martes, 30 de octubre de 2007

LARS VON TRIER


He estado leyendo un artículo sobre un movimiento cinematográfico llamado Dogma 95 (Dogme 95). En 1995 Lars Von Trier y un grupo de directores, entre ellos Thomas Vinterberg y Soren Kragh-Jacobsen, dieron a conocer un documento en el que planteaban la necesidad de modificar la forma de realizar el relato cinematográfico. Resultando ser el impulso inicial de un movimiento llamado Dogma 95 . Los directores se comprometían a tratar sus películas respetando una serie de normas estrictas a partir de las cuales buscaban, según ellos, encontrar la verdad profunda.

Las películas filmadas de acuerdo a este movimiento deben ser filmadas en escenarios naturales evitando las escenografías armadas en los estudios, con cámara en mano o al hombro, grabada con sonido directo y sin musicalizaciones especiales. Todas estas especificaciones buscan dar a la historia un tono más realista. Ya han sido realizadas algunas películas distribuidas bajo el epígrafe Dogma 95: "Los Idiotas" ("Idioterme") de Lars von Trier, "Celebración" ("Festen") de Thomas Vintenberg, "Mifune" de Søren Kragh-Jacobsen, "Lovers" de Jean-Marc Barr o "The King Is Alive" de Kristian Levring. En España, el director gallego Juan Pinzás es uno de nuestros mayores representantes en el movimiento surgido en Dinamarca.
Dogma 95 se opone la ilusión individual del cine presentando una serie de reglas conocidas como el voto de castidad.

VOTO DE CASTIDAD
Juro someterme a las siguientes redactadas y confirmadas por DOGME 95:
1. Los rodajes tienen que llevarse a cabo en locación. No se puede decorar ni crear un "set". Si un artículo u objeto es necesario para el desarrollo de la historia, se debe buscar una locación donde estén los objetos necesarios.
2. El sonido no puede ser mezclado separadamente de las imágenes o viceversa (la música no debe ser usada, a menos que esta sea grabada en el mismo lugar donde la escena está siendo rodada).
3. Se rodará cámara en mano. Cualquier movimiento o inmovilidad debido a la mano está permitido. (La película no debe tener lugar donde esté la cámara, el rodaje debe tener lugar donde la película tiene lugar).
4. La película tiene que ser en colores. Luz especial o artificial no está permitida (sí la luz no alcanza para rodar una determinada escena, esta debe ser eliminada o, en rigor, se le puede enchufar un foco simple a la cámara).
5. Se prohíben los efectos ópticos y los filtros.
6. La película no puede tener una acción o desarrollo superficial (no pueden haber armas ni pueden ocurrir crímenes en la historia).
7. Se prohíbe la alineación temporal o espacial. (Esto es para corroborar que la película tiene lugar aquí y ahora).
8. No se aceptan películas de género.
9. El formato de la película debe ser de 35 mm.
10. El director no debe aparecer en los títulos de crédito.
Desde ahora en adelante prometo como director no ejercer ningún tipo de gusto personal. Ya no soy un artista. Desde ahora en adelante prometo no crear una "obra", ya que considero que el instante y el ahora son más importantes que todo el producto. Mi meta absoluta es forzar la verdad de mis personajes. Prometo hacerlo a toda costa dentro de mis posibilidades y a costa de cualquier buen gusto estético.
Es por ello que hago mi VOTO DE CASTIDAD
Copenhage, Lunes 13 de marzo de 1995


He rescatado una nota que redacte nada más ver, hace dos años, la película Manderlay.

Lars Von Trier se ha convertido en un director de culto y no es para menos. Tras una impactante Dogville, una atrevida obra de teatro realizada en un decorado, nos trae la segunda parte de una apasionante trilogía: Manderlay, y nos demuestra que la inteligencia sirve para convertir una película en una obra maestra. Trazada en capítulos, con una, acostumbrada, larga duración, cerca de dos horas y media, Lars desmenuza una parte de la historia de América, la esclavitud, trazándola desde la visión actual, tratando de revitalizar la libertad marcando pautas que, según nuestros conceptos, serán los medios para igualar a las personas, sean negros, pobres… pero con los mismos derechos. Bryce Dallas Howard está sensacional en su papel, los decorados son similares que en Dogville, líneas trazadas en el suelo. La cámara en mano es constante, imprimiendo movimiento adecuado en cada secuencia. La voz en off es narrativamente sensacional.
En definitiva una obra maestra con todas sus letras. Esperaré impaciente la tercera parte de esta trilogía que está resultando magistral. Lars Von Traer se ha convertido en uno de mis directores favoritos.

2 comentarios:

C.C.Buxter dijo...

Permíteme que te diga que no tengo en tan buena consideración a Lars von Trier... He de admitir que "Bailando en la oscuridad" me gustó, y que de su filmografía sólo he visto un trozo de "Los idiotas" (no pude más); pero en cuanto al movimiento Dogma se refiere, me parece más marketing publicitario y exquisitez de artista divino (lo que, modernamente, diríamos "algo friky") que otra cosa.

Eso de ir repartiendo, previo pago, títulos de "Dogma" como si fuesen diplomas universitarios... Para mí el cine no es eso, y me parece una prueba de que para el propio Lars von Trier tampoco lo es el hecho de que no siga esos preceptos en todas sus películas. Simplemente, me parece que le gusta ser un provocador, abroncando a periodistas en ruedas de prensa hechas desde su casa por videoconferencia, haciendo planos desencuadrados voluntariamente, rodando una película un sólo día al año...

ANA DE LA ROBLA dijo...

La verdad es que pocos son ya los chicos Dogma que siguen practicando el Dogma. El propio Trier con "El jefe de todo esto" ha echado las patas por alto en una comedia que hay que afrontar con socarronería.
A mí Dogville me gustó mucho, sin embargo me pareció un error la reiteración de artificios en Manderley, por no hablar de las protagonistas: Nicole Kidman, sin ser actriz de mi especial devoción, estaba fantástica en Dogville, frente a una no muy expresiva Bryce Dallas Howard
en Manderley.
Y ya que se menciona al Grupo Dogma, me gustaría romper una lanza por la gran olvidada del grupo: la magnífica directora Susanne Bier, de pulso y sensibilidad extraordinarios.