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SUMERGIRSE BAJO LA PIEL DEL OCÉANO

Foto: Centro Botín, Santander He estado visitando las últimas exposiciones del Centro Botín. Ciertamente no me atraían demasiado, pero el arte, cualquier tipo de disciplina, hay que valorarlo personalmente para luego tener una opinión precisa y particular. Una de las salas recoge la primera exposición en España de la norteamericana Ellen Gallagher with Edgar Cleijne: A law… a blueprint… a scale   incluyendo pinturas, obras sobre papel y tres instalaciones fílmicas creadas en colaboración con el artista neerlandés Edgar Cleijne.   Según recoge la web del Centro Botín “la exposición invita al visitante a sumergirse bajo la piel del océano  en un recorrido inmersivo que explora cuestiones sobre la raza, la identidad y la transformación a través de temas como la abstracción modernista y la biología marina”. Otra sala recoge   “Itinerarios” que  es una exposición anual que muestra los trabajos de los ocho artistas que fueron seleccionados en la última convocatoria de Becas de Artes Plástica
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NOS SENTIMOS VULNERABLES

Estoy leyendo un libro sobre la Segunda Guerra mundial y todas las consecuencias que vivió la población durante esa pesadilla. Y, claro, no dejó de pensar en las penalidades y atrocidades que está viviendo la población ucraniana atacada constantemente por la artillería rusa. Volvemos a la esencia de la brutalidad del género humano que, anteriormente, marcaron Hitler o Stalin y ahora copia Putin, todo por un afán   de seres narcisistas que ansían el poder personal por encima de los intereses de los habitantes de su país. Por desgracia, la guerra degenera a las personas y los hace más herméticos y egoístas, todo ello marcado por el sentido estricto de la supervivencia más radical. En esos casos tan extremos nos sentimos vulnerables. La historia de la humanidad siempre ha estado marcada por esos episodios violentos. El problema es que siempre paga las consecuencias la población civil que, poco o nada, suele tener que ver con el conflicto. En las guerras, siempre me preocupan los niños, es

NOS HAN ROBADO EL OPTIMISMO

Kiev. Foto: Eldiario.es   Esta mañana, cuando he ido a comprar el periódico, he rememorado aquellos domingos de hace ya dos años. Entonces, tras comprar el periódico, daba una vuelta a la manzana para pasear cerca de dos kilómetros siempre próximo a mi hogar. Eso no estaba permitido debido al confinamiento pero siempre buscaba lugares que podían ser cómplices si la policía me pedía explicaciones. Paseaba cerca de establecimientos en los que vendían pan o prensa diaria. Hoy lo he vuelto a hacer, ya sin restricciones, y con la mascarilla anudada a mi codo derecho, y he comprobado que en mi corto recorrido poco han cambiado las cosas en estos últimos veinticuatro meses. Las mismas calles, las mismas ventanas, aunque ya han desaparecido los carteles con frases optimistas que se divisaban desde la acera, los vecinos paseando a sus mascotas y la odiosa música, con canciones alegres y ruidosas, que procedía de un ático para intentar levantar el ánimo a los escondidos habitantes de una ciudad

GUERRA EN UCRANIA ¿Hasta cuándo?

Mientras caían las primeras bombas en Ucrania yo alejaba mi mente de ese terror que supone la guerra para guarecerme lo más cerca posible del mar. Paseaba  rápido y no se me iba de la cabeza lo que tuvieron que sufrir mis abuelos en la guerra civil española. Recuerdo conversaciones de mi abuela al respecto sobre sus vecinos y amigos que desaparecían de forma misteriosa en camiones repletos de personas. Sin embargo a ellos, a mis abuelos y sus cuatro hijos, nunca se los llevaron. Supongo que era porque ellos sentían desinterés por la política y, además, eran prácticamente analfabetos, tan solo sabían leer, escribir y conocían las cuatro reglas matemáticas básicas, pero también eran buenos vecinos que intentaban ayudar, a pesar de todas las adversidades que uno puede suponer e incluso muchas más que ni imaginamos en el momento actual. Su mayor problema en aquella coyuntura era que el hermano de mi abuela era capitán de la CNT, del bando que luchaba contra los nacionales, - Al comienz

NO A LA GUERRA

 

TRIÁNGULO DE ORO

TRIÁNGULO DE ORO (Tailandia, Myanmar - antigua Birmania- y Laos) Estaba viendo un programa en televisión de Michael Portillo, ese tipo que viste de manera colorida y extravagante, que viaja por el mundo en tren y que pudo ser “Prime Minister”. Fue miembro del gobierno de Margaret Thatcher y, ahora, con una vieja guía de viajes “Bradshaw”, publicada por W.J. Adams entre 1839 y 1961, visita el mundo en ferrocarril. En dicho programa, el expolítico conservador, de origen escocés y padre español, se subió al ferrocarril de la Reunificación de Vietnam para realizar un viaje de 1000 millas desde Ho Chi Minh hasta la capital Hanoi. Y, en un determinado momento, apareció el recorrido del viaje en un mapa y en un punto de dicho plano pude ver el famoso “Golden Triangle” que forma las fronteras naturales de Tailandia, Myanmar y Laos sobre el río Mekong. Esa visión del famoso punto, que pude visitar en 1997, viajando desde Chiang Mai hasta Sop Ruak, el pueblo tailandés donde justamente desemboca

CUENTO DE NAVIDAD

“Todas las guerras se libran dos veces, la primera en el campo de batalla y la segunda en el recuerdo”. VIET THANH NGUYEN Cuando regresaba a casa después de contemplar el Duero desde lo alto, plácido y de un gris lánguido, al pasar por el edificio del Consejo Consultivo, vi que se anunciaba en su interior una muestra de restos arqueológicos para los visitantes, de forma permanente, con los hallazgos   aparecidos durante la excavación del solar que ocupa dicho Consejo Consultivo de Castilla y León, en la plaza de la Catedral de Zamora. Ya había visitado en otra ocasión lo relativo a los restos arqueológicos (muy interesante) pero me llamó la atención cómo habían titulado la muestra, nada más y nada menos que “En busca del tiempo perdido”. Y, aunque todo esto   no tiene nada que ver con la novela de Proust, al igual que en la memoria del narrador   me trasladó   a   la época de las navidades en la que era niño y adolescente, cuando en Santander, durante el invierno, llovía intensamente d