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Mostrando entradas de septiembre, 2011

FORMALISMOS Y FORMULISMOS

Foto: Luis López 2011 Estos días  que suponen el retorno a  la vida laboral me he dado de bruces con mis  defectos.  Muchas veces tienen que pasar cosas así para hacer una valoración exacta  de lo que tenemos, de lo que nos parece nuestro,  de lo que  a veces abandonamos sin apenas darnos cuenta. No hablo de objetos, de cosas materiales; hablo de sentimientos, de relaciones humanas.  Hay relaciones sociales que son simples protocolos. Me pasa en el trabajo, con muchos de mis compañeros, a los que saludo   por formalismo, ese formulismo que nunca se ha de perder y que se traduce en la más primaria ley de educación. Sin embargo, en el ámbito laboral, aunque ciertamente somos muchas las personas que trabajamos en mi empresa, hay compañer@s que ni siquiera atienden al saludo. A veces, he pensado, que son sordos o que están en el séptimo cielo, pero al ser reiterativo no me queda otra que pensar que son así, maleducados. Much@s responden si tú eres el primero en  saludar, aunque en

ÚLTIMA TARDE DE VERANO

El verano escapa inflexible  en su última tarde de septiembre.  Van desapareciendo los temerosos mosquitos y la luz decrece en horario y fuerza. Las sombras se alargan en la playa y descienda la temperatura. Desgraciadamente, es hora de irse al yermo castellano, al frío  intenso, sin tregua, abandonando el placer de las horas baldías, infructuosas, que tan sólo existen ya en las capas del cerebro que almacenan el placer que supone la realidad inconmovible de esos momentos.  La luna ahora se apresura a ahuyentar  al sol y es tiempo de otoños recién nacidos, muy bellos también en tierras castellanas; no así   la calidez de la amistad mediterránea, incomparable, casi perfecta  en la serenidad del tiempo pasado y siempre recordado. Tiempo de otoño que se apresura en el último día de verano. Nubes revoltosas en el horizonte y barcos iluminados con las últimas luces de un verano en sus horas más bajas.  Otoño hasta el invierno. Invierno turbulento. Todo pasa y, posiblemente, todo quede

ME HE PERDIDO

Me he perdido ¿Es bueno?  No sé. Qué más da. El caso es desconectar de tantos días cargado de responsabilidades. Creo que lo estoy logrando. Escribo ahora  con la necesidad de hacerlo, bajo la luminiscencia de una luna casi llena;  tenues lucecitas de varias velas; algunos mosquitos al acecho y un margarita helado, recién  elaborado,  con el mimo necesario para que resulte agradable. Es domingo, me ha costado asumirlo en la perdida habitual de los días organizados debidamente. Compré churros, tras una dura espera de minutos vacíos y una calidez desmesurada en jornadas previas a ese  otoño  relativo del levante mediterráneo.  Compré, además, El País. No quiero perderme los destellos intensos de Vicent en ese mar proceloso que tan bien describe, de juegos, atardeceres y tiempos pasados atracados en el presente traspasado.  Leí, con el murmullo musical del mar;  la intensidad de la luz de septiembre;, la fiesta surrealista; los calores húmedos;  chocolate denso y churro sumergido, a Vic

MIA GEENSEN- DELNAD (2/marzo/1945- 18/Septiembre/2011)

La artista Mia Delnad  falleció en Peñíscola el pasado 18 de septiembre. Descanse en paz.

MONTMARTRE

La primera vez que estuve en Montmartre tenía 19 años y atravesada una época de responsabilidades muy exigentes para mi edad.  Hacía menos de tres años que había muerto el dictador y, por tanto, mi educación había transcurrido prácticamente entera en esa etapa que, por suerte, ya casi hemos olvidado. París se mostraba espléndida para aquel muchacho que yo era entonces. La libertad se respiraba intensamente, sin fisuras, con nitidez. Viniendo de aquel país tan atrasado en todo, París era el  paradigma. Entonces no hice uso del funicular para acceder al Sacre Coeur, iba en buena compañía y preferimos ir ascendiendo aquellas calles tan bohemias, repletas de terrazas y de músicos que animaban  el espíritu.  Paseando por allí penetraba en mi interior la esencia del París que imaginaba antes de conocerlo.  Íbamos despacio debido a que mi chica se recuperaba de una operación quirúrgica. Descansábamos cada pocos metros de ascenso empinado mientras nos empapábanos de tanta belleza.  En lo alt