuando alguien envía cartas amenazantes a personas de edad avanzada, uno puede esperarse cualquier cosa.
Más tarde lo comenté con un amigo que también asistió al mitin-oficio, ambos coincidíamos en la crueldad con que el cura había tratado temas tan eminentemente íntimos, y nada tenían que ver en un asunto tan delicado como era el funeral que estaba celebrando.

Lo malo de estos integristas cristianos es que ponen la pólvora de la palabra en oídos de sus feligreses. No me extraña que todas las guerras sean generadas por las religiones, esto no cambia, pero en cierta medida es mejor así, tenemos más fundamentos para despreciarlos.

1 comentario:

Rukaegos dijo...

¿De qué te asombras? La desvergüenza de esos energúmenos que se creen tocados por el dedo de un dios que, de existir, seguro que abomina de cuanto dicen en su nombre, no tiene límites.

Hipócritas, sepulcros blanqueados que siempre tienen indulgencia consigo mismos y fuego para quienes no se someten a su dictadura moral (hoy ya parte de un pasado bien oscuro), no se resignan a perder el dominio sobre las conciencias que una vez tuvieron.

Pura carroña. Pero incidentes como el que mencionas son lamentablemente frecuentes. Ufff, de hecho parece que nos van a mandar de obispo a Santander al pavo ese que escribió una carta pastoral acusando de fementidos traidores a la patria a cuantos votaban a la izquierda.

Dios nos coja confesados, jejejeje.