martes, 10 de junio de 2008

GASOLINA


Este próximo fin de semana viajo a Santander. ayer me acerqué a la gasolinera a llenar el depósito no vaya a ser que la huelga del transporte me amargue el desplazamiento. Tal y como está el depósito de mi coche en este momento, lleno, tengo diesel para ir y venir sin problema.
Siempre que puedo voy a una gasolinera que está considerada entre las más baratas del país. Al estar en un centro comercial, en las afueras de la ciudad, siempre he creído que su horario coincidía con la apertura y el cierre del comercio pero el poste que anuncia la gasolinera contiene un letrerito que indica: “abierto 24 horas”.
Una vez allí coloqué mi automóvil al lado de una manguera de uno de los expendedores del preciado líquido. El operador cambiaba, en ese preciso momento, los precios de cada uno de los productos (por supuesto más caros). Me indicó que todavía estaba cerrado. Pensé: ya empezamos con problemas. Le hablé del indicador de la carretera “abierto las 24 horas” y me contestó con una sonrisa (siempre se agradece y sirve para bajar las armas) que, efectivamente, se trataba del expendedor del fondo que funcionaba con tarjeta. Le agradecí la información y aparqué mi coche detrás del que utilizaba el servicio en ese momento. Se trataba de una chica y parecía que tenía problemas con el callado servidor. Se acercó y me preguntó si sabía cómo se utilizaba. Le dije que no era la persona indicada, siempre tengo problemas con los surtidores y las tarjetas, creo que nunca he podido utilizarlos. No obstante, cortésmente, le ayude. No tuvimos problema. Nos despedimos e inicié la operación para autoservirme. Acercar el vehiculo, parar, ponerme el guante de plástico, abrir con llave la tapa del deposito, dejar la llave colocada en la ranura al efecto, quitarme el guante, sacar la tarjeta de mi billetera, indicar la opción diesel, colocar la cifra económica que deseo servirme, introducir el código de la tarjeta y… esperar. Al momento: SU TARJETA NO PUEDE LEERSE. Así que paciencia, comencemos de nuevo, introducir la tarjeta, indicar la opción diesel, colocar la cifra económica que deseo servirme, introducir el código de la tarjeta y… esperar. De nuevo la misma indicación: SU TARJETA NO PUEDE LEERSE.
Maldigo mi suerte y veo que a mi lado ya pueden autoservirse de manera normal (si puede llamarse normal que tengas que valerte tú) los clientes. Sonrío, cambio mi coche de situación, quito la llave, me coloco el guante, abro con llave la tapa del deposito, dejo la llave colocada en la ranura al efecto, descuelgo la manguera y al rato mi deposito está lleno, aleluya. Pago en la taquilla al efecto y el amable operador me pregunta por los problemas. Le indiqué mis inconvenientes con las tarjetas y me contestó que los lectores son tremendamente delicados, en el momento que la tarjeta está algo rayada la desechan. Curiosamente pagué con la misma tarjeta y salí de allí de estampida. A no ser que tenga una necesidad urgente no volveré a acercarme a un lugar dónde no acepten mis tarjetas.

1 comentario:

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

Será Ley de Murphy o qué, pero siempre que se necesita echar combustible a los vehículos y se quiere pagar con tarjeta de crédito, el sistema está funcionando mal o derechamente no funciona.

Tenemos nuestras expendedoras donde nos manejamos con ciertos plásticos y ya nos conocen...al menos, en algo se supera el problema. Saludos cordiales.