sábado, 28 de julio de 2007

POLICÍA Y TERRORISMO


Comentaba el otro día, en este mismo espacio, la tensión que se advertía en Santander debido a la aparición de un presunto miembro de ETA en la estación de autobuses. Escribía, a modo de corroboración, el compañero de blog Javier Menéndez Llamazares, que la policía, más que tranquilizar muchas veces alarma. Eso mismo me ha pasado estos días en la Costa del Azahar, la zona costera de la provincia de Castellón. Semanas atrás, en un control rutinario de policía, concretamente en el municipio de Torreblanca, un individuo abandonó el taxi donde viajaba olvidando en el maletero una mochila con artefactos explosivos, al parecer muy antiguos, similares a los utilizados por la banda a finales de los ochenta. Según el taxista cuando recogió al sujeto en Castellón iba acompañado de otra persona. Se dirigía a tarragona.
Todo esto ha provocado que se haya desplegado por aquella zona, más concretamente en la N-340, el mayor despliegue policial conocido en la historia de la provincia de Castellón.
El pasado sábado día 21 de julio me encontraba en la carretera nacional 340. Me dirigía desde la provincia de Tarragona a Benicassim para acudir al Festival Internacional de música “indie” (independiente). Continuos controles policiales, coches patrulla camuflados en caminos... una situación que producía en los conductores incertidumbre, angustia y nerviosismo. Iba a cincuenta por hora y de repente un coche de la Guardía Cívil, con todas las luces encendidas y la sirena a gran volumen, se dirigió al automóvil que justo estaba delante de mi ¡qué susto! Era un coche con matricula de Bilbao. Seguramente iría también a Benicassim, pero siendo de Bilbao se puede sacar más tajada, hay más probabilidad de que sea un terrorista –según ellos- que otro coche con placas españolas.

Tras el concierto (hablaré en otro post sobre él) regresé sólo al mismo lugar de donde partí, otra vez por la nacional 340. Seguían los mismos controles de policía. En uno de ellos, diez kilómetros antes de Benicarló, me pararon. Con una linterna registraron el interior de mi coche y me indicaron que siguiera. Llegué a mi destino estresado, tirante, rígido, angustiado. Y es que, como dice mi amigo Menéndez Llamazares, la policía más que tranquilizar muchas veces alarma. Pero claro, las elecciones se acercan y hay que tenerlo todo controlado.

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