martes, 10 de julio de 2007

BLADE RUNNER



“El montaje del director” , una versión de Blade Runner según la idea original de su director Ridley Scout, eliminaba la narración en off de Rick Deckard (Harrison Ford), añadía una secuencia onírica con un unicornio y suprimía el final feliz, tras un test de pantalla, por la productora.

No suelen gustarme las películas de ciencia ficción, aunque en su momento, hablo de hace muchos años, contemplé la proyección original de Blade Runner. Veinte años después, y por indicación de ese portento de mujer que es Ana de la Robla, la he vuelto a ver y ciertamente he disfrutado mucho. Demuestra que la ciencia ficción no es un género menor, que la vida, el amor y la muerte son temas apasionantes, naturales y verdaderos, aunque la historia se produzca ciertamente del revés.

Todos los fotogramas, sin excepción, son apasionantes y con una belleza plástica digna de mención. Resaltar tres escenas. La primera cuando la chica de la serpiente se pierde, tras ser tiroteada por Rick, en una cortina de cristales rotos, con una plasticidad y fotografía dignas de una obra maestra. La segunda, cuando se produce el primer contacto entre Rick (Harrison) y la chica de sensuales labios rojos. Y la tercera y última, en la escena en la que Rutger Hauer le dice a Ford: “Es duro el miedo ¿verdad?, en eso consiste ser esclavo”.

Como en todas las historias de honrados y malvados al final “las lágrimas se pierden en la lluvia”… y por cierto, vaya final.

1 comentario:

ANA DE LA ROBLA dijo...

Interesante esa frase que rescatas... Ciertamente, el miedo y la esclavitud están muy emparentados. Son quizá los dos grandes fantasmas de la sociedad contemporánea; y digo fantasmas porque están ahí, agazapados, sin apenas darnos cuenta, pero ejercen su poder; vaya si lo ejercen.
A mí me pasa como a ti en lo de la ciencia ficción; nunca me han gustado esas películas, salvo dos o tres títulos gloriosos. Y Blade Runner, sin duda, se encuentra entre ellos, aun a pesar de Harrison Ford. Sin contar con que sobrelleva muy bien el paso del tiempo. Porque al final, las angustias (y las miserias) del Hombre son las mismas en cualquier tiempo y lugar; ya lo dijo Tucídides hace un "porrón" de años.
Un beso grande. Y gracias, siempre gracias.