La última vez que me emocioné.
Santander, FIS 2026, 7 de agosto. Trifonov.
La última vez que me emocioné.
Santander, FIS 2026, 7 de agosto. Trifonov.
DAVID CHIPPERFIELD ARCHITECTS convierte la antigua sede del banco de Santander en un espectacular museo de diez plantas.
El histórico Edificio Pereda se transforma en Faro Santander, un centro cultural de 10.000 metros cuadrados. Abrirá sus puertas el 8 de septiembre frente a la bahía de la ciudad de Santander.
Faro Santander será también la nueva sede de la Colección Banco Santander, compuesta por alrededor de 1.200 obras que abarcan diferentes periodos de la historia del arte. Parte de estas piezas ya estuvo vinculada durante décadas al Edificio Pereda, aunque hasta ahora no podía contemplarse en un espacio museístico abierto de manera habitual al público.
Junto a la colección permanente, el centro organizará exposiciones temporales. Una de las muestras con las que iniciará su programación estará dedicada a Leonora Carrington y al trabajo que desarrolló durante su estancia en Santander a comienzos de la década de 1940. Entre las piezas anunciadas se encuentra Villa Pilar, una obra inédita de la artista surrealista.
"La princesa Pamina ha sido capturada. Su madre, la Reina de la Noche, pide al príncipe Tamino que rescate a su hija. Pero cuando Tamino y su secuaz Papageno inician su aventura, no tardarán en darse cuenta de que en la búsqueda del amor las apariencias engañan. Guiados por una flauta mágica, se encontrarán con monstruos, villanos y una misteriosa hermandad masculina. Pero la ayuda, como descubrirán, aparece cuando uno menos se lo espera".
Fuimos ocho familiares a ver “La flauta mágica” (segunda función) dentro de la programación 2026 del FIS en su 75 aniversario. Me perdí, por diversas razones, la retransmisión en directo desde “The Royal Ballet & Opera” que programaron algunas salas de cine el pasado 21 de abril, pero mi cuñado, que vino ex profeso para la representación en Santander y es directivo de una agrupación musical en Zamora, tuvo la suerte de ver aquella ópera y esperamos la salida del Palacio de Festivales de Santander para escuchar su opinión contrastada.
He leído varias críticas de profesionales sobre la famosa producción de La flauta mágica de Mozart en el FIS y, prácticamente, estoy de acuerdo con todas ellas. Kathryn Lewek estuvo imponente en sus dos grandes arias. La dirección de David Afkham garantizó el equilibrio necesario entre las voces y el foso. La joven Orquesta Freixenet tuvo un sonido ejemplar y la recién creada Academia Vocal de Cantabria estuvo al nivel que se pretendía en su colaboración. El resto del reparto estuvo brillante, con Selig impresionante (y muy aplaudido); Pogorelc (Pamina); Platt (papageno), incluidas las Tres Damas y las Tres Niñas.
Nada tuvo que ver la más convencional “La Flauta Mágica” santanderina con la londinense. La de The Royal Ballet & Opera fue más clásica y la del FIS de Villazón tuvo la presencia permanente del compositor en el escenario. Mozart fue, por tanto, el centro de la acción, culminando con la
Lacrimosa del Réquiem limitando la partitura original.
Hubiera preferido ver la más convencional, pero, ciertamente, la obra caló profundamente en los espectadores. Mis dos jovenes sobrinos, que acudían a su primera ópera, salieron encantados. Si esos cambios sirven para atraer a personas jovenes a la ópera, en particular, y a la música clásica, en general, bienvenidos sean.
Vi la película por recomendación y me decepcionó mucho. Una historia sobre la música con un fondo muy plano: chico conoce chica y se enamora, sin embargo ella tiene un hijo y está casada… Tremendamente aburrida, y obvia, con letras de músicas de amores profundos. Sencilla y pueril, nunca entenderé como se puede valorar con más de un 7 en FilmAffinity. El protagonista es especialmente insustancial, me he pasado la película preguntándome como un personaje así puede protagonizar una película. Puedo llegar a entender su valor a nivel musical y lo que pretende transmitir con ello, pero definitivamente no merece la pena.
Puntuación: 4/10
Ópera prima de una historia que comienza en unas marismas remotas de Irak (infancia del director) durante la guerra del Golfo, que significa luchar por la vida en un clima de embargo, guerra y miseria. Una película diferente con una temática que nos traslada al Irak de Saddam Husein de los años noventa.
La película se presenta como un drama político honesto y humano, que mediante una historia sencilla, retrata la dureza de un sistema totalitario, confiando en la capacidad del espectador para comprender cómo el control del poder puede llegar incluso a los aspectos más íntimos de la vida. La fotografía es impecable y transmite sensaciones que permanecen en la memoria al finalizar la película.
A la protagonista, Lamia, un día en el colegio le toca por sorteo hacer una tarta para el cumpleaños de Saddam Husein. A través de este simple acontecimiento, Hadi nos presenta un relato conmovedor de como la niña deberá superar una serie de pruebas para alcanzar el objetivo. Ante la escasez total de alimentos, la niña emprende un viaje desesperado por Bagdad para conseguir los ingredientes (harina, huevos y azúcar), vendiendo el reloj de su padre para financiarlos. Durante su odisea, se une a su amigo Saeed, quien debe recolectar fruta para la misma celebración. Esa "aventura", que significa la búsqueda de alimentos en un país asolado por las restricciones impuestas por Estados Unidos es el eje central del film, demostrando que la actuación de Baneen Ahmad Nayyef es el elemento central de la película, sus miradas y silencios reflejan la manera de enfrentar el régimen, ofreciendo una naturalidad en la interpretación sorprendentemente madura.
Una película que te deja huella y que te es difícil olvidar.
Puntuación: 7/10
La última vez que me emocioné. Santander, FIS 2026, 7 de agosto. Trifonov.