Estoy acabando de leer "Despedidas”, del novelista británico Julian Barnes, y en uno de los capítulos se refiere a como en su época universitaria él y sus compañeros de piso tostaban pan para camuflar el perfume de una chica que visitaba, sin permiso, su habitación. En la literatura, el ejemplo clásico de los olores que evocan el tiempo pasado es el famoso episodio de la "magdalena" de Marcel Proust. El olor y el sabor de este dulce sumergen al protagonista en su infancia de manera involuntaria.
Los olores de nuestra infancia nos traen grandes oleadas nostálgicas, pero mientras lo leía pensaba en los que pudieran ser olores con recuerdos personales del paso de tiempo. Me costó encontrar uno y fue el que rememoraba las cenas con mis abuelos. Ellos tenían carencias económicas y solíamos cenar una sopa Knorr de verduras en sobre, lista para cocinar en pocos minutos desprendiendo un aroma muy peculiar que me quedó marcado para siempre. Mi abuelo la solía acompañar de uno de esos arenques que se vendían en cajas redondas de madera y que se solían colocar en el mostrador de los "ultramarinos" y eran consumidos por las clases menos desfavorecidas, puesto que eran relativamente baratos. Mi abuelo los presionaba contra la puerta de la cocina con un papel de estraza para quitarle la piel y luego comérselo en un sustancioso bocadillo. Yo intenté consumirlos, pero tenían un sabor demasiado fuerte para un niño. Mi abuela y yo complementábamos la cena con una lata de sardinas que compartíamos, un huevo cocido, un filete de lomo con patatas o una tortilla francesa.
Al día siguiente, como por arte de magia, mientras seguía leyendo el libro en la playa, me vino un fuerte olor a “caloca” (nombre popular que recibe en Cantabria un tipo de alga roja marina del género Gelidium que las corrientes marinas y los temporales la arrancan del fondo del mar, arrastrándola hasta las playas en grandes acumulaciones llamadas "arribazones", donde los recolectores locales la recogen a paladas o con redes. De la “caloca” se extrae el Agar-agar que es considerada el "oro rojo del Cantábrico" porque posee una altísima capacidad gelificante) y esa fragancia me sumió de lleno en mi infancia y adolescencia de una manera un tanto inesperada pero efectiva, sin duda el olor que siempre recordará mi infancia en la playa de la isla de la Virgen del Mar.







