sábado, 28 de julio de 2007

FIB 2007 (Festival Internacional de Benicàssim)


Tras los problemas descritos en un post anterior (Policía y terrorismo) accedí al recinto. Una vez dentro todo se olvida y la música, ese invento celestial, recupera el protagonismo que merece. Este ha sido el cuarto año que he acudido al FIB (Festival Internacional de Benicàssim) y he de resaltar que, edición tras edición, va consolidándose y mejorando en cuanto a calidad de los grupos y asistencia. Aunque este año se le ha criticado por haber sido más retro que en anteriores festivales.

Benicàssim es un calidoscopio visual, una anárquica colección de diseño y moda, una visión supuestamente real de lo que son los jóvenes. Yo, que no soy tan joven en edad, aunque lo sigo siendo espiritualmente, la burda ilusión de los que ya perdimos ese emocionante estado, me convierto en fiber por culpa de la música “indie”, con la me he educado y con la que intentaré seguir conviviendo y existiendo.

Además hacía dos ediciones que faltaba y he apreciado algunas diferencias en cuanto a ediciones anteriores. El FIB se ha hecho mayor de edad… y los años, como el buen vino, se notan agradablemente. Todo está más controlado, más organizado. Hay más zona verde. Se ha incorporado un “humedal” al espacio Red Bull. Se ha cambiado la ubicación de las casetas de venta de productos. Se ha agrandado el “Escenario verde”. Los asistentes son pacíficos y respetuosos.

Todo esto se ha convertido en un gran negocio. Por la XIII edición han desfilado más de 150.000 asistentes, más de 3.000 periodistas acreditados (casi la mitad extranjeros) y el municipio, que en sus primeros años no veía con buenos ojos la “invasión”, ahora está encantado. Cuando llegas a Benicàssim lo primero que te llama la atención son las colas, sobre todo en los cajeros automáticos de las entidades bancarias. Los hipermercados no dan abasto, los bares están abarrotados… a este paso los hermanos Morán, Miguel y Jose, directores del FIB, se convertirán en hijos predilectos del lugar. No es para menos.

La emoción colectiva, hablando ya de lo referente a la música, llegó con Artic Monkeys. Los de Sheffield se convirtieron, apoyados por sus compatriotas (casi el 50% de los asistentes son británicos), en las estrellas de esta clausurada XIII edición, con permiso de Iggy & The Stooges y Wilco.
Al margen de los triunfadores “oficiales” siempre elijo el grupo revelación. En años anteriores me causaron una favorable impresión, a modo de descubrimiento, The Delgados y Scissors Sister. Este año ha sido el crooner jazzero noruego Sondre Lerche.

En definitiva, un gran cartel y una extraordinaria organización, que convierten al FIB en el Glastonbury del sur de Europa.

Hasta el año que viene.

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