jueves, 27 de agosto de 2026

DE PASEO POR SANTANDER. 1


Edificio Siboney (calle Castelar) desde Puerto Chico

Hay un par de paseos por la ciudad de Santander que me gusta hacer. El más habitual comienza a la altura del Palacio de Festivales, desciendo desde allí a la “Caseta de Bombas” (un edificio histórico situado junto al dique de Gamazo que ahora es restaurante). Visito, si aún no lo he hecho, la exposición de las Naves de Gamazo, para después acercarme a la nueva playuca “La Fenómeno”. La acumulación de arena en esta zona, conocida como La Fenómeno, junto a los Muelles de San Martín, hace que empiece a considerarse como otra playa más de Santander en el interior de la Bahía, además de la Playa los Peligros, Playa de la Magdalena y Playa de los Bikinis. Desde allí me dirijo al Centro de Alto Rendimiento de la Real Federación Española de Vela y me asomó, de nuevo, a la bahía por la Duna de Zaira, construida en 2014 con motivo de la celebración del Campeonato del Mundo de Vela. Se encuentra frente al Dique de Gamazo. Luego, Puerto Chico, contemplando en la calle Castelar los edificios modernistas Siboney y Vitalicio, de la primera mitad del siglo XX, entre otros. Al igual que el Paseo de Pereda, es una de las zonas más fotografiadas de Santander, por las vistas de la bahía y las montañas que la rodean tanto en días soleados como en los de viento sur. Curiosamente, con viento sur, en el Paseo de Pereda, continuación de Castelar hacia el centro de la ciudad, los portales históricos guardan placas que indican "En caso de viento sur, entrar por Hernán Cortés" ( por la calle trasera paralela). Muchos días de invierno el viento sopla con gran fuerza desde la bahía y al abrir los portales la fuerza del viento crea una succión que impide cerrar las puertas. Pasando Puerto Chico y el Real Club Marítimo de Santander, nos encontramos con la escultura de Pepe Hierro, primero, y de Los Raqueros, después. Se trataba de niños y niñas pobres que se lanzaban a por las monedas que les tiraban al mar los ciudadanos más acaudalados. Para ellos era un mero pasatiempo, para los pobres una de las pocas maneras de conseguir dinero para llevarse algo a la boca.  El nombre de los raqueros se deriva del apelativo aportado por los tripulantes y pasajeros de los barcos ingleses en los que robaban, pronunciado castellanizado como RAQUER (wrecker).                 


                                                                                                                                           ...Continuará


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