El álbum viene acompañado de un documental dirigido por el aclamado cineasta noruego Per Manning, que captura el proceso, los entornos y las relaciones que hay detrás de la música, e inspira el universo visual del proyecto.
Mientras lo escucho leo los títulos de sus temas: Bangkok; Rome; Düsseldorf; London; Copenhagen; Amsterdam; Berlin; München… y viajo con el sonido de cada uno a las ciudades que conozco.
- Bangkok, me sorprendió su alto nivel económico, sus calles plagadas de triciclos motorizado de tres ruedas (tuk tuk) que funcionan como taxi y medio de transporte popular, los centros comerciales interiores, la rica y variada comida, el río principal Chao Phraya, el cual funciona como una verdadera autopista acuática (se puede recorrer usando el Chao Phraya Express Boat, cuyos barcos públicos operan por líneas identificadas con banderas de colores), la magia de los mercados nocturnos donde puedes comprar y hacer de todo. El barullo continuo las veinticuatro horas del día.
- Roma, “la Ciudad Eterna” es un museo al aire libre donde conviven 3000 años de historia con la vida moderna. Atardeceres idílicos, barrios para perderse, plazas llenas de vida. Su magia es inabarcable, por muchas veces que regreses siempre hay algo que te sorprende. Me gusta mucho su luz y los colores de los edificios, pasear sin prisa por el Tiber, el Trastevere, cualquier calle o plaza animada (Vía Condotti, Plaza de España, Vía del Corso...). El Panteón me impactó, también los Museos Vaticanos, a pesar de la masificación humana.
- Londres, es una de mis ciudades europeas favoritas, el arte y la música siempre son pilares vitales de Londres. En Covent Garden puedo pasar horas escuchando música y disfrutando del ambiente siempre festivo y jovial. Me encanta tomar una copa por la noche en el Soho y perderme por Camdem Town con su experiencia definitiva en arte urbano alternativo, pubs victorianos y mercados musicales. Subir a un Double- Decker y hacer la Ruta 24 (que te lleva a Camden y Soho) y la Ruta 11 (que va hacia Shoreditch). Comer Fish and Chips (pescado rebozado con patatas y puré de guisantes), los Pies (pasteles de carne hojaldrados) y, si es domingo, el tradicional Sunday Roast (carne asada con verduras y pudding de Yorkshire) con una pinta de John Smith's Extra Smooth, bien tirada.
- Amsterdam. Solamente he estado una vez, nos alojamos en el centro de la ciudad (Mercado de las Flores) e íbamos caminando a casi todos los sitios. Me gustó la baja luz nocturna, la marcha nocturna en varias plazas de la ciudad, los barcos vivienda en todos los canales, el Rijksmuseum, el patio oculto de Begijnhof, tomar una cerveza en el Café 't Smalle (Egelantiersgracht 12), pintoresca esquina de Ámsterdam y dejarte perder por calles repletas de bicicletas y canales con pintorescas embarcaciones que son viviendas (woonboten), algunas visitables y otras que son bares o restaurantes.
- Munich. La última ciudad europea que he visitado, concretamente a finales de 2025. Escribí todo esto:
Desayuno solo en una mesa del restaurante del hotel junto a japoneses y americanos. Los japoneses son menudos y los americanos altos y musculados (solo hombres, algo que me hace pensar). Cuando termino de desayunar salgo a la calle para dar el último paseo por la ciudad, que tanto me gusta cuando abandono un país. Reflexiono y hago balance de esta última semana en Baviera. Por mi mente pasan decenas de recuerdos fotográficos de algunos de los pueblos y lugares que he visitado. El estado libre de Baviera es un lugar entrañable, diría que hasta poético. Verde, con multitud de ríos. El otoño ya instalado en todos los lugares, los Alpes tan inmensos. Es temprano, no llega a las ocho, y por la avenida por la que paseo, en paralelo hay un carril bici por donde circulan multitud de bicicletas, con esos carritos donde transportan a los niños. Todos ellos van al colegio. La calle está cubierta de hojas y los árboles permanecen otoñales, con colores ocres y rojizos majestuosos. De vez en cuando desprenden una lluvia de hojas. El Lidl y el Riwe, que se encuentran en este barrio donde me hospedo, ya están abiertos y los clientes se mueven por el interior frenéticamente, hay mucha actividad. Sin embargo, no hay demasiados coches y si muchas bicicletas y patinetes. Aquí, en Alemania, la matrícula de los coches eléctricos acaba en E. Compruebo qué, aproximadamente, de cada diez vehículos uno es eléctrico, el Estado subvenciona la compra de los coches eléctricos, creo que con 9000 € a cada individuo que adquiere uno de esos vehículos ecológicos.
