domingo, 8 de julio de 2007

MARCELO FIGUERAS



Me encanta el blog y la manera de escribir del bonaerense Marcelo Figueras. Guionista junto a Marcelo Piñeyro, de la película Plata Quemada, (Premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000). También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el último Festival de Berlín). Tiene una facilidad para componer que produce envidia. Habla de lo cotidiano, de las cosas que pasan a su alrededor, haciendo literatura de altura.
Hace escasas fechas publicó un post titulado “Tatuajes en el alma”. Marcelo, por lo que he leído, es un melómano empedernido (fanatismo musical que comparto con él). Escribía sobre Lloyd Cole (uno de mis músicos favoritos) y de su canción 29 (también una de mis favoritas) y de otra, magistral, titulada Jennifer, She Said, en donde el protagonista lamenta haberse tatuado ese nombre sobre su piel, sucumbiendo a la pasión de un romance que terminó durando poquito.
Continúa Marcelo diciendo que no es necesario entender el tatuaje de manera literal. El mero hecho de ser joven hace que se tomen decisiones, algunas de las cuales pueden ser tan equivocadas como irreversibles (lo mismo que los tatuajes).
Marcelo viaja con su hija en auto y elige al azar el nievo disco de Cole, Antidepressant. Añade en el articulo, para finalizar, que fue quedándose callado inmerso en sus pensamientos, su hija registro el silencio pero no dijo nada. “Aunque los adultos pretendemos que nuestra piel no dice nada, los hijos conocen de memoria todos nuestros tatuajes. Por fortuna algunos de ellos tienen la delicadeza de fingir que no los ven, hacen de cuenta de que no pueden leerlos, de que la ropa con que intentamos cubrirlos ha cumplido con su cometido. Esa, según entiendo, es una de las formas más perfectas de su amor”.

Desgraciadamente no tengo hijos y, por tanto, no puedo rebatir ni corroborar el argumento de Marcelo, aunque la consumación que publica me parece portentosa.

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