Baviera me ha marcado, no sé si volveré, pero queda instalada en mis recuerdos para siempre. De nuevo me dirijo al Hotel, ya no circulan tantas bicicletas y los niños han desaparecido, seguramente entran a las ocho de la mañana y en este momento son las ocho y cinco. El barrio de Munich donde me encuentro sigue con actividad. La mayoría de las casitas son unifamiliares y uniformes, guardan la misma estética y la misma altura en ese barrio residencial, pero se ve de alto standing. Munich, al igual que otras ciudades alemanas, cuando cae la noche las farolas iluminan poco y no son demasiado numerosas, a esas horas nocturnas se aprecia en los hogares una luz muy tenue, una luz escasa y apagada. Aquí los ciudadanos respetan el medio ambiente y no consumen demasiada energía. La educación es muy distinta, pero marca tendencia en la ciudadanía. A un lado de la calle por donde paseo aparece un Woolworf, una cadena que estuvo instalada en Santander, concretamente en la calle Lealtad, donde vine al mundo, y que luego desapareció para convertirse con el tiempo en Zara. Un perrito lanudo de aguas pasea con su dueña, de repente me mira y quiere acompañarme, su dueña le da un tirón de cadena para que vuelva junto a ella. Hay muchos hoteles en esta zona y los conductores de los autobuses se afanan en limpiarlos para recoger a sus clientes, como he dicho abundan asiáticos, americanos y también otros turistas de lengua inglesa, se ven muchos españoles también.. A diferencia de España los semáforos emiten una especie de croar de rana, no ese pitido intenso que aparece en los de España. Cuando llego a mi habitación una ardilla de color rojizo busca alimentos en la zona ajardina del hotel, se desplaza a saltitos. Esa visión es mi mejor despedida de Alemania.
Era la segunda vez que visitaba Alemania, en un plazo de pocos meses. Primero estuve en Friburgo de Brisgovia (Baden-Wurtemberg), una animada ciudad universitaria ubicada en el sudoeste de la Selva Negra y, además, visitando los mercadillos navideños. Es famosa por su clima templado y por su casco antiguo medieval reconstruido (después de la guerra), atravesado por arroyuelos pintorescos (bächle). Con alrededor de 231.195 habitantes, se trata de la cuarta ciudad más poblada del estado, por detrás de Stuttgart, su capital, Mannheim, Karlsruhe. Me encantó la ciudad. Llegué de noche y quedé impresionado por la luz mortecina de las calles que rodean la ciudad para llegar al centro. Recuerdo que desde el autobús contemplaba los hogares iluminados tenuemente y sin cortinas ni persianas. Todo me hacia recordar cualquiera de las películas que había visto sobre aquel triste movimiento político totalitario, pangermanista y racista del Tercer Reich alemán. Obviamente, contemplaba barrios próximos a la ciudad de arquitectura de aquella época.
Ahora estaba descubriendo otra belleza de estado federal (Land), Baviera, (o Bayern, en alemán), es uno de los estados federados de Alemania que está ubicado en la parte sureste del país, es el de mayor extensión en todo Alemania y limita con Hesse, Sajonia y Turingia, además de Austria y República Checa. Su capital es Múnich.
Gran parte del Sur de Baviera culturalmente está más influenciado por Austria y Suiza que con el resto de Alemania. Baviera es el destino turístico más popular de Alemania. Además es sede central de múltiples empresas importantes como Audi, BMW, Siemens AG, MAN AG, Puma y Adidas.







